Entre melodías de amor

Capítulo 5

Capítulo 5

Verdades y planes

Mason.

Las gotas de agua se deslizan libremente por mi rostro, unas tras otras. Me miró fijamente en el espejo y puedo detallar los tonos rojizos y morados de algunos hematomas que aún no se van del todo. Por lo menos ya no están tan grandes como hace una semana. Levanto mi camiseta y aún siguen ahí. Hago una mueca de desagrado ante la vista de mi abdomen, bajo la prenda soltando un suspiro de cansancio. Me seco la cara y salgo del baño.

Ya paso una semana del pequeño incidente y, la verdad estoy a nada de lanzarme por la ventana. Camino hasta ella y de nuevo siento la desilusión que he experimentado los últimos días.

Clío no está.

Le doy la espalda a mi ventana, algo resignado. Llueva, truene o granice, ella siempre está dispuesta a tocar una melodía para arreglar los días malos, supongo que esta es una excepción.

Salgo de mi habitación con los ánimos por los suelos. Es momento de retomar mi trabajo y seguir como si no me afectara el hecho de que yo cause que no quiera salir de casa más que para ir a clases y al trabajo. Owen sale al mismo tiempo de su habitación, me observa y finalmente niega.

—Te ves del asco.

—Lo sé. No tienes que recordármelo —me llevo una mano a mi cabello para revolverlo un poco—. Me miro al espejo todos los días y créeme que no me gusta lo que veo.

—¿Ya desayunaste?

—Mis ganas de hacerlo son nulas.

Owen niega y me hace un movimiento con la cabeza para que lo siga.

—Puedo verlo. No estas jodiendome como sueles hacerlo y eso de alguna manera me tranquiliza y preocupa al mismo tiempo —baja las escaleras y yo lo sigo.

Entramos a la cocina. Jalo una silla y me siento en la mesa mientras veo como Owen se pasea por la cocina abriendo y cerrando los gabinetes. Toma un recipiente y vierte unas dos tazas de harina, le pone leche, también parte un huevo, le pone algo de mantequilla y se pone a batir todo.

Se aclara la garganta sonoramente y me lanza unas cuantas miradas fugaces. Lo conozco, quiere decirme algo, pero está buscando la mejor manera de hacerlo.

—Sabes que no soy bueno con las adivinanzas. Así que si vas a decirme algo, solo dilo. No te andes con rodeos.

Da un leve asentimiento y suelta lo que tiene en la mente.

—¿Hablaste con Claire?

La pregunta me sorprende, así que me tomo unos momentos antes de contestar.

—No. ¿Debería?

Owen deja de batir y me mira como si le hubiera hecho la pregunta más estúpida del mundo.

—Sí. No tuvimos mucho tacto al soltar que te gustaba la vecina.

—¿Y eso qué tiene que ver con ella?

El pelinegro suelta la cuchara y alarga su brazo para darme un zape en la cabeza.

—¿A qué se debe eso? —sobo mi cabeza.

—¿Eres tonto o te haces? —Ataca— Veo que Clío no es la única ciega.

Toma de nuevo la cuchara y se pone a batir la mezcla otra vez.

—¿Ciego yo? ¿Por qué?

Se acerca a la alacena y saca una sartén, la pone en el fuego y le unta un poco de mantequilla. Regresa a la mesa por la mezcla y vierte un poco sobre la sartén caliente.

—Es obvio que le gustas.

Lo miro con horror.

—Imposible. No puede ser así.

Me niego a creerlo.

—Me di cuenta de la forma en la que su ánimo decayó cuando Eliot lo dijo y luego tú lo confirmaste —le da vuelta al hotcake y me mira de nuevo—. Rompimos su corazón.

Niego frenéticamente. No puedo, no me lo creo o no quiero creerlo. Si eso es verdad, tal vez todo fue mi culpa. ¿Mande señales que no eran? Joder. Lo que menos quiero es que ella se sienta mal por mi culpa.

Me levanto y comienzo a caminar de un lado al otro, tratando de encontrar una solución.

—¿Y si me mudo a Alaska? —suelto de repente.

Owen pone el hotcake en un plato y vierte otro poco de la mezcla sobre la sartén. Me mira con tanta tranquilidad que me dan ganas de golpearlo. Estoy en medio de una crisis —de la que él tiene la culpa— y solo me mira como si estuviera aburrido con la situación.

Es tu crisis. Tu problema. No los de él.

Ya te estabas tardando en aparecer.

Pensé que ya te estaban comiendo los gusanos, pero estoy aquí. Así que... sorpresa, sorpresa.

Ya que estas aquí, ¿podrías... ya sabes... hacer un plan para resolver esto?

Eso no es asunto mío. Suerte.

—¿Mason? —Owen pasa su mano frente a mi cara, trayéndome de vuelta a la realidad.

—Perdón. Estaba peleando conmigo mismo.

—Okeeey —me da una mirada rara—. Como estoy seguro que no me escuchaste, te decía que si nunca viste a Claire como algo más.

—No. Jamás.

Amo a Claire, pero no de esa forma. Además de ser mi mejor amiga, la considero como una hermana. No puedo verla de otra forma que no sea esa. Sin mencionar que mi corazón está enteramente enamorado de Clío.

Y no, no estoy confundido. Es muy evidente que por ella no siento atracción alguna. Cuando la veo mi corazón no se acelera. No hay mariposas revoloteando en mi estómago cuando estoy con ella ni siquiera me ha inspirado a escribir canciones.

Claire es una diosa en toda la extensión de la palabra. Es increíble y perfecta, se merece a alguien que de todo por ella, cuyo corazón no esté ocupado y cuya mente no esté en una lucha constante consigo misma. Ella se merece el mundo entero, pero yo no puedo dárselo, por eso espero que Owen se equivoque en lo que dice.

Cuando la conocí, no la vi como un posible interés amoroso o para algo de una noche. Ella me inspiro ternura e inocencia. Supe que ella y yo seriamos buenos amigos cuando me di cuenta que teníamos gustos similares, pero a la vez tan diferentes. Somos polos opuestos y si fuimos atraídos por el otro, pero no de manera romántica, al menos eso no sucedió de mi parte.




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