Entre miradas y silencios

Capitulo 27: Sueños rotos

⚽⚽⚽⚽Leonardo Rivas ⚽⚽⚽⚽

Hay una diferencia enorme entre imaginar que alguien va a dejar de buscarte y verlo pasar de verdad y aparentemente yo necesitaba vivir ambas experiencias para entender que soy un idiota.

El 16 pasó raro.

No hubo peleas, ni reclamos, no pasó nada importante y justamente por eso dolió tanto.

Porque Fernanda cumplió exactamente lo que yo llevaba días provocando.

Dejó de buscarme.

Llegué temprano como siempre últimamente porque claramente dejar de dormir bien se había convertido en parte de mi personalidad.

Entré al salón y automáticamente hice lo que llevaba haciendo días sin querer admitirlo:

buscarla.

Estaba sentada con Isabella revisando unas hojas de la obra, traía el cabello recogido y estaba explicándole algo moviendo mucho las manos como siempre hacía cuando se emocionaba organizando cosas, se veía tranquila y eso me dio una sensación rara porque llevaba días diciéndome que alejarme era lo correcto, que eventualmente ella estaría mejor, que iba a dejar de depender de hablar conmigo.

Entonces… ¿por qué se sintió tan feo verla bien?

Como si una parte egoísta de mí hubiera esperado que siguiera buscándome.

Qué asco de persona.

Fernanda levantó la vista, nuestras miradas casi se encontraron y después volteó hacia Isabella otra vez como si no hubiera pasado nada.

Sentí algo raro en el pecho, pequeño, incómodo.

Nico apareció a mi lado pocos segundos después cargando una botella de agua, me miró y enseguida siguió mi mirada para después volver a mirarme.

—Felicidades.

Fruncí el ceño.

—¿Por?

—Lo lograste.

No entendí así que Nico señaló discretamente hacia Fernanda.

—Ya no te está buscando.

Sentí el comentario como un golpe directo.

Me quedé callado.

Él siguió:

—Eso era lo que querías ¿no?

No respondí.

Porque sinceramente no sabía.

Nico soltó un suspiro.

—Qué raro.

Lo miré.

—¿Qué?

Negó un poco con la cabeza.

—Pensé que ibas a verte más feliz.

No contesté porque honestamente yo también pensé eso.

A media mañana empezó la organización final para el día siguiente.

Fernanda se paró enfrente del salón con unas hojas y automáticamente todos empezaron a callarse.

Y ahí estaba otra vez esa cosa absurda que hacía tan bien.

Dirigir.

No mandaba, organizaba y por alguna razón todos terminábamos haciéndole caso.

—Camila, mañana llegamos antes para revisar el escenario.

—Va.

—Sofía, recuerda llevar la caja del vestuario.

—Anotado.

Seguía repartiendo tareas mientras todos respondían.

Yo estaba terminando unas cosas de escenografía cuando escuché:

—Nico, ¿puedes ayudar con las sillas?

—Sí.

—Isabella, necesito que me ayudes con el orden de entrada.

—Cuenta conmigo.

Esperé, ridículamente esperé escuchar mi nombre sin embargo eso pasó.

Fernanda terminó de repartir indicaciones y volvió a sentarse con sus hojas como si nada, como si no acabara de pasar algo que probablemente solo había notado yo.

Me quedé unos segundos parado con una sensación incómoda que ni siquiera tenía derecho de sentir porque objetivamente no había hecho nada malo.

Yo ya no estaba en actuación, yo fui quien pidió cambiarse, yo fui quien empezó a alejarse.

Entonces claro que no tenía sentido esperar que ella siguiera buscándome para organizar cosas.

Totalmente lógico.

Mi cerebro lo entendía perfecto pero mi corazón aparentemente no.

Estaba todavía pensando estupideces cuando escuché otra voz.

—Escenografía.

Volteé.

Camila estaba parada con otra libreta en las manos.

—Necesito atención de los que están conmigo porque si sale feo mañana voy a llorar enfrente de todos y quiero que carguen con esa culpa.

Varias personas se rieron, yo solo llevanté apenas la vista.

Camila empezó a revisar nombres.

—Daniel, tú ayudas con el fondo.

—Va.

—Andrea, acomodas las mesas.

—Sí.

Pasó hojas, explicó cosas.

Y después dijo:

—Leo.

Levanté la cabeza.

—Necesito que mañana llegues temprano.

Asentí.

Ella siguió hablando completamente normal.

—Tú me ayudas a montar el escenario principal y revisar que todo quede derecho porque sinceramente eres el único aquí que alcanza arriba sin parecer escalera humana.

Varias personas se rieron, yo también sonreí apenas.

Camila siguió:

—Y como fuiste quien me ayudó más estos días quiero que mañana antes de empezar revises conmigo que no falte nada.

Asentí otra vez.

—Está bien.

Y entonces pasó, algo absurdamente pequeño.

Camila bajó la hoja y preguntó:

—¿Alguna duda?

Negué.

Ella sonrió.

—Perfecto.

Y siguió hablando, nada raro pero aun así sentí algo incómodo porque de repente me di cuenta de una diferencia horrible.

Fernanda ni siquiera había mirado hacia donde estábamos organizándonos.

Ni una vez.

Ella confió esa parte completamente a Camila y eso era normal, pero mi cerebro traidor inmediatamente recordó cómo era antes.

Antes Fernanda se acercaba aunque no fuera su área, preguntaba cómo iba todo, opinaba, me ayudaba o explicaba si tenía alguna duda

Antes encontraba cualquier excusa para hablar conmigo.

Ahora no.

Ahora hablaba con Camila. Camila hablaba conmigo.

Y listo.

Qué eficiente manera de sacarme de su rutina.

Camila terminó y empezó a guardar cosas, antes de irse miró rápido hacia Fernanda.

—Todo listo.

Fernanda levantó apenas la vista.

—Gracias.

Solo eso, después volvió a sus hojas y ni siquiera supo si yo estaba ahí.

O quizá sí y simplemente decidió no mirar.

Y por primera vez desde que empezó toda esta estupidez pensé algo que no me dejó tranquilo:

Quizá Fernanda no estaba enojada, quizá simplemente estaba aprendiendo a vivir sin buscarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.