Entre miradas y silencios

Capitulo 29: Cuando el silencio se rompe

⚽⚽⚽⚽⚽Leo Rivas⚽⚽⚽⚽⚽

Diez días.

Diez días desde aquella tarde en la cancha, diez días desde que Fernanda Villanueva apareció para arruinar completamente mis planes de seguir siendo un imbécil.

Y sinceramente no podría estar más agradecido por eso.

Abrí los ojos antes de que sonara la alarma.

Lo cual ya era extraño, más extraño todavía porque por primera vez en semanas no sentía el pecho pesado al despertar pues no había culpa, no había miedo ni esa sensación horrible de estar perdiendo algo importante.

Solo nervios.

Porque hoy era la graduación,la última vez que íbamos a estar juntos como grupo, que entraríamos a la escuela como estudiantes, que escucharemos a los maestros repetir las mismas frases de siempre.

Me incorporé lentamente en la cama, el uniforme de gala estaba colgado detrás de la puerta, mi mamá llevaba una semana recordándome que no lo arrugara y mi papá llevaba otra semana recordándome que no llegara tarde, todo eso mientras yo llevaba una semana intentando procesar que realmente estaba terminando esta etapa.

Tomé el celular por costumbre y sonreí inmediatamente porque había un mensaje.

Uno solo, pero suficiente.

Fer ❤️

"Buenos días."

Debajo había otro enviado dos minutos después.

"No llegues tarde."

Solté una risa, ahí estaba, mi novia, la misma persona que podía escribir algo tierno y regañarme en menos de diez palabras.

Le respondí rápido.

"No prometo nada."

La respuesta llegó casi inmediata.

"Leonardo Rivas."

Volví a reír.

Joder

Me gustaba demasiado esa niña.

Guardé el celular y me quedé sentado unos segundos mirando el techo, pensando porque era imposible no hacerlo hoy.

Pensando en todo lo que había cambiado en tan poco tiempo.

Si alguien me hubiera dicho meses atrás que terminaría enamorado de Fernanda Villanueva probablemente me habría reído, no porque ella no me gustara.

Todo lo contrario.

Sino porque jamás pensé que tendría tanta suerte.

Pensé en las primeras conversaciones, las bromas,las las miradas, las veces que fingimos que no sentíamos nada, los momentos donde estuvo justo frente a mí y aun así ninguno tuvo el valor suficiente para decir la verdad.

Y después pensé en todo lo demás.

Los errores, los silencios, la distancia, los días donde estuve convencido de que la había perdido.

Sentí un escalofrío incómodo porque incluso ahora recordar eso seguía doliendo un poco.

Qué cerca estuve de arruinarlo todo y de perderla por escuchar mis inseguridades antes que a ella.

Suspiré.

No.

No iba a pensar en eso hoy, porque hoy era diferente.

Hoy Fernanda seguía aquí y yo también.

Mi celular vibró otra vez.

Nico

"¿Ya despertaste o tengo que ir a comprobar signos vitales?"

Sonreí inmediatamente, la normalidad regresando una vez más.

"Estoy vivo."

La respuesta llegó segundos después.

"Lástima."

Negué divertido.

Definitivamente sí era mi mejor amigo y definitivamente tenía una forma muy extraña de demostrar afecto.

Me levanté finalmente de la cama, csminé hacia el escritorio y ahí lo vi.

El dije.

Seguía exactamente donde lo había dejado, lo tomé entre mis dedos observándolo unos segundos.

Había querido entregárselo el diecisiete, antes de que todo explotara, antes de Casandra, antes de los silencios y de que mi cerebro decidiera convertirse en mi peor enemigo.

Sonreí apenas.

Hoy sí iba a dárselo, sin interrupciones, sin miedo, sin perder el valor a mitad del camino porque después de todo lo que habíamos pasado Fernanda merecía recibirlo y yo merecía dejar de cargarlo en el bolsillo como protagonista de tragedia romántica adolescente.

Definitivamente era hora.

Llegué a la escuela más temprano de lo normal.

Un hecho histórico, probablemente digno de ser registrado oficialmente.

El patio ya estaba lleno de alumnos corriendo de un lado a otro, profesores organizando filas y padres buscando desesperadamente los mejores lugares para tomar fotografías.

Caos.

El ambiente perfecto para una graduación.

Apenas crucé la entrada alguien me golpeó el hombro.

—Milagro.

Nico.

—Buenos días para ti también.

—Son las ocho de la mañana y llegaste temprano. Estoy preocupado.

—Superalo.

—No puedo.

Sacó el celular.

—Voy a tomar evidencia.

—Nico.

—La gente debe saber.

Intentó tomarme una foto, lo empujé antes de que pudiera hacerlo.

—Madura.

—Tú primero.

Seguimos caminando mientras él hablaba de cualquier cosa y yo fingía escucharlo porque honestamente mi atención estaba ocupada en otro asunto.

Uno bastante específico y femenino.

—Todavía no llega.

Parpadee.

—¿Qué?

Nico me observó con una sonrisa insoportable.

—Fernanda.

—No estaba pensando en ella.

—Claro.

—Lo digo en serio.

—Y yo soy un astronauta.

Rodé los ojos.

Era inútil discutir.

Por suerte alguien apareció para salvarme.

—Buenos días.

Isabella.

—Hola, Isa.

—Hola, Nico.

Ella nos observó apenas unos segundos antes de suspirar.

—¿Ya empezaron?

—Nunca terminamos —respondió Nico.

—Eso explica muchas cosas.

Seguimos hablando un rato hasta que empezaron a llegar más compañeros,algunos profesores.

Todos parecían felices, nerviosos, emocionados.

Y por primera vez entendí realmente que esto estaba terminando porque llevábamos años viendo las mismas caras, las mismas personas, lo mismos pasillos y ahora cada quien tomaría caminos distintos.

Era extraño.

Un poco triste también.

—No pongas esa cara.

La voz de Isabella me sacó de mis pensamientos.

—¿Cuál cara?

—La de protagonista que está reflexionando sobre la vida.

—No tengo una cara para eso.




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