Entre Muros y Sueños

Capítulo 30: Retorno

La luz del mediodía le golpeó los ojos como un machetazo. Luka parpadeó, deslumbrado, mientras los guardias lo empujaban escaleras arriba fuera del subsuelo. El aire caliente de primavera le pegó en la cara, cargado del olor a tierra seca y flores de estación.

Varios días en el Hoyo habían borrado su sentido del tiempo: ahora el sol le parecía un intruso, el cielo una herida abierta demasiado vasta.

-"Avanza, García"- gruñó uno de los guardias, marcando el paso con sus botas contra el cemento.

Luka tropezó. Sus piernas, acostumbradas a los tres pasos de la celda de castigo, se negaban a recordar la distancia real de las cosas. El patio estaba casi vacío, solo el personal de turno barriendo hojas bajo el árbol raquítico. Desde alguna ventana lejana, una radio escupía los acordes de Los Rodríguez: "Sin documentos". La ironía le sacó una mueca amarga.

Al cruzar hacia el Bloque B, los ruidos cotidianos lo asaltaron: risas ahogadas tras las puertas, el golpeteo de un balón contra la pared, el zumbido de una mosca persistente. Sonidos que ahora le sonaban a vida, aunque vinieran de ese lugar. Por un instante, creyó reconocer la voz de Mati en alguna broma lejana, pero cuando giró la cabeza, solo vio sombras tras los barrotes.

La celda 12-B seguía igual: el mismo colchón con la mancha de humedad en forma de isla, la inscripción en la pared ("Los sueños también se pudren aquí") ahora medio borrada por alguien. Hasta el olor era familiar ,cloro rancio y lápiz gastado. Se dejó caer en la cama inferior, los huesos doloridos.

-"Bienvenido nuevamente, García"- dijo el guardia más joven en la puerta, ajustándose la gorra-.

Luka asintió mecánicamente. Justo cuando los guardias giraban para irse, logró articular la pregunta que le quemaba la garganta:

-¿Qué día es? ...

El más viejo resopló:

-Martes. 13:35. -

La puerta se cerró con un clic metálico. Luka se frotó la cara con las manos, sintiendo el pelo grasiento. "Martes.... Cuantos días perdidos?"-Pensó .

En la pared, el sol proyectaba una reja imaginaria sobre su cuerpo. Afuera, el viento movía las hojas del árbol como si nada hubiera pasado. Como si el Hoyo fuera solo un mal sueño del que todos despertaban, menos él.

El timbre del recreo resonó por los pasillos de la correccional, un llamado a la vida exterior que hizo saltar a Luka de su cama. Aún aturdido, se unió a la fila de internos que se dirigían al patio. Cada paso era un eco de lo que había vivido días atrás. Al abrirse las rejas, el aire fresco lo envolvió, pero la libertad momentánea solo acentuó la opresión que aún sentía en el pecho.

Al atravesar el umbral, lo saludaban miradas incrédulas: algunos curiosos, otros con desprecio. Pero entre las sombras, dos rostros resplandecían. Anto y Mati esperaban, su preocupación era evidente. Los ojos de Anto brillaban con una mezcla de alegría y temor.

-Luka!!!!- gritó ella, adelantándose para tocar su brazo con suavidad, como si temiera que se desvaneciera-. ¿Estás bien?

Mati se hizo presente al lado, con un entrecejo fruncido. Observaba a Luka detenidamente, buscando alguna señal de daño o trauma.

-¿Te duele algo? ¿Te hicieron algo en el hoyo?- la voz de Mati era directa, como siempre, pero la preocupación desbordaba en su tono seco.

Luka, aún con la cabeza nublada, luchaba por entender la imagen que tenía ante sus ojos. Anto, tan vibrante y llena de vida, y Mati, siempre tan incisivo y divertido. A pesar de ello, las palabras se resistían a salir de su boca.

-No... solo... estaba oscuro.- soltó Luka al fin, la voz rasposa y distante, recordando cada segundo en aquel lugar de aislamiento.

Anto dejó escapar un suspiro de alivio y sus ojos, llenos de melodía y ternura, se entrecerraron al escucharlo.

-Gracias a Dios... no pude dejar de pensar en ti.- su voz dulce era un refugio. La preocupación se reflejaba en su rostro mientras seguía esperándolo-. Matías estuvo casi a punto de ir a buscarte.

-¿Yo? ¿A buscar a quién? Solo estaba planeando una idea loca....- replicó Mati, pero una sonrisa afilada se dibujó en su rostro.

Luka sonrió por primera vez desde su regreso, pero la tristeza aún anidaba en su pecho. No quería hablar más del hoyo, no quería revivirlo en sus recuerdos.

-¿Que paso allí?- preguntó Mati de golpe, aunque sus ojos reflejaban la inquietud que no lograba ocultar. La tensión en el aire era palpable.

-Aun estoy tratando de procesar todo...- murmuró Luka, sin poder desprenderse de la sensación de opresión que lo había rodeado. -No se que fue real y que no.

Anto frunció el ceño y se inclinó hacia adelante, buscando en su mirada.

-Tienes que hablar, Luka. Aquí estamos, te escuchamos.- dijo en un tono casi suplicante. Sus dedos jugaron un momento con su cabello, mientras su mirada se alzaba en busca de su amigo.

Su presencia era un faro en medio de su tormenta interna. Aunque Luka aún se sentía desorientado, quería permitirles entrar. Sabía que tenía que dejar escapar algo de su carga.

-"La oscuridad... te atrapa."- dijo finalmente, su voz casi un susurro. Los ojos de Anto se llenaron de lágrimas y Mati se quedó inmóvil, sin saber qué responder.

Sospechaban lo que había pasado en el Hoyo, pero la brutalidad de su experiencia resonaba de manera aún más atroz en la profundidad de sus palabras.

La risa de otros internos a su alrededor se desdibujaba, mientras Luka se adentraba en su propia vulnerabilidad. Anto se acercó más, apoyando su cabeza ligeramente en su hombro. La calidez de su contacto llenó el vacío agudo que había sentido en el corazón.

-No estás solo, Luka. No lo olvides.- Era un mantra sincero, impregnado de amistad real y esperanza compartida.




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