Varios días habían transcurrido desde la intervención en la Correccional Juvenil Valle Verde, el aire fresco del otoño comenzaba a deslizarse entre las debilitadas paredes de aquel lugar. En el comedor, bajo la suave luz del sol que se filtraba a través de las ventanas, Luka, Mati y el Pájaro compartían una mesa. El bullicio de los otros internos resonaba a su alrededor, mezclados con el aroma del té y las tostadas que emergían de la cocina. Mientras el ruido del comedor crecía, una sensación nueva se instauraba lentamente.
—¿Te das cuenta? —murmuró Mati, observando cómo las conversaciones parecían más cercanas a la normalidad.
—Ni rastro de helicópteros ni de esos reporteros insoportables.
Luka asintió, sintiendo cómo el día despejado contrastaba con la tormenta de emociones que todavía llevaban dentro. La idea de que la vida en la correccional podría volver a la rutina les ofrecía un hilo de esperanza. En una esquina del comedor, un altavoz emitía las noticias matutinas. La voz del locutor anunciaba que la búsqueda de Rodrigo "El Toro" Rivas continuaba. Aunque sus palabras parecían lejanas, el recordatorio de que aún había sombras acechando , llenaba el ambiente de incertidumbre.
—¿Crees que lo encuentren? —preguntó Pablo "el pájaro", con una expresión inquieta al recordar los acontecimientos recientes y del pasado.
—No lo sé —respondió Luka.
—Nunca voy a perder las esperanzas.
Luka, Mati y Pablo disfrutaron de un breve silencio que permitió que sus pensamientos internos fluyeran, cada uno sumido en su propio mundo, preguntándose qué depararía el futuro. De repente, Silvia apareció con una sonrisa alentadora, rompiendo la tensión del momento.
—Buenos días, chicos. Tengo buenas noticias —dijo Silvia, acercándose con un brillo en sus ojos.
Luka se sintió al instante más esperanzado.
—¿Es sobre Anto? —preguntó con su voz cargada de inquietud.
Silvia sonrió.
—Está mucho mejor y, si todo sigue así, pronto volverá a estar con ustedes. Hay signos de mejoría, y ha comenzado a responder a los tratamientos.
Una ola de alivio inundó el rostro de Luka mientras Mati sonrió con mezcla de esperanza y nerviosismo.
—¿De verdad? Eso es increíble, Silvia. No puedo esperar a verla.
—Y hay más buenas noticias —continuó Silvia, bajando un poco la voz, como si la información fuera un secreto compartido solo con ellos.
— Elisa también está en camino de recuperación. Su rehabilitación ha avanzado, aunque aún le queda mucho trabajo por delante.
Los ojos de Mati se iluminaron.
—¿Entonces las dos estarán bien? —preguntó, sintiendo que la esperanza comenzaba a tomar forma entre las sombras.
—Sí —asintió Silvia, reafirmando sus palabras.
—Los dos tienen que ser fuertes por ellas, porque esta etapa de recuperación no será fácil. Necesitarán todo el apoyo del mundo.
Luka sintió cómo una chispa de luz se encendía en su interior. Habían pasado por tanto, soportado tanto dolor y sufrimiento, pero ahora veían un rayo de luz a lo lejos. La posibilidad de tener a Antonella y Elisa de vuelta llenaba su corazón de nuevas esperanzas.
—Vamos a buscar la manera de ayudarlas. Haremos todo lo necesario —dijo Luka, con determinación en su voz.
Mati asintió, sintiendo que el aire se había aliviado de alguna manera.
—Esto es el comienzo de algo bueno, puedo sentirlo.
De pronto, Silvia se sentó en la mesa que compartían los chicos, su expresión concentrada mientras rustía un periódico enrollado entre las manos. Al llegar a la mesa, los ojos de los chicos se iluminaron de curiosidad.
—Chicos, tengo algo sorprendente que contarles —dijo Silvia, su voz grave pero entusiasta.
En la voz de Silvia resonaba la promesa de nuevas revelaciones, y Luka ,Mati y el Pájaro en silencio se prestaron a escuchar.
—El fundador de esta correccional... era el padre de Nicolás Arriaga —comenzó Silvia, abriendo el periódico y señalando un artículo donde se narraba la historia de Valle Verde.
Los ojos de Luka se abrieron , y Mati soltó un susurro de incredulidad.
—¿De verdad? —preguntó, asombrado.
Silvia asintió, su expresión llena de seriedad.
—La historia de Valle Verde está marcada por una multitud de secretos y misterios que han perdurado a lo largo del tiempo, como sombras que acechan en la penumbra. Según los registros que encontré, los personajes oscuros que han estado involucrados en este lugar han sabido moverse en las sombras, creando una compleja red de influencias y manipulaciones que se extienden más allá de lo que podemos imaginar. La crueldad de Arriaga no parece ser un rasgo aislado, sino más bien un legado que parece heredarse de generación en generación; su familia, es una de las fundadoras de esta correccional por allá en los 70, dejó una marca imborrable en la institución. Según dicen los rumores que circulan entre los internos y el personal, su legado está teñido de una oscuridad que envuelve no solo a la correccional, sino a toda la comunidad que la rodea, generando un clima de desconfianza y temor que persiste hasta hoy. Muchas de estas verdades ocultas, parecen haber sido olvidadas por el tiempo, pero de a poco están saliendo a la luz nuevamente.
Luka sintió que una sensación helada crecía en su pecho. La conexión entre ese hombre y el dolor que habían vivido cada uno de ellos parecía un hilo más que los unía con el pasado sombrío del lugar.
—Eso es inquietante —murmuró, su mente dando vueltas a la gravedad de la revelación—. ¿Cuántos chicos han sufrido por ese legado?
Mati asintió, sus pensamientos entrelazados con la historia de Silvia.
—Tal vez sea más de lo que imaginamos, y por qué hicieron estas cosas?.
Silvia bajó la voz, su seriedad se intensificó.
—Mi abuelo era de Dolmenia. Siempre me contaba historias confusas sobre cómo se fundó el pueblo hace siglos atrás. El siempre mencionaba que en los bosques se hacían rituales antiguos, y durante muchos años hubo desapariciones de niños, palabras que él siempre decía con una gravedad que siempre me pareció inquietante, aunque mi madre solo respondía que solo eran mitos y leyendas antiguas —La voz de Silvia se convirtió en un susurro.
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Editado: 16.08.2026