En la plenitud de la noche, entre tinta y papel,
queriendo ocupar esa hoja en blanco,
firmando mi sentencia de por vida, sin retorno, aceptando la
realidad.
Desde ese momento comprendí, que no podría dar marcha atrás.
Y al releer siempre te encontraría.
Ahí descubrí que te pienso incluso en
las historias que aún no escribo.