Fernanda Villanueva
Las vacaciones se terminaron más rápido de lo que esperaba y si, no puedo negar que eso me entristecía un poco pues aunque me encanta la escuela también me encanta levantarme tarde y si puede ser que eso sea lo que más extrañe de las vacaciones, pero bueno no tengo muchas opciones.
Cuando me levanté, lo primero que hice fue revisar que todas mis cosas estuvieran en orden, y que no faltará nada, para el día pues aunque arregle todo desde ayer en la noche y ya lo revisé dos veces, supongo que no hay tercera mala, siempre me puedo acordar de guardar algo en último momento.
Cuando bajé, a la cocina mi mamá ya me había preparado el desayuno
—Buenos días ¿Lista para volver a la escuela?
—Si estoy lista, aunque no me quejo si dan más días de vacaciones
Mamá sonrió
—,Si entiendo, pero me imagino que debes de extrañar a Isabella, seguramente tienen muchas cosas que platicar
Bien, mamá tenía un punto, si extrañaba bastante a Isabella pues aunque nos mantuvimos en contacto durante estás vacaciones, no es lo mismo que vernos casi todos los días , cantar en los recreos y hablar de cualquier cosa
—Eso si , ya la quiero ver y que me cuente que tal le fue en sus vacaciones
Aunque debo de admitir que no es a la única persona a la que extraño, también extraño a Leo, si soy sincera ya quiero ver sus ojos, escuchar su risa filtrarse en el silencio del salón
Quién lo hubiera dicho, yo la amante del silencio queriendo escuchar una voz y una risa
Ya estás muy mal Fernanda Villanueva
¿Te quedaba alguna duda de eso conciencia?
Mi mamá y yo desayunamos rápido, pues yo me tenía que ir a la escuela y ella a trabajar, cuando terminé de desayunar subí AMI cuarto para peinarme .
Recogí mi cabello en una coleta alta , revisé que no se saliera ningún mechón rebelde y no terminé hasta que se veía perfecta, justo como me gusta
Llegué a la escuela unos minutos antes de lo normal, no porque estuviera particularmente emocionada por regresar, solo que prefiero llegar temprano, pues me gusta observar el lugar vacío y en silencio antes de que se llene de ruido.
Espere sentada en la banqueta frente de mi salón que todavía se encontraba cerrado a que Isabella llegará, y pudiéramos platicar un rato antes de empezar con las clases, ella siempre llega unos minutos después que yo.
Mientras esperaba, saqué el celular para avisarle a mi mamá que ya había llegado a la escuela, y después de eso me puse a observar publicaciones que habían subido a redes sociales.
Nada nuevo, nada completamente interesante.
Minutos después guardé el celular y seguí esperando, aunque todavía era invierno el sol ya se colaba en el cielo , supongo que al rato hará mucho calor.
Un grupo de estudiantes pasó corriendo cerca de mí, alguien gritó algo sobre un examen sorpresa, otro se quejó dramáticamente de que las vacaciones habían sido demasiado cortas, algunos más preguntaron si había tarea , en fin clásico ambiente de escuela.
Todo normal.
Estaba mirando hacia la entrada cuando escuché una voz detrás de mí.
—Buenos días, señorita.
No fue fuerte.
Pero tampoco fue casual.
Fue dicho con esa calma segura de alguien que sabe perfectamente que lo van a escuchar.
Me giré.
Leo estaba apoyado contra una de las columnas del patio, mochila colgada de un hombro, como si llevara ahí un rato observando la escena.
—¿Perdón? —dije.
Él sonrió.
No una sonrisa enorme, solo esa sonrisa pequeña que aparece cuando dice o hace algo que se sienta como travesura
—Buenos días —repitió.
—Eso escuché.
—Entonces todo bien.
Lo miré un segundo más de lo necesario.
—¿Por qué dijiste señorita?
Leo levantó los hombros, como si fuera la pregunta más irrelevante del mundo.
—Porque sí.
—Esa no es una explicación.
—No todo necesita explicación.
Eso era desesperante, para mí todo necesitaba una explicación
Me crucé de brazos.
—Nunca me habías dicho así.
—Las dinámicas cambian.
Lo dijo con tanta naturalidad que casi parece una frase pensada.
Casi.
—No me gusta.
Mentí.
Leo inclinó un poco la cabeza, analizándome con esa expresión que tiene cuando intenta descifrar algo.
—Mmm.
—¿Qué?
—Nada.
—¿Qué?
—Que no te creo.
Rodé los ojos.
—No todo gira alrededor de ti, Leo.
—No dije que sí.
Se acercó un paso.
Solo uno.
No lo suficiente para invadir espacio personal, pero sí lo suficiente para que la conversación ya no fuera solo ruido casual de patio.
Silencio.
Ninguno dijo nada por un momento solo mantuvimos el contacto visual, sentí una sensación extraña en el estómago, nervios tal vez
Justo en ese momento apareció Isabella por la entrada principal.
—¡FER!
Levanté la mano en señal de saludo.
Leo miró hacia la puerta y luego volvió a mirarme a mí.
—Bueno —dijo— nos vemos en clase señorita
Isabella caminó conmigo hacia el salón, el cual abrieron mientras platicaba con leo, su expresión era esa que usa cuando está pensando demasiado.
No dijo nada durante unos segundos.
Eso ya era sospechoso.
—¿Qué fue eso? —preguntó finalmente.
Suspiré.
—¿Qué fue qué?
—Eso.
—Isabella…
—Lo escuché.
Me detuve frente a la puerta del salón.
—No fue nada.
Ella cruzó los brazos.
—No sonó como nada.
—Fue un saludo.
—No saludas a alguien diciéndole “señorita”.
—Leo sí.
Isabella me observó un momento más como si estuviera analizando si creerme o no
Luego levantó los hombros.
—Bueno.
Eso me sorprendió.
—¿Bueno?
—Bueno.
—¿No vas a decir nada más?
—No— guardo silencio solo unos segundos y después continuó —Por ahora.
Eso último sonó peligrosamente estratégico.
Entramos al salón y dejamos nuestras mochilas en las sillas, después de eso nos abrazamos fuerte por fin