Fernanda Villanueva
Hay momentos en los que sabes exactamente cuándo algo cambia y no necesariamente porque alguien lo diga , ni porque pase algo dramático, sino porque, de repente, una idea que antes evitabas pensar… deja de parecer tan peligrosa.
Me di cuenta de eso una mañana cualquiera.
El protocolo matutino ya llevaba varios días existiendo, pues Leo había decidido tomárselo demasiado en serio a parecer
Cada día era un saludo diferente pero sin restarle formalidad, ni su frase de siempre , un día hacía una pequeña reverencia, otro día hablaba como si estuviera en una película antigua, una vez incluso puso una mano en el pecho antes de decir:
—Buenos días, señorita.
Ridículo.
Totalmente ridículo.
Y aun así…
Yo seguía respondiendo.
—Buenos días, joven.
No sé exactamente en qué momento dejó de ser una broma, tal vez el día en que llegué temprano… solo para asegurarme de escucharlo o quizás nunca había sido solo una broma y simplemente yo no lo quería admitir
Esta mañana cuando llegue a la escuela, Leo ya estaba en el salón , lo cual no era normal, por lo regular él siempre llegaba unos minutos después que todos, como si su reloj interno estuviera programado para desafiar la puntualidad.
Pero esa mañana estaba sentado en su lugar, girando un lápiz entre los dedos mientras miraba algo en su cuaderno con una concentración que no le había visto muchas veces.
Me senté en mi lugar.
No dijo nada.
Yo tampoco.
Pasaron unos segundos.
Luego escuché su voz.
—Oye.
Levanté la mirada y él ya estaba parado enfrente de mi, honestamente no sé cómo puede ser tan silencioso para moverse pues ni siquiera me percate de en qué momento se levantó de su lugar
—¿Tú sí entendiste lo que explicó el profe ayer?
—¿De qué parte hablas?
—De… —frunció el ceño mientras buscaba la página— esto.
Me extendió el cuaderno para que pudiera verlo
Era el ejercicio que el maestro había dejado al final de la clase sobre el uso de la fórmula general en ecuaciones
El que la mitad del salón había decidido ignorar.
—Sí —dije—. No es tan complicado.
—Eso lo dices tú.
Él se sentó en el lugar de Sofía que aún estaba vacío
—Mira.
Tomé su lápiz y señalé la primera parte.
—El truco está aquí, en la fórmula y en qué aprendas a identificar que término va a ser a , cuál v y cuál c,A siempre va a ser el que esté elevado al cuadrado, b el que sea lineal y c el termino independiente
Leo se inclinó un poco hacia adelante.
—¿En serio
—Sí, eso nunca cambia
Escribí un pequeño paso al lado.
—… entonces solo tienes que sustituir las letras con estos valores, e ir resolviendo operaciones por jerarquía y verás que salen dos resultados
Leo observó el cuaderno.
Muy atento.
Sorprendentemente atento.
—Espera —dijo—. ¿Eso significa que la respuesta cambia?
—No cambia., solo que así puedes ver cuál te sirve más según lo que vayas a realizar
Silencio.
Leo volvió a mirar el ejercicio completo.
Luego volvió a mirarme.
—Eso… tenía más sentido cuando lo explicaste tú que cuando lo explicó el maestro.
—Porque el maestro lo explicó rápido.
—No.
Negó con la cabeza.
—Porque tú lo explicaste como si fuera lógico.
No supe qué responder a eso.
Leo volvió a mirar el cuaderno.
—¿Siempre entiendes estas cosas tan rápido?
—No siempre.
—Pero sí más rápido que la mayoría.
—Solo presto atención.
—Yo también presto atención.
—No siempre.
—Bueno… intento prestar atención.
Sonreí un poco.
Leo se recargó en su silla.
Me estaba mirando otra vez.
No de forma incómoda.
Más bien… como si estuviera pensando algo.
—¿Qué? —pregunté.
—Nada.
—Eso no es verdad.
—Solo estaba pensando que…
Se detuvo.
—¿Qué?
—Que eres peligrosa.
Fruncí el ceño.
—¿Peligrosa?
—Sí.
—Explícate.
Leo apoyó los brazos en el escritorio.
—Porque pareces muy tranquila… pero luego haces cosas como resolver esto en dos minutos.
—Eso no es peligroso.
—Claro que sí.
—¿Por qué?
—Porque hace que los demás quedemos mal.
—Ese no es mi problema.
Leo rió un poco.
—Tienes razón.
Luego miró otra vez el cuaderno.
—Gracias por explicarlo.
—De nada.
—Ahora al menos puedo fingir que entendí en clase.
—Eso no era el objetivo.
—Pero es un buen beneficio secundario.
Cerré mi cuaderno.
Cuando levanté la mirada, Leo seguía mirándome.
Otra vez con esa expresión difícil de interpretar.
—¿Qué? —pregunté de nuevo.
—Nada.
—Leo.
—Fernanda.
—Estás pensando algo.
—Tal vez.
—¿Y?
Se encogió de hombros.
—Solo que ahora entiendo por qué siempre sacas buenas calificaciones.
—Eso no es un misterio.
—Para algunos sí.
Sonrió un poco, y no puedo negar que me fascina cada que lo veo sonreír, soy consciente de que han llegado más de nuestros compañeros pero para ser honesta no me importa siempre y cuando pueda estar con él, es una sensación extraña, como si a pesar de todo el mundo se hiciera un poco más sencillo solo con su presencia.
—Siento interrumpir lo que sea que esté pasando pero necesito mi lugar chicos
La voz de Sofía nos sacó a ambos de nuestro pequeño mundo, Leo la miró frustrado pero finalmente se levantó
—Gracias de nuevo por explicarme Fer
—No es nada, y si vuelves a necesitar ayuda aquí estoy
Él sonrió en respuesta y se fue a sentar a su lugar, luego salió del salón con Nico que al parecer había llegado desde hace rato, el el momento en que desvié la mirada noté que Isabella ya había llegado también
¿ Pues cuánto tiempo ha pasado?
Caminé hacia ella y antes de que pudiera decir si quiera hola, sus ojos me analizaron