Entre Muros y Sueños

Capítulo 29: Preguntas en la Oscuridad

Un grito rasgó el aire como un cuchillo...

Luka se incorporó de golpe, el corazón golpeándole las costillas con tanta fuerza que casi podía oírlo. La almohada empapada en sudor frío se le pegó a la mejilla al levantarse.

—¿Fue real ese grito? —murmuró con voz áspera, los dedos aferrados al borde del colchón delgado.

La celda olía a miedo rancio y orín viejo. El tiempo aquí era un líquido espeso que se filtraba entre sus dedos; podían ser las tres de la madrugada o el mediodía, no había forma de saberlo. Las paredes sudorosas devolvían el eco de su respiración entrecortada.

Otro gemido, agudo y desgarrado, vino del pasillo. Esta vez no podía ser su imaginación.

Sus piernas temblaron al ponerse de pie, como si el suelo se moviera bajo sus pies.

Cada paso hacia la puerta costó un esfuerzo titánico, como caminar contra una corriente invisible. El metal frío de la puerta le quemó las yemas de los dedos cuando se aferró a la mirilla.

Silencio...

Luka cerró los ojos, tratando de ordenar los fragmentos de su mente. Su mente era un mar de preguntas.

"¿Quien mas estaba en ese mismo lugar con el?¿Estara herido, o herida?", tambien se volvía a preguntar: "¿Cuántas comidas había perdido? ¿Eran dos bandejas las que acumulaba en el rincón o tres?"

Cada racionamiento de pan marcaba un día, eso sabía, pero los intervalos entre entrega y entrega se habían vuelto arbitrarios.

El corazón de Luka se estrujó contra sus costillas mientras pegaba el rostro a la rendija para poder observar. La celda de enfrente, se encontraba con su puerta cerrada, el óxido de sus bisagras devorando la memoria de lo que había detrás.

A su izquierda, bajo el marco rajado de otra puerta, una línea de luz amarillenta bailaba.

Sombras se movían dentro, proyectando un espectáculo mudo en el pasillo desierto.

Voces lejanas.

Esas voces llegaban desde más allá del corredor, de esas habitaciones misteriosas provenían, enredadas en un murmullo que subía y bajaba como oleadas de fiebre. Imposible distinguir palabras, pero reconocía el tono, cruel, burlón, el mismo de los guardias cuando jugaban con los reclusos como gatos con ratones medio muertos.

Un roce metálico. Vidrio deslizándose sobre cemento...

Luka contuvo el aliento. Eso no era parte de los rumores. Eso era nuevo.

La luz de la celda vecina se apagó de golpe.

El silencio que siguió fue peor que cualquier grito. La oscuridad ahora tenía sabor a cobre, a miedo, a secretos enterrados bajo capas de cemento. Luka se apartó de la puerta, sintiendo cómo la realidad se desdibujaba en los bordes.

La correccional había escrito sus reglas en carne viva: algunas preguntas no tenían respuestas. Algunas luces era mejor no seguirlas.

Luka contuvo la respiración. Su mejilla izquierda pegada al metal frío de la puerta, los dedos aferrados a las irregularidades del hierro oxidado. Del otro lado, el murmullo femenino se transformaba en algo viscoso, palabras arrastradas que se deshacían en lamentos. Un sonido orgánico, casi animal, que le erizó la piel.

La luz parpadeante del pasillo dibujó primero la sombra alargada contra el piso.

Luego emergió la guardia, su figura recortada con precisión grotesca. Una capucha negro le cubría el rostro, dejando apenas el contorno de unos ojos que no reflejaban nada.

Los pasos fueron tan silenciosos que Luka sólo los adivinó por el movimiento. La guardia giró la cabeza hacia su celda y por un instante él sintió que esos ojos velados lo atravesaban, que esa mirada sin rostro catalogaba cada uno de sus miedos. Se hizo pequeño, conteniendo hasta el latido de su corazón.

De la celda de enfrente llegó un quejido último, un suspiro, que se iba perdiendo poco a poco en el silencio. La guardia se detuvo, escuchó, y con un movimiento casi ceremonial paso junto a su puerta. Al caminar, el velo se corrió levemente y Luka atrapó un destello de piel pálida, de labios finos dibujando algo que podría haber sido una sonrisa o una mueca de dolor.

Las sombras en la celda iluminada se agitaron.

Alguien estaba ahí , "Quizás... ¿dos personas?". Se movían con urgencia. Un ruido metálico... Un golpe sordo... y silencio nuevamente.

Luka sintió el sudor frío correr por su espalda. Cada fibra de su cuerpo le gritaba que retrocediera, que se hiciera uno con la oscuridad de su celda. Pero su mirada se clavaba en esa habitación oscura, dibujando un mapa de horrores posibles.

La guardia dio media vuelta y su silueta se perdió en la penumbra del corredor. Sólo entonces Luka permitió que sus pulmones se vaciaran en un suspiro tembloroso.

Pero el alivio fue breve.

Desde la celda de enfrente llegó un nuevo sonido: el crujido de una bolsa de plástico siendo manipulada. Un ruido mundano. Cotidiano. Terroríficamente normal en medio de aquella pesadilla.

El chirrido metálico de las botas regresaron, más lento esta vez, como si arrastraran un peso invisible.

Luka contuvo la respiración.

La guardia de la capucha negra reapareció en el pasillo. El corazón de Luka latió con tal fuerza que temió que el sonido escapara de su pecho y delatara su vigilia.

La figura se detuvo frente a la celda contigua, donde las sombras seguían danzando detrás de la puerta entreabierta.

Un murmullo, palabras cerradas como un candado, y entonces... otro susurro en respuesta, una voz femenina quebrada que Luka no alcanzó a descifrar. La guardia asintió, casi ritualmente, antes de girar hacia su dirección.

El pecho de Luka se convirtió en un yunque.




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