⚽⚽⚽⚽⚽Leo Rivas ⚽⚽⚽⚽⚽
El timbre del final del recreo sonó justo cuando terminé de leer la nota por quinta vez y aun así seguía sintiendo el mismo maldito vacío en el estómago.
Alrededor mío todo continuó normal, demasiado normal. Los de primero corriendo por los pasillos como si el mundo fuera a acabarse si llegaban tarde, un grupo de chicas peleándose por un balón de voleibol, alguien riéndose exageradamente cerca de las canchas.
El mundo entero parecía seguir avanzando mientras que yo seguía en el mismo lugar que hace cinco minutos con un pedazo de papel doblado entre los dedos como si pesara toneladas, era ridículo el como algo tan pequeño podía mover tanto dentro de alguien.
—Leo —dijo Nico a mi lado—. Respira porque traes una cara de funeral horrible.
Solté una risa seca apenas pero ni siquiera me salió bien.
Miré otra vez la letra en la hoja y odié reconocerla tan rápido porque hubo un tiempo donde conocía cada cosa relacionada con ella de memoria, su letra, su forma de escribir mensajes, la manera exacta en la que me decía “guapo” cuando quería convencerme de algo.
Qué asco daba recordar tanto de alguien que terminó haciéndome sentir tan poco.
Cerré los ojos un segundo intentando sacar todo eso de mi cabeza pero entonces aparecieron recuerdos solos.
Ella alejándose cuando intentaba arreglar las cosas, yo esperando respuestas que nunca llegaban, la sensación constante de no saber si todavía le importaba, todo volvió de golpe como si no lo hubiera dejado atrás y simplemente hubiera estado ahí guardado en un cajón esperando salir, recordé todas las veces que me sentí inseguro, ansioso, insuficiente.
Tragué saliva molesto conmigo mismo porque no quería regresar a eso, no quería volver a convertirme en esa versión de mí que siempre tenía miedo de no ser suficiente para alguien y menos ahora.
No cuando Fernanda había llegado a cambiar todo sin siquiera darse cuenta. Pensar en ella hizo que algo dentro de mí doliera diferente porque Fernanda era tranquilidad, era miradas bonitas, risas tontas, la sensación de sentirme querido sin tener que rogar por atención, con ella nunca tenía que preguntarme si le importaba y tal vez por eso me asustaba tanto porque perder algo así seguramente dolería muchísimo más.
—Dámelo —dijo Nico extendiendo la mano.
Lo miré confundido.
—¿Qué?
—El papel. Antes de que lo analices tanto que termines escribiendo tesis sobre él.
Negué apenas.
—No estoy haciendo eso.
Nico levantó una ceja.
—Llevas cinco minutos viendo una hoja como si te fuera a revelar el sentido de la vida.
Suspiré cansado porque honestamente ni yo entendía por qué me había afectado tanto.
Ya no la quería, eso lo sabía.
Lo sabía cuando pensaba en Fernanda sonriendo, cuando imaginaba el 17, cuando veía el dije guardado en mi mochila.
Yo ya había escogido, sabía perfectamente que quería a Fernanda con cada parte de mi ser , y aun así el pasado seguía teniendo una manera horrible de regresar para recordarme quién fui.
Nico me quitó el papel de las manos sin avisar.
—Ey.
—Leo —dijo más serio esta vez—. No puedes dejar que una persona que ya te hizo daño siga controlándote así.
La palabra “controlándote” me pegó raro porque una parte de mí sabía que tenía razón y que incluso después de tanto tiempo seguía teniendo efecto, no por amor sino por todas las heridas que dejó en mi .
Y quizás eso era aún peor porque el amor puede acabarse, pero hay cosas que se quedan pegadas mucho después, como inseguridades, miedos, costumbres, esas emocionales horribles.
Nico miró el papel unos segundos y después habló otra vez.
—¿La extrañas?
La pregunta me cayó directo en el pecho y la respuesta salió antes de pensarla demasiado.
—No.
Porque era verdad, no extrañaba a Casandra, a ella ya no la quería en mi vida.
No después de todo lo que me costó volver a sentirme tranquilo conmigo mismo.
Miré hacia el edificio automáticamente y pensé en Fernanda otra vez, en cómo se le olvidaba estar enojada cuando yo sonreía, en la forma tan natural en la que ya se había convertido en la mejor parte de mis días.Al pensar en todo lo que soy cuando estoy con ella sentí algo cálido en medio de todo el caos porque por más confundido que estuviera había algo que sí tenía claro.
La quería a ella, muchísimo y por primera vez en mucho tiempo querer a alguien no se sentía como sufrir todo el tiempo.
Le quité el papel a Nico lentamente, lo observé unos segundos más, y entonces me di cuenta de algo.
No estaba sosteniendo una nota, estaba sosteniendo una versión vieja de mí, una que ya no quería seguir cargando.
Caminé hasta el bote de basura cerca de las canchas, abrí la mano y el papel cayó entre basura cualquiera
Me quedé viendo el bote unos segundos más esperando sentir algo enorme. Alivio, libertad, paz. Pero lo único que sentí fue cansancio.
Cansancio de cargar cosas que ya deberían estar enterradas.
Nico llegó a mi lado.
—Hiciste bien.
Asentí apenas, porque sí lo hice y ahora tenía que seguir adelante, por mí, por Fernanda, por la persona que quería ser ahora.
Mientras caminábamos de regreso al salón intenté convencerme de que todo podía seguir igual. Como si el pasado realmente se hubiera quedado atrás esta vez, como si tirar el papel bastara para evitar que las heridas volvieran a abrirse.
Que ingenuo fui
⚽⚽⚽⚽⚽⚽⚽
La última clase se me hizo eterna y honestamente yo tampoco ayudé mucho, no puse atención ni cinco minutos seguidos.
Intentaba copiar algo y terminaba pensando en la nota, pensaba en la nota y terminaba pensando en Fernanda, pensaba en Fernanda y automáticamente recordaba el 17, y así mis pensamientos se volvieron un círculo pues cada que intentaba hacer algo o pensar en otra cosa mi cerebro terminaba reproduciendo los mismos pensamientos.