10 años después.
⚽⚽⚽⚽Leo Rivas⚽⚽⚽⚽⚽
Diez años.
Todavía me costaba creerlo algunas veces.
Diez años desde la graduación, diez años desde aquella tarde en la que Fernanda apareció en una cancha para rescatarme de mi propia estupidez, diez años desde que dejamos de escondernos detrás de silencios.
Y, sinceramente, diez años después seguía pensando que había sido la mejor decisión de mi vida.
-Te odio.
Abrí un ojo.
Nico estaba sentado a mi lado en el avión con una expresión que sugería que estaba considerando seriamente lanzarme por la salida de emergencia.
-Buenos días para ti también.
-No son buenos días.
-Son las nueve de la mañana.
-Exactamente.
-Eso no explica nada.
-Lo explica todo.
Volvió a acomodarse en el asiento.
-¿Sabes cuántas horas dormí?
-No.
-Dos.
-Qué tragedia.
-Leonardo.
-Nicolás.
-Te juro que cuando lleguemos voy a denunciarte.
Solté una carcajada.
Porque esta conversación era tan normal para nosotros que probablemente podríamos haberla tenido a los dieciséis años.
Solo que ahora viajamos por trabajo y en lugar de tareas escolares teníamos contratos, entrenamientos, patrocinadores y una cantidad ridícula de compromisos que nadie nos había advertido cuando soñábamos con ser futbolistas.
La vida era engañosa así.
Cuando eres adolescente imaginas los grandes momentos, trofeos, estadios, fama pero nadie te habla de los vuelos interminables, hoteles, reuniones y mucho menos de un mejor amigo que decide convertir el cansancio en un deporte olímpico.
-Todo esto es tu culpa.
-¿Por qué?
-Porque podríamos haber regresado mañana.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
Negué con la cabeza.
Diez años después y seguíamos discutiendo exactamente igual.
-No podía regresar mañana.
-Claro que podías.
-No.
-¿Y cuál es la razón de esta obsesión?
Lo miré como si la respuesta fuera obvia, porque lo era.
-Hoy es diecisiete.
Nico cerró los ojos.
-Sabía que ibas a decir eso.
-Es una fecha importante.
-Lo sé.
-Muy importante.
-Lo sé.
-Extremadamente importante.
-Leo.
-¿Qué?
-Llevan diez años juntos.
-Sí.
-Diez.
-También sé contar.
-Entonces explícamelo.
-¿Qué cosa?
-¿Cómo es posible que sigas siendo igual de intenso?
Sonreí porque sinceramente no tenía una respuesta o tal vez sí.
Simplemente era Fernanda.
Así de sencillo.
Había personas que cambian tu vida una vez y había personas que la seguían cambiando incluso después de diez años.
Fernanda pertenecía al segundo grupo.
Nico soltó un suspiro dramático.
-Voy a arrepentirme de preguntar esto.
-Probablemente.
-¿Qué planeaste?
-Nada.
Me observó.
-Mientes horrible.
-Gracias.
-¿Qué planeaste?
-Nada.
-Leonardo.
-Nicolás.
-¿Hay una caja escondida en tu equipaje?
Guardé silencio porque odiaba que me conociera tan bien, aunque al final de cuentas era lógico pues somos amigos desde los 3 años
-Hay una caja escondida en tu equipaje.
-Tal vez.
-No puedo creerlo.
-Yo sí.
-¿Desde cuándo?
-Unos meses.
Nico dejó caer la cabeza contra el respaldo.
-Pobre Fernanda.
-¿Por qué?
-Porque lleva diez años soportándote.
-Y todavía no se ha ido.
-Eso es lo preocupante.
Volví a reír, porque en el fondo ambos sabíamos la verdad.
Nico había sido testigo de prácticamente toda nuestra historia, de los momentos buenos, de los malos, de los ridículos.
Especialmente de los ridículos.
Había visto cómo me enamoré, cómo casi arruino todo y cómo terminé encontrando exactamente lo que llevaba años buscando.
Por eso entendía mejor que nadie por qué estaba tan desesperado por regresar, porque para mí no era solo una fecha, era nuestro día.
El diecisiete, la fecha que lo había cambiado todo.
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El avión comenzó el descenso y por primera vez desde que salimos del hotel sentí un pequeño nudo en el estómago, no por el vuelo sino por lo que venía después.
Nico me observó de reojo.
-Estás nervioso.
-No.
-Leo.
-Un poco.
-Mucho.
-Tal vez.
-Increíble.
-¿Qué?
-Has jugado finales frente a miles de personas.
-Sí.
-Has salido en televisión internacional.
-Sí.
-Has levantado trofeos.
-Sí.
-Y aun así te pone nervioso una mujer que ya lleva una década siendo tu novia.
Miré por la ventana, las nubes comenzaban a desaparecer mientras la ciudad aparecía debajo de nosotros.
Y sonreí.
-Exactamente.
Porque algunas cosas nunca cambian y sinceramente no quería que cambiaran.
El avión tocó tierra unos minutos después y mientras todos comenzaban a levantarse, una sola idea ocupaba mi cabeza.
Habían pasado diez años, diez años completos y aun así no podía esperar para volver a verla
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El aeropuerto estaba tan caótico como cualquier aeropuerto un lunes por la mañana, personas corriendo de un lado a otro, familias reencontrándose, niños llorando, maletas perdidas, anuncios que nadie escuchaba., el tipo de lugar donde era imposible sentirse especial y sin embargo yo estaba convencido de que aquel era un día importante.
Cuando salimos finalmente del aeropuerto, el aire cálido de la ciudad me golpeó inmediatamente.
Hogar.
Después de tantos viajes, tantos hoteles y tantos estadios, seguía sintiendo eso cada vez que regresaba.
Nico estiró los brazos.
-Voy a dormir doce horas.
-Perezoso
-Voy a dormir doce horas y tú no puedes detenerme.
-Podría intentarlo.
-Si lo haces, voy a contarle a Fernanda todas las tonterías que hiciste durante el viaje.
-Ella ya las conoce.