Entre miradas y silencios

Capitulo 28: La última carta

📚📚📚Fernanda Villanueva📚📚📚

Escuchar tu nombre en una conversación donde claramente no deberías estar cambia algo dentro de ti y honestamente desearía poder decir que reaccioné de manera madura, que respiré profundo, que pensé las cosas, que fui racional.

Pero no.

Me quedé quieta sintiendo cómo cada palabra que salía de la boca de Casandra me revolvía algo horrible en el pecho y lo peor no fue escucharla a ella.

Fue escuchar el silencio de Leonardo Rivas después, porque a veces las personas no necesitan decir algo para destruirte un poquito.

Sentí el pecho demasiado apretado y simplemente me fui antes de seguir escuchando cosas que probablemente no quería saber.

El pasillo se veía borroso,ridículo considerando que ni siquiera estaba llorando todavía, solo estaba furiosa con Casandra, con Leo, conmigo, con absolutamente todos.

Encontré a Isabella cerca del salón guardando algunas cosas de la obra.

Apenas me vio frunció el ceño.

—Fer, ¿qué pasó?

Solté la carpeta sobre una mesa más fuerte de lo necesario.

—…okey, eso fue específico.

Solté un suspiro frustrado y le conté todo lo que había escuchado y como Leo había decidido creerle a Casandra, Casandra habiendo tantas personas en el mundo y le cree a la que menos juicio tiene.

—¿Quién demonios es Casandra?

—Yo

Sentí el cuerpo tensarse inmediatamente.

Isabella volteó primero, yo después.

Casandra estaba ahí, recargada tranquilamente en la puerta como si éste fuera otro día normal y no uno donde ya había alterado suficiente mi estabilidad emocional

Y entonces sonrió.

Dios.

Cómo odiaba esa sonrisa.

Isabella miró de Casandra a mí como si estuviera intentando entender en qué momento nuestra vida escolar normal se convirtió en una serie dramática de horario estelar.

Honestamente yo también quería saberlo.

Casandra seguía recargada en la puerta con esa tranquilidad irritante de la gente que disfruta incomodar a otros.

La observé unos segundos y confirmé algo importante:

seguía igual de insoportable que en primaria.

—¿Qué quieres ahora? —pregunté directo.

Casandra sonrió apenas.

—Relájate, Villanueva, solo vine a hablar.

Solté una risa seca.

—Curioso, siempre dices eso antes de arruinar algo.

Isabella abrió un poco los ojos, probablemente porque jamás me había escuchado hablarle así a alguien y honestamente… yo tampoco.

Casandra cruzó los brazos.

—Sigues dramatizando todo.

—Y tú sigues metiéndote donde nadie te llamó.

Su sonrisa bajó apenas.

Isabella finalmente habló.

—Perdón pero… ¿qué está pasando exactamente?

Casandra la miró.

—Nada importante.

—Claro que es importante —respondí antes de que Isabella pudiera reaccionar—. Porque aparentemente Casandra ahora anda decidiendo qué personas “encajan” o no en la vida de otros.

Casandra soltó aire por la nariz.

—Solo dije la verdad.

—No —la corregí inmediatamente—. Dijiste lo que te convenía.

La mandíbula de Casandra se tensó apenas.

—Siempre haces eso, Fernanda.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Actuar como si fueras mejor persona que todos.

Eso sí me hizo reír, porque si algo nunca hice fue sentirme mejor que otros, más presionada quizás, más cansada probablemente, pero nunca superior.

—Casandra, honestamente necesito que superes el trauma imaginario que tienes conmigo.

Isabella soltó una risa ahogada.

Casandra la ignoró, sus ojos seguían puestos en mí.

—No es imaginario.

Silencio.

—Siempre terminabas quedándote con todo.

Sentí algo incómodo moverse en mi pecho.

Ah.

Así que por fin llegamos al verdadero problema.

—¿De verdad seguimos con eso? —pregunté cansada.

Casandra dio un paso adelante.

—Claro que seguimos con eso.

—Las calificaciones, los concursos, os maestros adorándote, la gente comparándonos, todo mundo pidiéndome que fuera más como tú.

Negué lentamente.

—Yo nunca te comparé conmigo.

—No hacía falta —respondió rápido—. Todos los demás sí.

Casandra siguió hablando

—Y aun así yo tenía personas que sí me elegían a mí.

Eso dolió más de lo que esperaba, porque ya sabía a dónde iba esto.

Hanna, mi mejor amiga de primaria. La que terminó alejándose poco a poco hasta quedarse completamente del lado de Casandra.

Tragué saliva.

Casandra sonrió apenas al notar que entendí.

—¿Te acuerdas o ya borraste esa parte también?

Respiré hondo, lento.

Porque hace unos años eso me habría destruido aquí mismo pero ya no tenía doce años, ya no iba a llorar por alguien usando mis heridas como entretenimiento.

Le sostuve la mirada.

—¿Sabes qué es lo más triste de todo esto?

Casandra frunció apenas el ceño.

—¿Qué?

—Que sigues creyendo que “ganar” personas significa algo.

Silencio.

Y esta vez sí logré borrar completamente su sonrisa.

Di un paso más cerca.

—¿Crees que me dolió perder amistades? Claro, ¿crees que me afectó sentir que tenía que esforzarme para que la gente se quedara? Muchísimo.

Mi voz salió más firme ahora.

Más fría.

—Pero eventualmente entendí algo que tú todavía no.

Casandra no habló, yo tampoco me detuve.

—Las personas que realmente quieren estar contigo lo están sin necesidad de que se los pidas y sin necesidad de que les des algo a cambio, o ¿ Ya se te olvidó todos los regalos caros con los que deslumbraste a Hanna? ¿En serio crees que ella se quedó contigo solo por tu personalidad?

Silencio total, incluso Isabella dejó de moverse.

Casandra apretó la mandíbula.

—Qué bonito discurso.

—No es discurso —respondí—. Es la razón por la que sigues tan obsesionada conmigo después de años, porque quizás si son pocas las personas que se han quedado a mi lado, pero a las que lo han hecho nunca las tuve que comprar




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.