📚📚📚Fernanda Villanueva 📚📚📚
Existe una diferencia enorme entre extrañar a alguien y darte cuenta de que probablemente ya no deberías buscarlo más y honestamente ojalá nunca nadie descubriera lo horrible que se siente aprender eso.
Porque extraño a Leonardo Rivas muchísimo.
Más de lo que quiero admitir, más de lo que mi orgullo considera digno, más de lo que pensé que alguien podía llegar a importarme en tan poco tiempo pero también estoy cansada, cansada de intentar acercarme a alguien que claramente decidió alejarse de mí.
Los primeros días seguía pensando que quizás estaba exagerando. Que , que tal vez él solo estaba estresado, distraído, confundido pero ya no porque simplemente hay cosas que empiezan a sentirse demasiado obvias como cuando alguien deja de buscarte , evita mirarte, responde corto incluso después de que prácticamente le abres el corazón enfrente.
Y Dios.
Todavía me arde recordar eso.
“Eres una persona muy importante para mí.”
Qué humillante se siente decirle algo así a alguien que después empieza a tratarte como si hablar contigo fuera una obligación incómoda.
Suspiré mientras cerraba mi libreta un poco más fuerte de lo necesario, el salón todavía estaba medio vacío pues todavía faltaban unos minutos para que empezaran las clases y honestamente agradecía eso porque últimamente el ruido me cansaba más rápido o quizá simplemente me cansaba fingir que estaba bien.
Isabella apareció sentándose junto a mí, me observó apenas unos segundos antes de hablar.
—Tienes cara de querer asesinar a alguien.
—Qué observadora.
—Gracias.
Abrí mi cuaderno intentando concentrarme en cualquier cosa que no fuera cierto niño emocionalmente incompetente que llevaba días ignorándome como si yo le hubiera hecho algo terrible.
Leonardo Rivas, si Leonardo porque “Leo” sonaba bonito, cercano , cariñoso y honestamente estaba demasiado molesta para darle algo bonito en mis pensamientos.
Isabella apoyó el brazo sobre mi mesa.
—¿Sigue raro?
Solté una risa pequeña sin humor.
—Ya ni siquiera sé si “raro” es la palabra correcta.
Porque al menos raro implica que algo todavía existe y esto se sentía más como si alguien hubiera apagado algo de golpe.
—Fernanda
—No voy a insistir más.
La frase salió inmediata, firme, más firme de lo que me sentía realmente.
Isabella se quedó callada unos segundos.
—¿Segura?
No.
Pero mi orgullo jamás permitiría que lo admitiera en voz alta.
—Sí.
Mentira probablemente o media mentira porque una parte de mí sí quería seguir buscándolo, preguntarle qué demonios estaba pasando, obligarlo a decirme la verdad, sacudirlo hasta que reaccionara pero otra parte, la parte cansada ya no quería seguir sintiéndose rechazada todo el tiempo y honestamente creo que esa parte estaba empezando a ganar.
—No pienso seguir rogándole atención a nadie —murmuré acomodando mis hojas
Aunque la frase sonó mucho más segura de lo que realmente me sentía porque la verdad era muchísimo más patética:
sí quería su atención, muchísimo.
Extrañaba hablar con él, sus mensajes, extrañaba verlo sonreír apenas me encontraba en el salón, incluso extrañaba sus estupideces.
Qué enfermedad tan ridícula era encariñarse con alguien.
La puerta del salón se abrió otra vez y automáticamente mi cuerpo reaccionó antes que mi cerebro, volteé y ahí estaba Leonardo entrando junto a Nico hablando bajito, traía. el cabello despeinado otra vez y esa cara de sueño que antes me parecía adorable y ahorita solo lograba hacerme sentir más enojada porque honestamente debería ser ilegal seguir viéndose lindo después de destrozarle emocionalmente la estabilidad a alguien.
Lo odiaba, bueno no .
Claramente no lo odiaba y ese era parte del problema.
Leonardo levantó la vista apenas entrando, nuestras miradas casi se encontraron, casi porque él desvió la mirada primero otra vez, como siempre últimamente.
Sentí algo horrible dentro de mí y antes de que pudiera seguir viéndolo yo también aparté la vista.
Perfecto.
Ahora ambos actuamos como idiotas incapaces de sostener contacto visual.
—Ok, eso estuvo triste —murmuró Isabella bajito.
—No me importa.
Mentira, si me importaba muchísimo y creo que eso era lo que más rabia me daba porque yo nunca había sido esta clase de persona, nunca había dejado que alguien afectara tanto mi estado de ánimo y ahora aquí estaba: distrayéndome en clases, pensando demasiado, sintiendo un vacío horrible solo porque Leonardo Rivas decidió desaparecer emocionalmente de mi vida sin explicación.
Patético.
Abrí el cuaderno otra vez intentando concentrarme, pero fallé horriblemente porque podía sentirlo atrás del salón, ni siquiera necesitaba verlo directamente para saber dónde estaba y lo peor era que a veces también sentía su mirada sobre mí, pequeña, rápida, como si él también olvidara por segundos que se suponía que debía ignorarme pero apenas yo volteaba él desviaba la vista inmediatamente siempre.
Y honestamente ya estaba cansándome de eso porque una cosa es notar distancia y otra muy distinta es sentir que alguien te evita como si acercarse demasiado fuera un error.
Sentí el pecho tensarse otra vez y tuve que repetirlo mentalmente varias veces para no sentir ganas absurdas de volver a buscarlo.
No importa, que haga lo que quiera.
Si Leonardo Rivas quiere actuar como si yo dejara de existir cada vez que entro al salón entonces perfecto.
Muy su problema.
Yo también puedo ignorarlo, yo también puedo alejarme.
No necesito a nadie para estar bien.
…¿verdad?
Odié inmediatamente la duda que apareció después de ese pensamiento porque antes la respuesta habría sido obvia.
Sí. Claro que podía.
Pero ahora ya no estaba tan segura y eso me molestaba muchísimo más de lo que debería.
📚📚📚📚📚📚