Isabella Alcázar
Cuando tu mejor amiga o llamada de otra forma hermana de otra sangre está interesada en alguien pero es de la idea de dejar que él de el primer paso para admitir lo que siente, pero el tipo parece que nunca le avisaron que la boca sirve para decir cosas que nada tengan que ver con bromas , solo queda una opción coherente y esa es empujarlos a dar el siguiente paso, pues hay que ser sinceros si me espero a que ellos lo hagan todo sin ayuda, me voy a hacer viejita esperando esa confesión, y ya tengo suficiente con estar esperando temporadas de mi serie favorita que se estrenan casa que el productor se acuerda de que existen , como para también estar esperando esto, así que tengo que idear un plan para lograr….
—Isabella
Sentí varias miradas posarse sobre mí, y entonces volví a escuchar una voz llamándome
—Isabella
Cierto se me olvidaba que estaba en clase, en mi defensa diré que tengo cosas más importantes en las cuales pensar
—Presente
Volteé hacia el lugar de Fernanda, quién por cierto no me quitaba la mirada de encima y tenía una expresión como preguntando por qué estaba tan distraída, la respuesta era fácil, ella estaba enamorada y no hacia nada al respecto, pero eso iba a cambiar muy pronto y de eso estaba muy segura
El día transcurrió muy lento, como cualquier día de clases. En este momento estábamos en clases de español iniciando en nuevo tema sobre poesía y recursos literarios,
—Bueno jóvenes, para iniciar con este tema van a crear un poema en parejas usando las palabras que vienen en su libro, este trabajo lo van a realizar con la persona que esté sentada a su lado
Volteé a mi lado derecho donde estaba sentado Leo, y no era por juzgar pero para ser sincera no creo que sea la mejor compañía para un trabajo en equipo de español, pero quizás si para cumplir con mi plan y poder hacer algo que lo haga reaccionar
Ambos juntamos nuestras sillas para comenzar a discutir lo que debíamos hacer, pero al parecer el hombre no tenía ni la más mínima idea pues no respondía a ninguna de mis preguntas
—¿Qué tenemos que hacer? —preguntó.
Me encogí de hombros con total tranquilidad.
—No sé.
Sí sabía, perfectamente.
Pero ese no era el punto.
—Pregúntale a Fernanda —añadí, como si nada.
Leo frunció el ceño.
—¿Por qué a ella?
—Porque ella sí puso atención.
No era mentira, Fernanda siempre pone atención a todo hasta a lo más aburrido
Pero tampoco era toda la verdad.
—Ve —insistí.
Lo miré, esperando.
Y ahí fue cuando pasó algo interesante, no dudó tanto como esperaba, solo suspiró, como si fuera una molestia menor y se levantó.
Perfecto.
Seguí su camino con la mirada mientras caminaba hacia el lugar de Fernanda, ella estaba concentrada, inclinada sobre su cuaderno, escribiendo algo con esa precisión suya que da hasta envidia.
No levantó la mirada.
No notó que él se acercaba.
Y eso solo mejoró todo, porque en lugar de llamarla desde lejos Leo hizo algo mucho mejor.
Se agachó.
Literalmente.
Se inclinó frente a su escritorio y se hincó ligeramente para quedar a su altura.
Ok eso no lo esperaba, yo le dije que le preguntara sobre el trabajo no que le pidiera matrimonio
Pero lo apruebo.
Fernanda levantó la mirada de golpe claramente sorprendida y honestamente yo también lo hubiera estado porque tener a alguien así de cerca, de repente no es normal, no es casual y mucho menos es inocente.
Y ellos dos definitivamente no son inocentes en este punto.
—¿Qué tenemos que hacer? —preguntó él.
Directo, como si nada, como si no estuviera invadiendo completamente su espacio personal.
Fernanda parpadeó una vez.
Luego otra.
Como si su cerebro estuviera intentando procesar la situación.
—El trabajo… —empezó— es sobre…
Y ahí fue cuando lo noté, ese pequeño cambio, esa ligera pausa, ese segundo de más porque Leo no estaba solo escuchando estaba mirándola muy de cerca demasiado cerca.
Y Fernanda lo sabía, claro que lo sabía.
Porque aunque intentaba concentrarse en explicar sus ojos no se quedaban quietos solo iban y venían como si no supiera dónde fijarlos.
—Tenemos que… hacer
Su voz se volvió un poco más baja, más s medida y más s consciente.
Y Leo ni siquiera intentó disimular seguía ahí escuchando, observando, como si no hubiera nada más importante en ese momento.
Crucé los brazos sonriendo porque esto esto era exactamente lo que quería, no tuve que hacer nada más pues ellos solos estaban haciendo todo el trabajo.
Después de unos segundos, Fernanda terminó de explicar.
Leo asintió.
—Ok.
Silencio.
Ninguno se movió de inmediato, solo se quedaron ahí, un segundo más dos.
Demasiado.
Hasta que finalmente Leo se levantó.
—Gracias.
—De nada.
Regresó a su lugar.
Como si nada hubiera pasado, como si no acabara de arrodillarse frente a ella en medio del salón.
Normal.
Totalmente normal.
Miré a Fernanda, seguía viendo su cuaderno pero no estaba escribiendo solo estaba ahí pesando.
Perfecto.
Esto iba mejor de lo esperado.
Me recargué en mi asiento.
Satisfecha.
Porque si algo tengo claro es que a veces no necesitas grandes planes, solo colocar a las personas correctas en el momento correcto y dejar que el resto pase solo, pero aún así eso no iba a ser suficiente, al poco rato Leo estaba viendo la hoja como si en algún momento las ideas fueran a aparecer solas.
Y yo…
yo estaba esperando el momento adecuado.
No tardó mucho.
—Oye —le dije a Leo.
—¿Qué?
—¿Qué opinas de Fernanda?
Directo.
Sin rodeos.
Porque, sinceramente, ¿para qué perder tiempo?
Leo levantó la mirada.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste.
—¿Por qué?
—Porque sí.
—Eso no responde nada.