Emma salió del edificio con el corazón acelerado, intentando calmar el calor en sus mejillas. ¿Cómo era posible que Robert Blackwood tuviera esa facilidad para ponerla nerviosa con tan pocas palabras? No podía evitar recordar su tono burlón y la manera en que la había mirado.
Sacudió la cabeza, intentando apartar esos pensamientos mientras se dirigía al café donde había quedado de verse con Ethan. Al llegar, lo encontró sentado en una mesa junto a la ventana, removiendo distraídamente su café con una cucharilla.
—Pensé que me habías dejado plantado —bromeó Ethan cuando la vio acercarse.
—Tuve un día largo —respondió Emma con una sonrisa cansada, dejando su bolso sobre la silla.
—Ya me contarás —dijo él, inclinándose ligeramente hacia adelante con interés—. Pero primero, dime, ¿cómo te está yendo en Blackwood? ¿Sigues impresionada con el gran Robert Blackwood?
Emma sintió un pequeño escalofrío recorrerle la espalda al escuchar su nombre.
—Es… interesante —respondió con cautela, recordando la manera en que había manejado la situación con Lissa Marie—. Es un líder nato, pero también puede ser brutal cuando se lo propone.
Ethan la observó por un momento antes de sonreír de lado.
—Te conozco lo suficiente para saber que eso te intriga más de lo que te gustaría admitir.
Emma se mordió el labio y miró su café, evitando su mirada.
—No sé de qué hablas.
—Claro que sí lo sabes —replicó él, riendo suavemente—. Pero bueno, no quiero interrogarte. Solo ten cuidado, Em. Tipos como él no suelen ser fáciles de descifrar.
Emma asintió, aunque en el fondo sabía que era demasiado tarde. Robert Blackwood ya había despertado algo en ella. Algo peligroso.
Ethan tomó un sorbo de su café y, cambiando de tema, comentó con una sonrisa entusiasta:
—Por cierto, tengo pases exclusivos para la apertura de Midnight Velvet, un bar de lujo en el corazón de SoHo. Dicen que será el lugar más exclusivo de la temporada. Mañana es la gran inauguración y, gracias a este chico—hizo una pausa dramática y rodó los ojos—, conseguí acceso VIP.
Emma arqueó una ceja, divertida por su tono.
—¿Qué chico? No me digas que otra vez te metiste en problemas con un famoso.
Ethan suspiró exageradamente y apoyó el codo en la mesa, inclinándose hacia ella como si estuviera a punto de contarle un secreto oscuro.
—No fue mi culpa. Resulta que Adrian Carter, el actor que todos están llamando "la próxima gran estrella de Hollywood", y yo tuvimos… bueno, un romance fugaz hace unos meses. Nos conocimos en una gala, hubo química instantánea y pasamos un par de semanas muy intensas.
Emma sonrió con diversión.
—Déjame adivinar. Lo arruinaste porque no puedes con la exclusividad.
—¡Oye! —exclamó Ethan, llevándose una mano al pecho con fingida indignación—. Para tu información, esta vez no fui yo. Él fue quien desapareció de la nada, ghosting total. Pero, sorpresa, hace unas semanas volvió a aparecer con una excusa barata de que estaba "demasiado ocupado con su carrera".
—Suena a que hay más historia ahí… —dijo Emma, mirándolo con suspicacia.
Ethan dejó su café sobre la mesa y suspiró, apoyando la barbilla en la palma de su mano.
—Lo hay. El tipo es gay, pero no está listo para salir del clóset. Su manager prácticamente le tiene firmada el alma para que nadie lo descubra. Su carrera está despegando y, al parecer, su imagen de "rompecorazones" en la gran pantalla es más importante que ser él mismo.
Emma frunció el ceño.
—Eso es horrible.
—Lo es. Pero bueno, él quiere mantener las apariencias y yo no tengo tiempo para ser el secreto mejor guardado de nadie. Sin embargo, su sentido de la culpa al parecer es bastante fuerte, porque me consiguió pases VIP para el bar como "disculpa".
Emma negó con la cabeza, divertida.
—¿Y piensas ir?
—¡Por supuesto! —exclamó Ethan, volviendo a su tono animado—. ¿Y tú? Vamos, nos vendría bien una noche de tragos y música después de semanas de trabajo intenso.
Emma dudó por un momento. La idea sonaba tentadora, pero después del incidente en el ascensor con Robert, tenía la sensación de que su cabeza estaba demasiado revuelta como para concentrarse en otra cosa.
—No sé…
—¡Oh, vamos! Te hará bien. Además, no puedes dejarme solo. ¿O quieres que termine en otro escándalo con algún otro actor closetero?
Emma rió y finalmente cedió.
—Está bien, pero solo un rato.
Ethan chocó su copa de café con la de ella.
—Esa es mi chica.
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Epilogo: Un amor entre sombras
La relación entre Ethan y Adrian Carter había sido una de esas historias fugaces, tan intensas como efímeras. Se conocieron en un evento de caridad en Nueva York, rodeados de luces, copas de champagne y personas demasiado ocupadas aparentando ser perfectas. Pero entre todo el bullicio, hubo una chispa entre ellos que se encendió en cuestión de segundos.
Durante un par de semanas, su historia se desarrolló con la intensidad de un guion cinematográfico. Noches de conversaciones interminables, cenas en restaurantes de lujo donde se perdían entre miradas cómplices y escapadas secretas que los hacían sentir invencibles. Adrian tenía el encanto natural de alguien destinado a la gran pantalla, y Ethan, con su carisma inquebrantable, lo complementaba a la perfección.
Pero no todas las historias de amor están destinadas a perdurar.
Adrian tenía miedo. Su carrera en Hollywood apenas despegaba y la presión de los agentes, productores y el propio sistema de la industria lo asfixiaba. Ser un actor en ascenso significaba cuidar su imagen, y para él, aquello implicaba esconderse. Cuando los paparazzi empezaron a seguirlo y algunos rumores comenzaron a circular en los tabloides, el miedo se convirtió en pánico.
Ethan lo vio en su mirada antes de que las palabras fueran necesarias.