Kate.
Tenía alguien nuevo en el club, y se había insertado con una facilidad sorprendente en el grupo.
No lo iba a negar: tenía envidia de Medaly.
Era una envidia saludable, ¿vale? De la que no te hace criticarte y deprimirte, sino que te impulsa a mejorar lo que sabes que puedes.
Medaly es bonita, carismática, sociable, algo loca y muy honesta.
Todo lo que ella hacía con la gracia y facilidad de respirar, a mi me costaba demasiado, como ser carismática y sociable. Resulta que soy lo opuesto a eso.
El bendito timbre anunció el fin de las clases.
Los pocos ánimos que había tomado prestados a medio día, se esfumaron de mí, y nadie nunca volvió a saber de ellos.
—Te acompaño a casa —a pesar de la seguridad con la que Christian me había hablado, vi la interrogante en sus ojos marrones.
Solo quedábamos nosotros en el salón; Michelle y Samuel se habían adelantado. Desvíe el contacto visual a los cuadernos que tenía esparcidos en la mesa. Ahora no podía verlo a los ojos sin sentir esa presión en el pecho que me hacía dudar, me hacía tener miedo de la respuesta a mi duda.
—No —me dí cuenta de lo seca y tajante que soné—. Quiero caminar, necesito estar sola un momento.
Hubo un momento de silencio en que pensé que se había marchado, pero podía sentir su mirada en mis movimientos, así que solo lo ignoré. Lo oí suspirar con pesadez.
—Si así lo quieres —escuché sus pasos viniendo hacia mí. Me tensé un segundo, pero Christian es mi amigo, siempre lo sería—. Si necesitas cualquier cosa me llamas, ¿de acuerdo?
No pude evitar sonreír. Siempre tan sobreprotector...
—De acuerdo.
Me plantó un beso largo en la cabeza, cerré los ojos ante su gesto. La sensación de plenitud me duró muy poco.
Caminar por los pasillos del instituto sola, y sin nadie más a la vista daba un miedo de muerte. Bajé las escaleras mirando mis propios pasos. Cuando llegué al segundo piso, fue incluso más oscuro y frío, tragué saliva con fuerza, apretando la correa de mi mochila.
Todo estaba tan solitario y silencioso...
En contraste, sentía una presencia. Una mirada intensa que me estaba calentando todo el cuerpo, y no de una forma agradable.
Seguí mirando a mis lados pero sin girar la cabeza.
Sentí que podía respirar con normalidad, hasta que pasé por frente a un pasillo largo y tenebroso. El rabillo de mi ojo izquierdo captó un movimiento que una sombra común y corriente no podría hacer.
Mierda.
"Esto ya parece It: El payaso asesino. ¿Sigues pensando que quieres caminar sola?"
Conciencia, no es el momento para tus bromas pesadas.
"Oh, Scream. Definitivamente tenemos esas vibras".
Un cuerpo se cernió a mi costado. Alto, oscuro y peligrosamente cerca. No lo pensé. En las películas de terror el asesino no vienen y te pregunta: "¿Quieres que te pique un pan ya que estoy en la cocina?"
Así que, como toda víctima en apuros, corrí por mi vida.
¡Corre, perra, corre!
¿Lo peor? La sombra ya no era sombra y se puso a correr detrás de mí.
Mi corazón latía como loco y lo único que podía pensar era en salir de aquí lo más rápido posible. ¿Dónde mierda están los profesores? ¿Qué acaso todos se fueron ya?
Esto es malo. ¡Esto es muy malo!
—¡Detente! —escuché que gritó.
¿Para entregarme a la muerte? Jamás. Seré patética, algo estúpida, pero quiero mi vida.
Maldecí.
No debí haber guardado el celular. No debí rechazar la compañía de Christian. Debí decirle a mi Leo no lo odiaba tanto. Debí haber aceptado el chófer de Medaly. Debí... ¡Debí haber escuchado lo que Drake quiso decirme en el almuerzo!
No oía pasos detrás de mí. Estaba llegando a la salida de la escuela. Miré por sobre mi hombro, ya no había nadie. Sonreí, sintiéndome aliviada.
Solo que antes de volver a mirar adelante, impacté la parte frontal de mi cabeza con un hierro.
Caí al suelo, gimiendo de dolor.
—¡Oh, mierda!
Un dolor agudo y punzante se expandió por toda mi cabeza. Cuando llevé mis manos a la zona, un líquido caliente se escurrió entre mis dedos. Confirmé que era sangre cuando observé mis manos, cada vez más desorientada.
Mierda.
"Mantente despierta".
Unos tenis negros se posicionaron frente a mis ojos. Pestañé, y estaba mirando el cielo cada vez menos azul.
Escuché una voz, creí reconocerla pero a la vez era muy lejana.
Levanté un poco mi cabeza, que colgaba en el aire.
Una cabellera castaña... Unos pómulos marcados, su nariz respingada. Se volteó a verme, y antes de formular un pensamiento, caí inconciente en sus brazos.
***
Lo primero que ví fue gris.
Me dolía un poco la cabeza cada vez que abría y cerraba los ojos, pero no era ese dolor insoportable y profundo que sentí antes. Espera... ¿Dónde estoy?
Me levanté de golpe, querido observar todo a la vez. Presioné los ojos. Un mareo me invadió al levantarme de forma tan brusca. Mi mano se hundía en un colchón de espuma. Volví a abrir los ojos, con creciente horror creciendo en mi interior.
Observé mi entorno: paredes grises, una pequeña mesita de noche al lado de la cama en que estaba, y un clóset frente a mis ojos. Una gran ventana de cristal estaba cubierta por una cortina gruesa, solo dejaba entrar un leve rayo de luz.
"Al menos no llevas inconsciente mucho tiempo, aún es de día".
¿Será qué...? ¿Abusaron de mí? Seguía con el uniforme, pero estaba echa un desastre.
Los primeros dos botones de mi camiseta estaban desabotonados, mi falda estaba... Bueno, no tenía nada. Pero una falda se puede subir y bajar con facilidad. Mis tenis estaban en el suelo. Cuando me senté sobre la cama para colocarmelos, no sentí nada diferente. Ni dolor, ni incomodidad.
En el cuarto no había nada de especial: ni cuadros, ni laptop, ni libros, ni perfume. No tenía referencia para saber nada. Quizás estaba en un motel. Tendría sentido.
Editado: 07.04.2026