— Algo para ti, Pirata, mi hijita.
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No sé cómo comenzar este escrito, solo sé que es doloroso aún recordarte a pesar del amor y cariño.
Entonces, el sol comenzaba a aparecer en el cielo, amaneciendo, luchando con las nubes que trataban de taparlo a toda costa. Nubes, que al parecer estaban cargadas de mis lágrimas.
En eso, empezó a llover.
De un momento a otro.
Sin avisar, con prisa.
Mojando por completo las calles del barrio
Mismos que te vieron caminar, correr y ladrar.
Mismos que observabas desde la ventana de la casa
Casa que te vio nacer y crecer de forma respectiva.