Entre Muros y Sueños

Capítulo 34: El Reencuentro

En el patio de visitas, el aire flotaba lleno de polen, impregnando cada rincón con el aroma fresco de la tierra que comenzaba a florecer. Luka, Antonella y Mati se sentaban alrededor de una mesa de metal desgastada, la luz brillante del sol acariciando sus rostros. A su alrededor, grupos de internos reían y conversaban, mientras otros esperaban con ansias las visitas de sus familiares. Habían pasado semanas desde que Luka había regresado del tenebroso hoyo, y el espejismo de una vida normal comenzaba a formarse en su mente. Pero la sombra de su experiencia permanecía, como una nube oscura. La ausencia de "El Profe" en el horario de visitas y sin tener noticias de su madre lo inquietaba.

—¿Crees que vendrá hoy?— preguntó Antonella, su voz un susurro suave que apenas se alzó por encima del murmullo. Su mirada atravesaba el bullicio, buscando entre las figuras que se movían como sombras en el fondo.

Luka reflexionó por un momento.

—No lo sé. Espero que sí— respondió con la voz cargada de temor y decepción. El Profe había sido su luz, su ancla en el ocaso, y su ausencia se estaba sintiendo más y más con el paso de los días.

El aire denso de las expectativas se mezclaba con los aromas de la primavera. Luka notó las flores silvestres cultivadas en rincones del patio, como un símbolo de la belleza que a veces emergía entre las grietas de la vida en la correccional. Sin embargo, su mente se aferraba a los ecos del miedo al recordar el relato del Toro en la biblioteca un par de días antes.

En ese instante, un murmullo creció entre la multitud mientras un grupo de adultos ingresaba al recinto. El corazón de Luka se aceleró. El Profe estaba allí, con la misma figura familiar que había iluminado su vida a través de la oscuridad. La convicción en sus pasos y la calidez en su expresión hicieron que la ansiedad de Luka se disipara por un momento, como si un manto de esperanza lo envolviera. Mario y el Profe se aproximaron a la mesa, trayendo consigo un halo de familiaridad que iluminó el entorno gris del patio. Luka sintió un nudo en el estómago al ver al Profe. Sin pensarlo, corrió hacia él, abrazándolo con fuerza, su pecho se hundió en el abrazo paternal, como si ahí encontrará una forma de refugio de las tormentas interiores que lo acosaban. El Profe lo estrechó entre sus brazos, su voz era un murmullo suave pero firme en su oído.

—Los chicos me dijeron que habías sido castigado en mi última visita. Me preocupé por ti.

La sombra del hoyo regresaba a su mente, pero el abrazo del Profe era un bálsamo que aliviaba parte de esa carga. La mirada preocupada de Mario se hizo presente, observando con atención el intercambio.

—Los chicos me contaron lo que pasó aquella noche en la biblioteca —continuó el Profe, su tono fue cauteloso. —No sabía que las cosas habían llegado tan lejos— Su preocupación palpitaba en su voz, y la sinceridad de sus ojos alcanzó el corazón de Luka.

—Lo siento, Profe, no quería preocuparlo —murmuró Luka, casi en un susurro. —Esa noche... no debería haber pasado.

— Fuiste muy valiente Luka, lo importante es que estás aquí ahora. Tienes que hablar si lo necesitas, no permitas que el miedo se convierta en tu sombra— le instó el Profe, acariciándole el hombro con una mano. Luka sintió la intensidad de su mirada, el peso de su preocupación bajo como un manto, recordando que no estaba solo en esta lucha.

Las risas del patio se desvanecieron en el fondo, y el momento se tornó en un pacto silencioso entre ellos. Con voz temblorosa y llena de nostalgia, Luka comenzó a compartir su experiencia en aquel lugar, la oscuridad que lo había perseguido en cada rincón de su mente. Las palabras fluían de sus labios, cargadas de una angustia que había luchado por contener. El Profe, de pie junto a Mario, escuchaba con atención. Su rostro mostraba tristeza y preocupación mientras intentaba ofrecer consuelo con su silencio. Era evidente que cada palabra de Luka lo afectaba profundamente.

—Las sombras eran vivas en ese lugar. Parecía que podía escucharlas susurrar —Luka inhaló hondo, tratando de estabilizar su voz. —Había momentos en que creía que no estaba solo... que había otros allí, atrapados en algún lugar, era todo muy extraño. — Su mirada se desvió hacia Anto, que lo mira con ojos amplios, incapaz de apartar la vista de su dolor.

—Pasaba horas sumido en mi propia mente. Escuchaba a una chica quejándose, pero nunca la vi. — Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.

Anto entrelazó sus dedos con los de Luka, queriéndolo sostener y darle fortaleza. El Profe dio un paso hacia adelante, su corazón pesado por la carga de lo que compartía .

—Entiendo, Luka— le murmuró con suavidad, intentando aliviar un poco de la carga de su historia. —Cuando nuestras mentes se sumergen en el miedo, puede parecer que todo es abrumador.

—"¡No, Profe!"— exclamó Luka. —No entiendes... A veces me despertaba y solo escuchaba ecos. Ecos de mi propia desesperación. No sabía si eran reales o si mi cabeza me estaba jugando una broma, pero yo sé que pasaron cosas que fueron reales y no fueron alucinaciones , cosas muy horribles…. y aun siguen pasando.

Mario frunció el ceño, atrapado en la lucha de Luka, intentando encontrar las palabras adecuadas para consolarlo. Se inclinó hacia adelante, observando cada matiz de la angustia que dibujaba la expresión de su rostro.

—Y lo peor era la incertidumbre...— continuó Luka, una sombra de angustia cruzando su rostro. —Nunca sabía si iba a salir. Era como perderse en un laberinto, con paredes que se cerraban y sombras que me atrapaban—. La gravedad de sus palabras, aquel oscuro relato resonando en el aire, generó un silencio sagrado en el patio.




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