Entre Muros y Sueños

Dolmenia

Mientras la enfermería se llenaba de un aire pesado y tenso, Silvia se concentró en cambiar las gasas alrededor de la cabeza de Elisa. La tela blanca se empapaba rápidamente, tiñéndose de rojo, evidenciando la gravedad de sus heridas. Mientras trabajaba, sus manos temblaban ligeramente, no solo por la prisa, sino por la preocupación que la envolvía. La vida de esa joven pendía de un hilo y, a pesar de su experiencia, el destino estaba más allá de su control.

—¿Han visto o escuchado a alguien en el pasillo en su travesía hacia aquí? —preguntó la enfermera, levantando la vista hacia Luka y Mati con una mezcla de esperanza y ansiedad.

Luka, con la mirada fija en Elisa, respondió con la voz entrecortada.

—No hemos visto a nadie. Es muy extraño lo que ha sucedido hoy... De repente, las puertas de los dormitorios se abrieron y los guardias comenzaron a entrar, golpeando a algunos de los chicos sin razón aparente.

Silvia asintió, absorbiendo la información, pero su enfoque seguía siendo Elisa. La situación era una tormenta descontrolada, y ella solo podía intentar mantenerla a flote.

Mati, su rostro empapado de preocupación, se inclinó hacia delante, recordando.

— Vi a los guardias golpear salvajemente a otros chicos en el pasillo. Hay algunos heridos en el sector de hombres, por si acaso... —La urgencia en su voz era palpable mientras miraba a Silvia, ansioso por que ella comprendiera la gravedad de la situación.

—No puedo hacer nada sola —dijo Silvia, su tono cargado de frustración—. Necesito la ayuda de algún guardia. Estoy sola aquí en Valle Verde y no puedo dejar a Elisa de lado; ella está muy mal herida.

La enfermera buscó a su alrededor, sintiendo cómo la presión se acumulaba, notando a el Pájaro y a otros chicos presentes tratando de contribuir en lo que podían. El ambiente lleno de tensión se arremolinaba alrededor de ellos como un viento frío, y la angustia de los jóvenes resonaba en la habitación.

Con el rostro demacrado y la voz quebrándose por la ansiedad, Luka alzó la voz.

—Mi amiga Antonella ha desaparecido. No la hemos visto en ningún lado desde que todo comenzó —las palabras se deslizaron de su boca como un susurro, y notó cómo la preocupación se expandía en el rostro de Silvia.

—¿Desapareció? ¿Cómo desapareció?.... qué quieres decir? —preguntó, mientras terminaba de atender la herida de Elisa, su mirada se llenaba de consternación y temor—. Lo que dices es muy preocupante...

Un profundo silencio se extendió por la sala mientras la gravedad de la situación comenzaba a rodearlos. Luka sintió el frío recorrer su ser; la culpabilidad y la impotencia crecía como sombras en sus mentes, opacando el rayo de esperanza que habían tejido con aire de solidaridad. El Pájaro, de pie junto a los demás, observó con inquietud las reacciones que se iban apoderando de ellos; su mirada era una mezcla de angustia y determinación. Al caer en la cuenta de que estaban en un juego peligroso, la ansiedad se apoderó de cada uno de ellos. Luka sabía que su lucha apenas comenzaba, mientras el eco de su verdad resonaba en esos pasillos sombríos; todos podían sentirlo .

En la fría y hospitalaria enfermería, un sentimiento de desesperanza se entrelazaba con el fragor de un futuro incierto. Mientras la tensión en la enfermería era palpable, el sudor caía por la frente de Silvia mientras trataba de estabilizar a Elisa. Su mirada se movía de la herida a los jóvenes que la rodeaban, como si en sus ojos buscará respuestas y esperanza.

—¿Cómo que está desaparecida, Anto? —preguntó Pablo "El Pájaro", su voz llena de consternación. El peso del miedo era evidente en su mirada. Luka y Mati se miraron, intercambiando la presión de la urgencia que empujaba sus relatos hacia adelante.

—Desde que comenzó el caos no la hemos vuelto a ver, en su habitación no estaba... solo estaba Elisa tirada en el piso, ella no estaba....—dijo Mati, su voz resonando con un eco de desesperación.

—No entiendo... esto no tiene sentido —murmuró Pablo, mientras los rostros de quienes lo rodeaban revelaban el horror de la noticia.

Silvia, atrapada en sus propias reflexiones, escuchaba con horror lo que estos adolescentes habían experimentado. Cada palabra era una sacudida de realidad. Reconocía la gravedad de las circunstancias: no solo el dolor físico que veía en Elisa, sino el emocional que llevaba cada chico en su historia.

—Los guardias entraron ... —continuó Luka—. Golpearon a los chicos sin motivo y sembraron el miedo. Es como si estuvieran desatados.

El rostro de Silvia palidecía mientras las historias se entrelazaban. Sus manos, siempre firmes ante el sufrimiento, ahora temblaban. La angustia se acumulaba en su pecho.

Silvia asintió lentamente, su mirada volviéndose distante.

—Esta correccional tiene una historia oscura, incluso antes de que yo llegara. Fui criada aquí en Dolmenia, y mi madre siempre me contó historias sobre Valle Verde y estos lugares.

Los chicos la miraron, interesados.

—Al principio era una escuela o algo así..., pero en los años 80, cambió a correccional. Pero sobre estos cimientos hace siglos atrás existía un monasterio donde sucedieron cosas muy extrañas según leyendas. Siempre se hablaba de cosas extrañas que pasaban aquí, casi como si las paredes estuvieran vivas. La tradición de lo oscuro siempre estuvo presente en Valle Verde—dijo Silvia, su voz entrecortada mientras un aire de nostalgia invadía su corazón.

Escuchando las palabras de la enfermera, Luka comprendió que Valle Verde no solo era un lugar de tormento, sino que contenía un eco de sufrimiento y leyendas oscuras de generaciones pasadas. El destino de Antonella, como el de Elisa y el de ellos mismos, se entrelazaba con esa historia llevada por la corriente del tiempo.

Silvia continuó, con la vista perdida en el horizonte, recordando las advertencias de su infancia.

—Aquí en Dolmenia los adultos siempre nos decían que debíamos tener cuidado. A veces, todo lo que vivíamos se sentía como un profundo secreto, uno que nunca se podía contar... En fin Dolmenia en su historia muy antigua parece tener muchos secretos oscuros— concluyó Silvia, sintiendo una mezcla de melancolía y miedo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.