Entre Muros y Sueños

Capítulo 14 : Noticias Ambiguas

Era un nuevo día de visitas en Valle Verde y la brisa invernal acariciaba el patio de visitas. Luka apretaba las manos contra los muslos, los dedos marcando surcos invisibles en el tejido áspero de su uniforme. Cada dia de visita desde su ingreso, había esperado en este mismo banco, mirando el portón hasta que los ojos le ardían. Pero hoy era distinto. Hoy el Profe caminaba hacia él con una bolsa de tela colgando del hombro y un sobre amarillento asomando del bolsillo del saco.

—Hijo —saludó el hombre, dejando caer su peso junto a él con un suspiro que olía a tabaco y menta vieja—. Traigo palabras de tu madre.

Luka tragó saliva. El sobre temblaba entre los dedos del Profe como una hoja a punto de caer.

—¿Está...?

—Limpia —cortó el viejo, y la palabra resonó como un milagro—. Como agua de manantial, dice el médico.

La carta olía a jabón de lavanda, el que Ana usaba para perfumar las sábanas cuando las pesadillas venían. La letra, temblorosa pero firme, desplegó un mapa de emociones:

"Querido Lukita,

Hoy amanecí mucho mejor. Es la cuarta mañana seguida. El doctor me dice que mi hígado ya no parece un puño cerrado jajaja broma... Ayer soñé que estábamos en casa nuevamente pero luego desperté por un momento, tuve miedo de despertar sudando otra vez. Pero esta vez no fue así. Me desperté limpia.

Niko me ayuda a contar los días en la pared con crayones cuando viene de visita con el profe. Dibujamos un calendario lleno de estrellas para cuando vuelvas. El Profe le enseña a multiplicar con semillas de girasol (por que tú sabes lo mucho que detesto las matemáticas).

Perdón por todas las veces que no estuve. Ahora entiendo muchas cosas.

Te quiero,

Mamá"

Un nudo de emociones le atravesaba la garganta. El Profe, viendo cómo Luka se le llenaban sus ojos de lágrimas, le pasó un pañuelo arrugado.

—Y Niko... —continuó el Profe, viendo brillar los ojos de Luka, esas lágrimas que el chico intentaba disimular mordiéndose el labio inferior— volvió a la escuela. Es callado, pero aplicado. Dibuja cartas para ti cada tarde.

Luka apretó los puños bajo la mesa hasta sentir las uñas clavándose en las palmas. Las palabras del viejo le quemaban como brasas. Su hermano menor de diez años, ese niño que solía esconderse detrás de sus piernas cuando los perros ladraban, estaba en algún lugar afuera, con sus cuadernos de dibujo y su mochila azul, aprendiendo a vivir sin él. ¿Qué imagen se habría llevado de aquel último día? Las manos ensangrentadas, los gritos de los policías, la camiseta blanca manchada como un trapo sucio. "No quiero ser esa clase de ejemplo para él—" pensó, y el remordimiento le recorrió la espalda como un escalofrío.

El Profe, como si leyera su mente, inclinó el torso hacia adelante. Las arrugas alrededor de sus ojos se profundizaron bajo el sol. —Él no recuerda ese día como tú, muchacho. Solo extraña a su hermano.

Pero la bomba de felicidad estalló con la frase siguiente: —La próxima semana... si todo va bien, lo traigo a visitarte—.

El aire se llenó de destellos. Por un instante, Luka vio colores donde antes solo había sombras.

—¿En serio? —logró decir Luka, con la voz quebrada.

El Profe solo asintió con la cabeza.

El alivio que iluminaba el rostro de Luka se quebró de golpe cuando el Profe ajustó el cuello de su camisa. Ese gesto nervioso, casi imperceptible, lo hacía siempre antes de soltar malas noticias.

—Hay algo más —murmuró el viejo, bajando la voz hasta convertirla en un susurro áspero—. El caso judicial... avanza lento. Demasiado.

Luka notó cómo los dedos del Profe rozaban la mesa plastificada, dibujando líneas fantasmas. El patio de visitas bullía alrededor: risas de chicos abrazando a sus padres, el crujido de bolsas con golosinas, el murmullo constante bajo el sol de primavera. Pero todo eso se apagó cuando la siguiente frase cayó entre ellos como una losa:

—Si no se resuelve antes de que cumplas 18... podrían trasladarte a una cárcel de adultos.

El corazón de Luka se detuvo por un momento solo faltaban 3 meses para cumplir 17 años. Las flores pintadas en los muros de la correccional, los girasoles que Anto cultivaba en la huerta, incluso el calor del sol en su nuca, todo se convirtió en barro pesado.

—¿Cuánto tiempo falta? —apretó los dientes para que la voz no le temblara.

—Seis meses, quizá menos. —El Profe le tomó el brazo—. Pero es solo una posibilidad, muchacho. El abogado está haciendo lo suyo.

El mundo se dividió en dos: el futuro luminoso con Niko visitandolo la próxima semana, y ese otro futuro oscuro acechando como una sombra al final del pasillo. Prisión común. Adultos. Violencia real.

—Respira —ordenó el Profe, clavándole la mirada—. No es hoy. No es mañana.

Luka asintió mecánicamente. La bocina anunciando el fin de las visitas sonó como un disparo a lo lejos.

—Traeré a Niko —prometió el viejo al levantarse—. Verás su sonrisa y recordarás por qué luchas.

La mano de Luka se cerró alrededor de la carta de Ana. Sabores amargos y dulces se mezclaban en su boca mientras caminaba de vuelta a su celda. Mientras finalizaba aquel dia Luka fue sintiendo cómo la esperanza y el miedo tiraban de él en direcciones opuestas.




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