Entre Mi Camino | Libro 1

PRÓLOGO

Prólogo

Yo era el tipo de hombre que creía que cualquiera que entrara en mi mundo terminaría quedándose en él. No por arrogancia, o al menos eso me decía, sino porque estaba convencido de que mi universo era suficiente para cualquiera.

Lo que ignoraba, lo que convenientemente olvidaba… Era que cada persona que llega trae consigo su propio mundo. Sus propias guerras, sus propias raíces, sus propios sueños, y ningún mundo existe para ser absorbido por otro.

Aprendí temprano a no sufrir por quien no lo merecía. A cerrar puertas sin que el eco del portazo me persiguiera, a no mirar atrás. El dolor era una debilidad que no encajaba en el linaje del que provenía.

Los hombres no lloran, los hombres no pierden el control, los hombres permanecen firmes.

Ese era el lema, no una frase... Una sentencia. Se repetía en las sobremesas, en los silencios, en las miradas severas de mi padre.

La firmeza era herencia, la frialdad, disciplina, y yo fui el primero en traicionarla.

Porque hubo una mujer, una sola.

No fue la primera en cruzar mi camino, pero fue la única que se quedó cuando incluso miró las contras.

Valiente, guerrera, inteligente, trabajadora, carismática, intensamente humana, hermosa, sí… pero no por lo evidente. Hermosa por la manera en que defendía su espacio, por cómo sostenía su voz incluso cuando el mundo intentaba reducirla.

Ella no quiso pertenecer a mi mundo, quiso que yo reconociera el suyo, y eso me desarmó.

Creí que nada volvería a dolerme después de lo aprendido, creí que el amor era un lujo que podía administrar con estrategia, pero ella no fue estrategia, fue un incendio.

Me enseñó un sentir que no sabía que habitaba en mí, y cuando ese sentir creció… también lo hizo el miedo.

La noche que entendí que podía perderla fue la primera vez que el aire me faltó sin que hubiera fuego alrededor. Le lloré, perdí el control al rogarle que no se fuera, la firmeza que tanto defendí se quebró cuando mis rodillas tocaron el suelo.

Yo, heredero de imperios, arrodillado frente a una mujer. Entre mi camino apareció, y entre mi camino se esfumó.

Desde entonces, la ciudad es más grande y vacía. Los edificios siguen en pie, las empresas siguen funcionando, el poder sigue respondiendo a mi nombre, pero algo en mí se derrumbó el día que ella decidió marcharse.

Siempre pensé que lo tenía todo, que era alguien completo, un hombre en construcción hacia algo todavía más grande.

Hasta que llegó ella y me mostró la verdad más incómoda. No me faltaba poder, no me faltaba dinero, no me faltaba influencia, me faltaba ella.

Y ahora que no está, comprendo que el hombre que creí ser, nunca estuvo terminado.

El poder no me enseñó a perder, mucho menos a perderla. Así que por primera vez en mi vida, no sé cómo recuperar lo que amo.



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En el texto hay: poder, feminismo, drama

Editado: 04.03.2026

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