Entre Nosotros

Capítulo 5

Drake.

El timbre de la llamada comenzó a sonar: dos, tres; levantó la llamada.

—¿Drake? —la escuché decirme a través del celular—, ¿Drake- qué...?

—Buen día para ti también —la interrumpí.

Podría pasarme el resto del día escuchando como trataba de formular una pregunta completa, pero mi paciencia tiene un límite y estaba lo suficientemente ansioso como para tenerlo todo listo antes de las ocho y media.

—¿No me vas a preguntar por qué te he llamado? Vaya, si que eres lenta.

La escuché soltar un resoplido. Sonrío al imaginarla.

Si hay algo que me encanta hacer, es despertar personas y hacer que su malhumor dure el resto del día.

—¡¿Por qué mierda me llamas a las cuatro de la mañana?! —Carcajé. Nada como despertar la amargura.

—Uhm —fingí pensar, tomando un pequeño sorbo de proteínas—, en primer lugar, faltan tres minutos para las cinco —escuché un sonido extraño a través de la bocina. Ya la estaba viendo tumbarse sobre la cama con una mano en su cara—, en segundo lugar, necesitas hacer más ejercicio; no tienes buen rendimiento en la cama por eso.

Ella no se inmutó. Al parecer sus neuronas también despertaban, así que completó por mí:

—Tercer lugar: necesitas un favor —dijo con voz seca y ronca.

—¡Respuesta correcta! Comuníquese con nosotros para saber los detalles sobre el premio.

La escuché resoplar y maldecir en mi nombre.

—¡Habla ya! —se exasperó.

Solté una carcajada a todo lo que mis pulmones dieron, y seguí riéndome cuando noté que me había colgado.

Rápidamente recibí un mensaje suyo:

Pulgosa 4: Hazte cargo de tus provocaciones.

Terminé de tomarme el contenido del vaso, lo limpié y le respondí.

Yo: eso significa que vienes para acá?

Rápidamente salió escribiendo.

Pulgosa 4: Solo voy por el chisme de saber que quieres.

Yo: ambos sabemos que no.
Yo: pero si te encienden las mentiras cumplo todas tus fantasías.

"Te vas a complicar por gusto".

Mierda, lo sé.

Ella es una aberración, una enferma que quiere jugar a las casitas conmigo. Y sé que ella no cree ni cumple con mis límites, pero hace una semana no salgo de fiesta, y con la fiesta viene el sexo. Así que ando frustrado.

Me siento como un virgen cachondo.

—Todo sea por el Drake de abajo —pensé en voz alta, entrando a la ducha.

*

Aún estábamos recuperando el aliento. Con ella siempre era así de salvaje e intenso.

La sentí recostar su cabeza sobre mi pecho y enredar sus piernas entre las mías. No la abracé. No la toqué. No hice nada con lo que pudiera quedarse fantaseando más tarde.

Hacerlo con ella siempre era bueno, en el momento, claro. Las primeras veces se ponía muy rara, posesiva. Después de unas cuantas amenazas con no dirigirle la palabra, cedió y no tocó más el tema del compromiso. Pero yo igual mantenía la distancia debida.

—¿No crees que hace mucho calor como para andar tan pegados? —le pregunté, aunque tampoco hice nada para apartarla.

No quería ser tan patán.

Soltó un largo suspiro. Se quitó la sábana con brusquedad, caminando desnuda hasta perderse en el baño.

Si había algo que me gustaba de ella, era que no tenía vergüenza de su cuerpo. No tenía las mejores curvas, ni un volumen extremadamente llamativo, pero no se ocultaba y eso la hacía inclusive más sensual.

Su cabello largo se asomó por la puerta, con una mirada encendida.

—¿Qué? —una pequeña sonrisa lasciva se expandió en sus labios— ¿acaso no quieres otra ronda?

Le sonreí con picardía, pero no me dejé llevar del todo.

—¿Me ayudarás en lo que te pedí? —le pregunté en cambio.

Ella lo pensó. El cambio en sus facciones me hizo pensar por un segundo que tendría que aplazar mi plan, pero no fue así:

—Te doy cinco segundos.

Se metió de lleno en la ducha.

Cuando me vió parado en la entrada del baño, hizo un puchero.

—Debí decir tres —pronunció, mientras caminaba hacia ella.

—¿Me ayudarás? —tomé sus caderas en mis manos, descendiendo de a poco, haciendo que el brillo en sus ojos solo aumentara.

—Los amigos están para ayudar.

—Benditos sean los amigos.

Nos fundimos en un beso apasionado, disfrutando del poco tiempo que nos quedaba.

No tuve que explicarle mucho más.

Ella es lo suficientemente inteligente como para ingeniárselas sola.

*

Kate.

Ya no veía a Christian igual. Y eso me estaba matando por dentro, lento y profundo. Me estaba matando la incertidumbre de no saber si él tampoco me veía igual.

No pegué un ojo en toda la noche, pensando y dándole vueltas. Cuando creí que por fin el cansancio me vencía, mi alarma sonó. Nunca había odiado tanto escuchar una alarma en mi vida.

El resultado es obvio, ¿no? Tengo un par de ojeras que podría jurar que toda mi cara está opaca, caída y arrugada.

—Tienes cara de zombie —me susurró Michelle, alternando sus ojos entre el profesor y mi figura—, ya te pareces a Samuel.

—Creo que entiendo a Samuel —respondí.

El profesor nos miró de forma mortífera. Nos callamos al momento.

El susodicho siguió explicando no-sé-qué en la Tabla Periódica, yo fingía resolver el mismo ejercicio una y otra y otra vez.

Dos toques sonaron en la puerta.

Casi sentí el impulso en mi pecho. Esa sensación..., no sabría explicarla. Es como cuando estás en un examen y debes elegir una de tres opciones, cual es la correcta, y vas al descarte, a puro instinto. A mí no me funcionaba nunca, así que desee con el mismo ímpetu estar equivocada ahora.

El profesor suspiró, y dijo en un tono alto para que la persona del otro lado supiera que podía pasar.

Una cabellera castaña oscura se asomó por la puerta, y me di cuenta de que el destino, el karma, la vida o lo que sea que exista, tenía algo en mi contra.




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