Entre miradas y silencios

Capitulo 4: Complicaciones

Fernanda Villanueva

A veces me pregunto si el mundo estaría menos enredado si las personas usaran la lógica más seguido. No una lógica fría ni matemática, solo… sentido común. Pero no. A la humanidad le encanta complicarse, especialmente en eso que llaman enamorarse.

Y digo “eso” porque, aunque no lo entiendo del todo, todo el mundo parece obsesionado con sentirlo en algún momento de su vida. Incluso en la secundaria. Especialmente en la secundaria.

Esa mañana, mientras caminaba por el pasillo con mi cuaderno recién ordenado y mi lista mental de pendientes, Isabella me alcanzó desde atrás.

—Fernanda, otra vez estás pensando demasiado —dijo, empujándome suavemente con el hombro.

—Solo estoy observando —respondí—. La gente se complica de más.

—¿Y ahora quién te hizo reflexionar sobre el universo? —preguntó con tono dramático.

—Todos. Literalmente todos —dije, mirando alrededor. Parejas abrazadas, otras peleando, otras mirándose como si estuvieran en una película—. Se enamoran y luego lloran, discuten, se confunden, dramatizan… solo por algo que podrían evitar si pensaran un poco más.

Isabella rodó los ojos, como siempre que decía algo “demasiado racional”.

—Ay, Fer… no es una ecuación. Es normal que la gente se enamore, ¿no?-

—Normal no significa eficiente —contesté.

Isabella soltó la carcajada más ruidosa del pasillo.

Mientras hacía eso, noté a Leo Herrera entrar cinco segundos después del timbre, despeinado, agitado y con su mochila medio abierta. Nada nuevo. Solo caos caminando con piernas.

La clase siguió. La profesora hablaba de proyectos y exposiciones futuras; yo anotaba todo en orden perfecto. Pero, por alguna razón, mis ideas se desviaron de nuevo.

¿Por qué la gente decide enredarse con emociones tan variables? ¿Por qué entregarle tanto poder a algo que no se puede predecir? Desde niña había visto a varias personas sufrir por amor desde tíos que se divorcian , hasta amigas que se enamoran cada 3 días, y no le veo el chiste ., las personas dicen que me gustan las cosas complicadas porque me gustan las matemáticas pero realmente creo que lo complicado no son las materias de la escuela si no darlo todo a una persona que quizás no esté dispuesta a darlo todo por ti Un día alguien te parece simpático y al siguiente ya no puedes dejar de pensar en él. Suena peligroso. Desgastante. Poco práctico.

Cuando terminó la clase, Isabella a caminó conmigo hacia la cafetería.Me detuve un segundo. La miré con un poco de… duda.

—Isabella si tú te fijaras en alguien, ¿no te daría miedo perder el control? —pregunté.

—El control no se pierde, Fer —respondió—. Se cambia por otra cosa. Por experiencias. Por querer a alguien. Por arriesgarte un poquito.

—Eso suena peligroso.

—Todo suena peligroso cuando lo ves como tú —rió—. Además… no te digo que te enamores. Solo que dejes de huirle a la posibilidad.

Yo no huía. No exactamente. Solo quería entender. ¿Por qué complicarse? ¿Por qué dejar que alguien más influya en tu estado mental, en tus rutinas, en tu tiempo? El tiempo es valioso. Necesito ordenarlo, administrarlo. No desperdiciarlo.

Mientras seguíamos caminando, Isabella me detuvo bruscamente.

—Oye, y si te enamoraras… ¿sería tan terrible?

Abrí la boca para responder rápidamente, pero no pude. Las palabras no salieron.

—No sé —dije finalmente, con honestidad involuntaria—. Supongo que… sería complicado. Inestable. Y no sé si estoy hecha para eso.

Isabella me tomó del brazo con cariño.

—Nadie está hecha para eso. Se aprende en el camiino.-

-Prefiero gastar mi tiempo aprendiendo cosas más importantes –

- ¿Cómo que, las matemáticas que tanto amas?-

-Por supuesto, eso es mil veces más útil que enamorarse-

- Pues créeme que a la tienda nunca ha llegado nadie pidiendo un trinomio cuadrado perfecto de azúcar –

Antes de que pudiera replicar , escuché un balón siendo botado, era Edgar, un compañero de clase y hasta ahora uno de nuestros únicos amigos que se estaba acercando a nosotras con su balón de básquet.

-Ya te he dicho que camines bien – Isabella, lo regañó mientras le daba un golpe en la espalda para que enderezara su postura.

Edgar no dijo nada, solo obedeció y se enderezó aunque segundos después había regresado a su postura inicial. Isabella rodó los ojos.

-¿Qué hacían niñas? - pronunció mientras nos miraba, o más bien mientras miraba a Isabella

-Nada, solo platicábamos del amor extraño que Fernanda tiene por las matemáticas y todas esas materias difíciles que hacen que me duela la cabeza solo de pensar en ellas- Hizo una mueca de desprecio como si de verdad las matemáticas y cualquier cosa que tuviera que ver con números causará total aberración, sin embargo su expresión se suavizó cuando volteó hacia Edgar, poniendo ojitos dulces, la manera en que lo ve desde hace algunos días.

Ellos piensan que no me doy cuenta, pero es más que obvio que algo está pasando entre ellos aunque aún no sean capaces de admitirlo. Cuando recién empezamos a ser amigos ellos se la pasaban peleando, ella se la pasaba amenazándolo con sus tijeras de pollo mientras él huía, pero eso empezó a cambiar hace poco cuando Benjamín empezó a trabajar durante las tardes en la tienda del papá de Isabella , por lo que supongo que tanta convivencia dio efecto y mi amiga se está metiendo en el tipo de complicaciones del que hablábamos, aunque debo admitir que se ven bien juntos y por ahora parecen ser felices y eso me hacía feliz a mi también, aunque todavía no me contarán exactamente el tipo de relación que tenían , así que si mientras me tocaba esperar a que eso pasará y ensayar la reacción que tendría, podría crear un discurso completo muy emotivo o hacerme la sorprendida la que nunca hubiera creído aunque sí.

Y mientras pensaba en eso , confirmé mi teoría el amor te atrapa en muy poco tiempo.

Y eso, justo eso… era lo que me asustaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.