Al día siguiente de la brutal represión sufrida por los guardias, Luka se levantó con un sentimiento de pesadez que lo acompañaba como una sombra oscura, casi palpable. A medida que se dirigía hacia el comedor para el desayuno, un frágil rayo de luz se filtraba a través de las pequeñas ventanas del pasillo, pero no lograba alegrar su ánimo. Se sentía plenamente cansado, su cuerpo adolorido por los golpes recibidos, y cada paso que daba le recordaba la violencia que había vivido. Esa sensación de tristeza profunda y aflicción se anidaba en su pecho mientras reflexionaba sobre lo ocurrido con Antonella. Era difícil creer que, de un momento a otro, ella había desaparecido de su vida, llevándose consigo el brillo de esperanza que había comenzado a asomarse en su mundo sombrío. La angustia por su ausencia se enredaba con sus pensamientos, creando un torbellino de preocupaciones y dudas que lo acompañaban a cada instante. "¿Qué le habría sucedido? ¿Se encontrará bien?", con cada pregunta que surgía, un nuevo peso se añadía a su dolor, haciéndolo más consciente de la fragilidad de la realidad en que vivía. La noche había sido un caos que no podía borrar de su mente. A veces, se despertaba con sobresaltos, pensando haber escuchado nuevamente la sirena, el eco del miedo resonando en su mente como un canto macabro que lo mantenía despierto.
Su cabeza daba vueltas entre dudas y pensamientos tortuosos, tratando de descifrar dónde estaría Anto. "¿Qué le estarían haciendo?", el nudo en su estómago se apretaba con cada paso que daba. Mientras avanzaba con pasos pesados y cautelosos, Luka no pudo evitar observar a su alrededor, percibiendo cómo todo parecía haber regresado a una especie de "normalidad", como si lo acontecido fuese solo un mal sueño del que todos habían despertado. Sin embargo, la realidad era mucho más sombría; los rostros desencajados de los internos hablaban por sí mismos, como libros abiertos que revelaban una terrorífica narrativa. Desconcierto y temor se reflejaban en sus miradas, inquietas y pérdidas, como si cada uno estuviese atrapado en una pesadilla compartida y no pudiera encontrar la forma de escapar. Algunas chicas lloraban en silencio, con sus rostros enrojecidos y los ojos llenos de lágrimas que desbordaban su dolor, mientras el aire cargado se sentía pesado, impregnado de la angustia que flotaba entre ellos. Luka notó la misma inseguridad reflejada en los chicos de su ala; parecían ser meras sombras de lo que una vez habían sido, como ecos de risas que se habían desvanecido en el abismo de sus miedos.
Al llegar al comedor, se sintió abrumado por el silencio. Se sentó en su mesa habitual, junto a Mati y "el Pájaro". Sin embargo, el silencio que ahora los envolvía era opresivo, y Luka podía sentir cómo se apoderaba de él, como una sombra que lo seguía a todas partes. La preocupación se palpaba en el aire, un aire que parecía estar cargado de una ansiedad palpable que todos compartían, y cada uno de ellos, en silencio, sabía que el día traía consigo un nuevo espectro de inquietud . El mundo que los rodeaba había cambiado, y con cada momento que pasaba, cada segundo que se deslizaba entre sus dedos, sentía que el futuro se tornaba más incierto, como si se sumergieran en un mar de desesperanza del que no podrían salir.
Luka se dio cuenta de que los mismos guardias de siempre estaban presentes, con esa indiferencia habitual que jamás había cesado, como piezas fijas en un juego en el que los demás no tenían voz ni decisión. La pregunta resonó en su mente, intrusiva y atormentadora: "¿serían los mismos que los golpearon anoche?", ese pensamiento le revolvía el estómago y lo llenaba de un nerviosismo creciente.
—No puedo creer que sigan aquí como si no hubiese pasado nada —murmuró Luka, lanzando una rápida y furtiva mirada a Mati, quien parecía tan concentrado en la situación que casi podía sentir su tensión. —¿Habrán sido los mismos guardias de anoche?
—Ya lo creo —respondió Mati, frunciendo el ceño y cruzando sus brazos en un gesto de incomodidad. —Me parece demasiado sospechoso. ¿No te da la sensación de que esto es raro? La represión de anoche fue brutal, y ahora parece que no haya pasado nada, como si todo fuera un mal sueño.
El Pájaro, que se había unido a la conversación, miró con desconfianza a los guardias, quienes conversaban entre ellos de un modo despreocupado que parecía burlarse de la angustia que albergaban los internos.
—Es como si no supieran nada de lo que pasó —dijo, con un tono cargado de incertidumbre.
—Eso no es bueno —dijo Luka, sintiendo cómo una punzada de inquietud le atravesaba. La ansiedad lo envolvía como una nube espesa, casi palpable, que dificultaba su respiración.
—Me preocupa Anto. No he podido dejar de pensar en ella desde anoche.
Mati asintió solemnemente, sintiendo la falta de Antonella como un peso en el pecho que le resultaba imposible ignorar. La tristeza se apoderó de su voz mientras hablaba.
—La ausencia de Anto deja un vacío que no puedo ignorar. Era como un rayo de sol entre nosotros.
—Anoche me desperté varias veces pensando, ¿dónde estará...? —continuó Luka, su mirada perdida en el horizonte del comedor, donde el silencio reinaba como un Dios tirano.
—No quiero pensar mucho porque mi cabeza imagina escenarios horribles, como un laberinto de horrores del que no puedo escapar.
El Pájaro intervino, tratando de aportar algo a la conversación, aunque su tono no ofrecía mucho consuelo.
—Quizás fue trasladada a otro lugar, como el Toro —sugirió, pero su voz temblaba con una inseguridad que no pasaba desapercibida.
Luka lo miró con intensidad, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza en su pecho, casi como si intentara liberarse de su cuerpo.
—¿Tú crees eso? —preguntó, su voz cargada de desesperanza.
—Yo creo que nos quieren silenciar, que no quieren que sepamos nada más, que nos mantengamos alejados de lo que realmente sucede.
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Editado: 05.07.2026