Caminaba descalza por aquellos pasajes de recuerdos que llovían a su mente al pasar por ciertas calles. Recuerdos tantos buenos como malos, siendo así contraste uno del otro. Sintiendo el pasto entre los dedos de su pie haciéndole cosquillas a pesar del dolor generado por la larga caminata.
Sí, debería de descansar, aprovechar la sombra de los árboles de aquel parque, pero no quería. No deseaba parar ningún recuerdo que rondaba por su mente como película.
Porque lo disfrutaba, sin importar cuantas lágrimas recorrieran sus mejillas.