Entre Muros y Sueños

Capítulo 35: Relatos del Pasado

En el patio exterior del Correccional Juvenil Valle Verde, un nuevo día se reflejaba, el sol brillaba intensamente, como si estuviera decidido a llenar cada rincón de la escena primaveral con su cálido esplendor. Era un día espectacular, con el cielo despejado y azul, salpicado de algunas nubes esponjosas que flotaban perezosamente, como recordatorios de una libertad que aún les parecía esquiva. La luz dorada del sol reflejaba en las caras de Luka, Antonella y Mati, quienes intercambiaban miradas cargadas de determinación y nerviosismo, como si cada uno de ellos supiera que estaban al borde de un paso crítico en su plan. La tensión en el aire se hacía cada vez más palpable, como si un hilo invisible uniera sus corazones en un mismo latido ansioso. Sabían que estaban a punto de comenzar un proceso crítico, uno que no podían tomar a la ligera: debían compartir las historias que habían recolectado hasta el momento, juntar las piezas de un rompecabezas que había estado oculto en las sombras de Valle Verde. Habían estado hablando con los chicos y chicas más antiguos de la correccional, aquellos que quizás podrían ayudar a conocer algunos de los secretos y las historias pasadas que se escondían tras las paredes grises. Necesitaban información y, sobre todo, aliados y testigos que estuvieran dispuestos a respaldar de los secretos macabros que ocurrían en las penumbras de Valle Verde.

Cada uno de ellos sabía que un error podría resultar peligrosamente perjudicial. Cada conversación que tenían con los demás reclusos era un campo minado donde cada palabra que compartieran tendría consecuencias graves e impredecibles si lo hacían de manera inapropiada y sobre todo con las personas incorrectas.

Los ecos de algunas historias siniestras resonaban en sus mentes mientras sus ojos exploraban el patio en busca de otros rostros que pudieran estar escuchando. Era inevitable sentir el peso de las miradas ajenas, el rumor inquietante que acompañaba cada movimiento. A medida que se reunían alrededor de esa mesa solitaria en el patio, parecía un pequeño oasis de reflexión y estrategia en medio del caos de su entorno. Tomaron un momento para respirar profundo, llenando sus pulmones de aire fresco, intentando calmar la tormenta de pensamientos que los invadía. Estaban dispuestos a enfrentar el desafío que se les presentaba, sabiendo que, aunque el miedo pulsara en sus venas, su determinación los unía en una lucha colectiva por la verdad.

Luka, con la determinación resplandeciente en sus ojos, se dirigió a sus amigos.

—No podemos detenernos aquí, más allá de lo que recolectamos hasta el momento. Necesitamos seguir recopilando historias. Pero debemos tener mucho cuidado. — Su voz resonó con una angustia latente, como si cada palabra llevará la carga de las sombras que aún los perseguían.

Mati asintió, la intensidad de la expresión en su rostro no pasaba desapercibida.

—Sí, y no son solo historias. He oído hablar de muertes inexplicables entre los internos, desapariciones que se murmuran en los pasillos— dijo con un matiz de seriedad.

—Algunos chicos mencionan que esto solía ser un hospital mental en los años 80, otros me dijeron que fue una escuela, que en la antigüedad hubo un monasterio que fue maldito en estas tierras... No sé cuánto de eso será verdad... , otros dicen que el edificio de la correccional se inauguró en el '74... pero no estoy seguro de cuánta de estas historias son reales o una leyenda urbana.

La inquietud se apoderó del grupo. Luka recordó los ecos oscuros que acompañaban sus noches en el hoyo.

—¿Nombres? ¿Alguien conocido?¿Algún dato interesante ?— inquirió, su voz firme, con un deseo de comprensión llenándolo de urgencia.

Anotando cada palabra como si fueran tesoros, Antonella interrumpió, sintiendo que su voz había encontrado su espacio.

— Hablando con Elisa en el desayuno de ayer, mencionó por primera vez a Virginia. Una chica que había sido su compañera de habitación y que desapareció sin dejar rastro.

Antonella tomó aire.

— Elisa me contó que Virginia era muy sensible, siempre notaba cosas raras, pero después de un tiempo, empezó a hablar de cosas que no tenían sentido. —Sus ojos se oscurecieron al recordar las palabras de Elisa.

— Una tarde, dijo que Virginia había visto cosas extrañas en el hoyo, y que se sentía vigilada muchas veces. Luego, simplemente... desapareció.— La angustia llenó el aire, mientras cada uno de ellos absorbía la historia.

Luka sintió como el corazón le latía más rápido. Las palabras de Antonella despertaron ecos de su propio sufrimiento, su dolor resonando a través de las memorias de la chica desaparecida.

—Se siente...—murmuró,— como la puta punta de un enorme iceberg lo que sucede aquí.

Sus ojos se encontraron con los de Mati, quienes reflejaban tanto temor como comprensión, y el mismo temor comenzaba a adoptar la forma del horror compartido que se aferraba a todos ellos. Mati, visiblemente alterado, se incorporó mientras el murmullo del patio los rodeaba.

—Lo que ha dicho Elisa es inquietante. ¿Cuántas más habrá?— preguntó, sintiendo que el peso de sus palabras rebotaban en la atmósfera.

—Virginia no es la única. Estoy seguro que hay más historias de desapariciones.

—No, no es solo eso. Muchos de nosotros hemos oído rumores sobre otras chicas y chicos que desaparecieron, pero ahora tenemos un nombre, debemos volver a hablar con Elisa—, interrumpió Antonella, su voz cada vez más fuerte, la angustia cosquilleando en su pecho.

—A veces he escuchado a otros internos murmurar que las cosas que suceden aquí son parte de un juego más oscuro, se habla de rituales....

Las palabras se deslizaron entre ellos, como un frío helado que llenaba el espacio de incertidumbre. En ese momento compartido, la desesperación comenzaba a florecer, entrelazándose con la determinación de hacer algo al respecto.

—"Hay algo más grande aquí" — reflexionó Luka, dejando escapar un susurro.




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