En el comedor de la correccional, un aire tenso flotaba en el ambiente, cada joven perdido en sus pensamientos. Las miradas de Luka, Mati, Antonella y Elisa reflejaban un mosaico de preocupación y ansiedad. Los rostros parecían desgastados, con líneas marcadas que hablaban de noches sin dormir y temores acumulados. Los puños cerrados de Mati sostenían los bordes de la mesa con firmeza, mientras su expresión mostraba un conflicto interno entre la esperanza y la desesperación. Los murmullos a su alrededor se mantenían en un tono bajo, la mezcla de voces y risas de otros internos sonaban apagadas. Habían llegado al día diez de la suspensión de visitas, y la incertidumbre se estaba convirtiendo en un peso abrumador que cada uno de ellos cargaba en silencio. La preocupación por saber qué podía estar sucediendo fuera de esos muros tenebrosos pesaba sobre ellos como una nube oscura.
Mientras esperaban, el sonido del teléfono público ubicado en el pasillo cercano interrumpió sus pensamientos. Solo permitían una llamada por interno de apenas un par de minutos, cada segundo contaba como un hilo de conexión al mundo exterior. Era un instante que lo llenaba de ansiedad, ya que cada uno de ellos anhelaba escuchar las voces de sus seres queridos. Elisa, que se encontraba junto a ellos en la mesa tratando de digerir el desayuno de Valle Verde, miró a Luka con ojos expectantes y vulnerables. Su presencia era un reflejo de la angustia compartida; sin pensarlo, se acercó un poco más, creando un espacio cercano, cargado de confianza.
—Ayer hablé con mi hermano mayor; creo que él es lo único bueno que me queda en este mundo.
Los ojos de Luka se abrieron sorprendidos .
—¿Tu hermano? —preguntó, su curiosidad flotando en el aire.
Elisa asintió, sintiendo que la conexión entre ellos se intensificaba.
—Sí, se llama Marcos. Nos cuidábamos mutuamente siempre.
El rostro de Elisa se tornó sombrío, y un pequeño suspiro escapó de sus labios.
—Mis padres murieron en un accidente cuando era pequeña. Desde entonces, fui a vivir con un tío... —sus palabras se detuvieron, y Luka pudo ver cómo los recuerdos oscuros la ahogaban.
—Ese hombre... abusó de mí. No sabía qué hacer. Al final, me deslicé por la vida, entre calles frías y solas.
La confesión fue una mezcla de dolor y rabia contenida, mientras los otros chicos la escuchaban atentamente. Luka sintió un nudo en el estómago al escuchar su dolorosa historia.
—Lo siento tanto —murmuró, buscando consolarla, incluso sabiendo que tal vez no había consuelo en las palabras.
Elisa continuó, su voz era suave, pero contenía un innegable tono de firmeza que atrapó la atención de todos.
—Los robos menores que hice eran mi única manera de sobrevivir, de intentar encontrar una salida a esa oscuridad que me rodeaba. Estuve luchando sola, tratando de conseguir algo de dinero, aunque fuera sucio, para no perderme por completo en el caos de mi vida. Pero al final, me atraparon y aquí estoy, en Valle Verde, atrapada entre estas paredes frías y monótonas. Sin embargo, lo que más anhelo en este momento es salir de aquí. Quiero estar con mi hermano, vivir con él y su familia... una vez que cumpla los 18 y pueda liberarme de esta pesadilla. Él es todo lo que tengo, el único lazo que me queda en este mundo de mierda. Sin él, me siento completamente perdida.
La tristeza en la voz de Elisa resonó en el corazón de cada uno de ellos. Antonella se inclinó más cerca, tomando la mano de Elisa entre las suyas.
—Lo lograrás, estoy segura —dijo con una sonrisa cálida, intentando fortalecer su espíritu. —Nadie debería pasar por lo que tú has pasado.
Los ojos de Elisa se encontraron con los de Antonella en un silencio casi palpable, y en ese instante, una chispa de conexión se encendió entre ellas, iluminando el espacio entre sus corazones. Ambas habían atravesado situaciones similares, experiencias desgarradoras que les habían dejado cicatrices invisibles, pero también una fuerza innata para seguir adelante. Era como si, en ese breve cruce de miradas, pudieran vislumbrar todas las luchas que habían enfrentado y el peso de sus respectivas historias ocultas, y en ese momento, entendieron que no estaban solas, que compartían un vínculo forjado por el dolor y la esperanza.
Luka intervino, decidido a mantener el ánimo.
—Lo importante es que ahora estás aquí con nosotros. Juntos podemos encontrar una salida a esto. El camino será duro, pero no estaremos solos en la lucha.
Los rostros de los chicos se iluminaron con esta resolución compartida. Sin embargo, el temor acechaba en el fondo de sus corazones, una sombra que recordaba la profundidad de la corrupción y la violencia que existía en el lugar que habitaban. Luka se preguntó si realmente eran lo suficientemente fuertes para enfrentar la oscuridad. Pero cuando miró a su alrededor, vio que sus amigos eran su verdadera fortaleza.
Justo entonces, la voz del guardia interrumpió el ambiente.
—Torres, es tu turno para la llamada —anunció, y Mati se levantó rápidamente, sintiendo la tensión del momento.
Se despidió de los demás con nerviosismo; su mirada cruzó la de Luka.
—Espero que sea algo bueno esta llamada.
Mati salió hacia el teléfono con una mezcla de nerviosismo y ansiedad, el eco de sus pasos resonando en el pasillo vacío y desolado de la correccional. Cada paso que daba se sentía como un tambor que marcaba el tiempo en esta rutina carcelaria que parecía un ciclo interminable . Las paredes, frías y grises, parecían observar con ojos vacíos, testigos silenciosos de los sueños rotos que se hallaban atrapados tras sus puertas. Luka, por otro lado, se quedó en su lugar, observándose brevemente en la bandeja de metal que servía tanto para las comidas como para los desayunos. En su reflejo vio cómo sus hombros se encorvaban ligeramente, incapaces de soportar el peso que la vida le estaba imponiendo en ese momento. La presión parecía aplastarlo, una carga invisible que lo mantenía constantemente alerta, siempre en un vaivén emocional entre la esperanza y la desilusión. Sus pensamientos, confusos y turbulentos, se agolpaban en su mente como olas furiosas en una tormenta, luchando por encontrar un lugar en el que aterrizar. Cada uno de ellos traía consigo recuerdos de su pasado, tanto buenos como malos, que colisionaban entre sí y lo dejaban en un estado de melancolía. "¿Qué novedades podría traer Mati en la llamada? ¿Habría respuestas a las preguntas que consumían su mente?". La incertidumbre lo mantenía despierto por las noches, reflexionando sobre el futuro y la posibilidad de un cambio que parecía un sueño lejano. "¿Y si es el Profe? ¿Y si le trae buenas noticias sobre Niko? ¿Puede ser que Ana esté bien?" La ansiedad se intensificaba con cada segundo que pasaba. El tiempo parecía suspenderse, y el mundo exterior se diluía en un mar de incertidumbre. Luka sintió que el tiempo se detuvo mientras esperaban el regreso de Mati. Unos minutos después, repentinamente, Mati volvió a la mesa, apenas conteniendo las lágrimas que brotaban de su rostro. Sus ojos estaban brillantes, como si una luz inusual lo envolviera.
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Editado: 27.05.2026