Leo Rivas
Las peores ideas siempre empiezan con alguien diciendo:
—Va a ser rápido.
Nunca es rápido, nunca es simple y definitivamente nunca sale exactamente como lo planean.
—Apúrense, ya casi llega —dijo Camila, moviendo las manos como si eso hiciera que todos fuéramos más eficientes.
El salón era un caos, globos a medio inflar, cinta que no pegaba y gente preguntando qué hacer mientras no hacía nada, todo bastante normal par ser un día que no lo era del todo, pues hoy era el cumpleaños de nuestra maestra y como buen grupo decidimos organizarle una fiesta sorpresa para demostrarle lo mucho que la queremos.
Yo estaba acomodando unas cosas en el escritorio, vasos, refrescos, todo lo básico.
No era una actividad complicada que requiriera hacer un gran esfuerzo o pensar demasiado lo cual agradecía.
—Eso va ahí —escuché detrás de mí.
Volteé.
Fernanda.
Señalando ligeramente la mesa.
—¿Ahí?
—Sí.
—¿Segura?
—Sí.
—Ok.
Moví las cosas un poco.
—¿Así?
—Un poco más a la izquierda.
—¿Así?
—Sí, perfecto
Asentí y todo se quedó en total silencio , ella permaneció ahí un segundo más de lo necesario y luego volvió a lo suyo como si nada.
Diría que como siempre pero no era exactamente como siempre porque desde hace unos días había algo distinto, aunque no sabía exactamente que , pero ahí estaba .
En estas últimas semanas todo con Fernanda ha sido raro, no incómodo, no forzado solo distinto. Empezó con cosas pequeñas, conversaciones que no tenían importancia y que de alguna forma terminaban durando más de lo normal, miradas que se repetían sin razón, momentos en los que sin planearlo terminábamos cerca, hablando de cualquier cosa o de nada. Se volvió costumbre escucharla, buscarla con la mirada aunque no lo admitiera, encontrar excusas para molestarla y quedarme un poco más de lo necesario. Y lo más extraño es que ya no se sentía como algo ocasional sino como parte del día. Como si, sin darme cuenta exactamente cuándo, ella hubiera empezado a estar en todo, y si me gustaba bastante todo esto, y sobretodo me gustaba ella.
Aunque eso ya lo sabía, solo que no quería aceptarlo , me recargue en la pared mientras los demás seguían ordenando todo, según lo que escuche Edgar ya estaba afuera entreteniendo a la maestra, tal vez debería de ayudar, sin embargo lo único que pude hacer en ese momento fue pensar en ella, en la forma en que se concentra, como si el mundo dejara de existir cuando tiene algo importante en frente, pensé también en cómo explica las cosas, con paciencia, como si realmente le importara que entiendas, en esa manera tan suya de no hablar de más… pero decir justo lo necesario, en cómo se queda en silencio… pero no es incómodo, en cómo sonríe.
Sobre todo en eso , su sonrisa, de acuerdo a mis observaciones había detectado que tiene varios tipos de sonrisa, una de satisfacción cuando logra resolver algo, o cuando la felicitan o sabe que hizo algo bien, lo cual era casi siempre , otra retadora que combinaba con una mirada que decía atrévete como si supiera exactamente lo que era capaz de hacer, también tenía una tímida que solo le había visto unas cuantas veces cuando se pone nerviosa, algo que no ocurre siempre verdad .
También pensé en la sonrisa que pone cuando está con Isabella, como parece ser feliz cuando está con ella platicando de cualquier cosa.
Y por último pensé en una sonrisa distinta que solo había visto un par de veces, esa que pone cuando estamos juntos y le hago alguna broma, o cuando me acercó, esa es un poco rara pues es como si me estuviera diciendo sigue no te detengas, esa a veces suele ser inocente y otras un poco más atrevida, coqueta
Solté el aire lentamente.
También pensé en lo demás, en cómo me contesta, en cómo no se deja, en cómo, aunque intente mantenerse tranquila, hay momentos donde se le nota todo y en cómo de alguna forma siempre termino buscándola.
Pasé una mano por mi cabello, incómodo conmigo mismo, porque ya no era solo curiosidad , ni costumbre ya no era solo pasar el rato como pensaba cuando todo empezó .
—¿Qué traes?
La voz de Nico me sacó de golpe.
Parpadeé un par de veces, como si regresara de algún lugar al que no tenía pensado ir.
—Nada.
—Claro —dijo—, cara de “nada” no es.
Lo ignoré.
Porque honestamente no tenía ganas de explicarle nada, o al menos no todavía
—Ya, ponte atento —añadió—. Ya vienen.
Giré la cabeza hacia la puerta justo cuando Edgar apareció primero, caminando hacia atrás.
—Pase, pase —decía—. Solo es un momento.
La maestra entró detrás de él, confundida.
—¿Qué está pasando?
Un segundo de silencio.
—¡SORPRESA!
El salón explotó.
Gritos, risas, aplausos, globos moviéndose por todos lados.
La maestra se llevó una mano al pecho, claramente sorprendida, mientras todos empezaban a hablar al mismo tiempo.
—No tenían que…
Pero sonreía.
Yo me quedé de pie, observando el caos, el letrero torcido, la comida mal acomodada, todo el esfuerzo para esto, y aún así funcionaba porque todos estábamos ahí y eso lo hace especial.
Todo iba bien hasta que alguien pasó con una bolsa de confeti y entonces una idea vino a mi mente
Tomé un puñado casi por reflejo, lo giré entre mis dedos ligero e inofensivo o al menos en teoría.
Levanté la mirada y la encontré Fernanda estaba un poco más adelante, hablando con Isabella, completamente distraída.
Perfecto.
Sin aviso lancé el confeti directo , este cayó sobre su cabello, sus hombros, su cuaderno.
Al principio se quedó quieta durante un segundo, luego giró la cabeza lentamente hacia mí y su expresión valió completamente la pena.
—¿En serio? —dijo.
Me encogí de hombros.
—Sí.
Error.
Porque tomó más confeti.
Mucho más.
—Entonces…
ni siquiera terminó la frase solo me lo lanzó de vuelta , directo a la cara, cerré los ojos por reflejo.