Leo Rivas
Las vacaciones empezaron oficialmente el día que dejé de poner alarmas y aun así desperté temprano.
Eso ya era sospechoso.
Me quedé viendo el techo unos segundos, esperando que el sueño regresara, sin embargo eso no paso, en cambio, mi mente decidió traer recuerdos inútiles una bolsa con letras doradas, un “felicidades” dicho sin adornos, había sido por protocolo porque es lo que todo mundo dice en estás fechas pero aún así recordarlo me afecta más de lo que debería, y es que no sé si es mi imaginación pero sentí como su voz se volvió un poco más suave, como si dudará entre decir algo más.
Seguramente si estaba alucinando y es que Fernanda no dudaba, nunca lo hacía, su voz siempre era fuerte, clara y directa, ella siempre tenía claro lo que quería hacer o decir, no como yo .
Otra cosa que no salía de mi mente fue el abrazo que nos dimos, fui yo quien tomó la iniciativa, extendí mis brazos y aunque me repetí mil veces que era un abrazo simple y de compañeros, la idea no termino de llegar a todo mi cerebro pues fue interrumpida en el camino por el olor de su perfume que invadió mis fosas nasales, el aroma era bastante suave , dulce pero la vez penetrante, tanto que no lo pude sacar de mi mente en el resto del día, y el resto de la semana y para ser más específicos no lo he sacado en todo lo que va de vacaciones.
—Genial —murmuré, tapándome la cara con la almohada—. Ni dormido descanso.
Desde la cocina llegaba el ruido de mi familia en pleno caos navideño. Mi mamá cantaba villancicos con una voz que nadie le había pedido, mi tía discutía con alguien por teléfono y mi primo menor gritaba porque no encontraba su suéter.
La normalidad absoluta.
Me levanté y, antes de salir del cuarto, mis ojos se desviaron solos hacia el balón. El rojo con destellos naranjas seguía ahí, apoyado contra la pared, como si supiera que lo estaba observando.
Me agaché y lo tomé sin pensarlo, pase mis dedos por esas franjas color naranja que parecían destellos de luz, los colores eran bastante bonitos pero aún no entendía porque había elegido esos tonos m
—Solo un balón —me dije—. Relájate.
No funcionó.
Lo dejé sobre la cama con cuidado exagerado y salí del cuarto.
—¡Leo! —gritó mi mamá apenas me vio—. Ayúdame con las luces del árbol antes de que tu tía lo haga peor.
—No está tan mal —respondí.
—Está chueco.
—Es abstracto.— respondió mi tía en un tono ofendido
Mi mamá me lanzó una mirada que no tenía derecho a réplica
—Ve por la escalera.
Unos segundos más tarde , yo estaba trepado en la escalera intentando que todo quedará como mi mamá quería, spoiler nada servía , en eso mi primo menos se acercó corriendo hacia mi
—Oye
—¿Qué quieres enano? No ves que estoy acomodando las luces
—,Uy qué amargado estás hoy
No era cierto, yo nunca he sido amargado es más se puede decir que soy el alma de mi familia y del salón.
Estos niños que ya no respetan a sus mayores
—¿y ese balón nuevo?
Volteé hacia él y me congelé medio segundo cuando vi que en sus pequeñas manos traía el balón que Fernanda me había regalado
—Un regalo del intercambio —respondí, fingiendo interés absoluto en las luces.
—Ah —sonrió—. ¿De quién?
—De… alguien.
—¿Alguien con nombre o alguien misterioso?
—Alguien con demasiadas preguntas —contesté, lanzándole una mirada.
Se rió. Mi mamá no.
—¿Es una niña? —preguntó ella, demasiado casual para ser inocente.
—Es un regalo, mamá.
—Eso no responde nada.
—Porque no hay nada que responder
Mamá iba a decir algo más, se le veía su mirada de no estar conforme con la respuesta, pero en eso mi primo volvió a hablar
—Entonces ¿me lo prestas para jugar?
—Noooo —mi grito sonó desesperado
—Pero ¿Por qué no?
Mi primito hizo un puchero, lo que me faltaba
—Porque es nuevo, ni siquiera yo lo he usado
No me di cuenta en que momento me moví lo suficiente para que la escalera perdiera el equilibrio hasta que sentí el golpe contra el piso y escuché varias carcajadas de mi familia
—Ya ves, por envidioso
Me levanté lo más rápido que pude y le arrebate el balón para irme a mi cuarto, me encerré un rato sin embargo alrededor de media hora después mi madre fue a buscarme a mi cuarto para seguir con los preparativos para esta noche.
Seguimos decorando. Yo subía, bajaba, acomodaba luces que ya estaban bien.
Y nada calmaba mi mente pues a pesar de todas las actividades que me podían mantener ocupado pensaba en lo mismo una y otra vez. En cómo Fernanda eligió algo tan obvio como el fútbol y aun así logró que no lo fuera. En cómo dijo mi nombre sin énfasis, pero con intención. En cómo no me miró directo cuando me entregó la bolsa.
—Estás distraído —comentó mi tía desde la sala.
—Siempre lo estoy —respondí.
—No, esto es diferente.
Genial. Detective emocional desbloqueada.
La tarde pasó entre comida, risas y comentarios incómodos. Mi abuela me tomó del brazo cuando me vio solo en el comedor mientras giraba el balón en mis manos
—Ese regalo no te lo dio cualquiera —dijo, bajando la voz.
—Es un balón, abuela.
—Ajá. Y yo no nací ayer.
—¿Qué haces con eso como si fuera un tesoro nacional? —preguntó mi abuela desde la puerta, cruzando los brazos con esa mirada que lo ve todo.
—Es un balón. —dije, demasiado serio para lo que era.
—Claro, pero un balón que te recuerda a alguien
—¿Y tú qué sabes ? —intenté sonar serio.
—Más de lo que crees. —se inclinó hacia mí, como si fuera a revelar un secreto—. Los chicos a veces creen que esconden todo. Pero los detalles son ruidos fuertes para quienes saben escuchar. Y tú eres ruidoso, Leo, aunque no quieras.
Suspire frustrado, odiaba cuando el mundo intentaba entender mis pensamientos y más aún cuando ni yo los entendía
Mi abuela se levantó tan rápido como llegó pero antes de irse me dedico una última mirada