Entre Nosotros

Capítulo 7

Drake.

Me va a explotar la cabeza. Y los explosivos tienen nombre, apellidos, melena rubia, ojos verdes y un paso tan seguro que me tiene inseguro a mí.

¿En qué momento acepté no hablar, solo porque ella no quería escucharme? ¿Cómo es posible que no lo pensara dos veces y le lanzara el otro casco de mi moto?

Yo, Drake Williams, estaba dejando que una chica se subiera en mi moto. Ninguna conquista había llegado a tanto.

"Bueno, tú no has llegado a tanto con una conquista".

—¿No tienes miedo? —le pregunté.

Kate estaba de pie junto a mi moto, con el casco bajo su brazo y una pose totalmente relajada. No me respondió, al menos en ese instante.

—¿Seguirás con tu voto de silencio? —volví a hablar. Ella fingió observar el paisaje a nuestro alrededor. No había mucho que ver, estábamos en el sombrío estacionamiento de mi edificio—, podemos pasarnos la noche aquí, ¿sabes?

Se volteó a verme con rapidez.

Sonreí. Me acerqué a ella en dos pasos, deteniéndome justo en frente. Ella no desvió sus ojos de los míos.

¿Una mirada podía encender tanto? Rayos, me entero ahora.

Estando frente a ella, ladeé la cabeza a un lado, manteniendo en todo momento esa estúpida sonrisa que no se me iba.

—¿Y bien, Kate Smith? —la incité. El brillo de rabia en sus ojos volvió al instante. Era divertido ver qué tan rápido podía molestarla, y los resultados eran cada vez mejores —, ¿nos quedamos o no nos vamos?

Juraría escuchar el rechinar de sus dientes.

—Eres molesto, ¿lo sabías? —me preguntó, con un tono realmente irritado.

Solté una pequeña risa, posicionando una mano en el depósito de la moto, y luego mi otra mano en el asiento.

Mi cercanía no le afectó en nada. No podía retroceder en su posición, pero ni siquiera me gritó o cambió sus facciones.

Mi cercanía no le afectó en nada.

—Eres bonita, ¿lo sabías? —ahí si obtuve una reacción de su parte: Kate enrojeció.

Lo hizo de tal manera que pensé que sería su cabeza la que explotaría, y no la mía, con esos cambios de actitud repentina.

Se agachó por el espacio que dejé, huyendo con éxito. Fue rápida, no logré ni alcanzar su cintura.

—Si lo que quieres es molestarme para que no tengas que llevarme a casa, lamento informarte que estás muy, pero muy equivocado—. Sentenció.

Seguía roja. Ya no sabía si era a causa de mi halago, o de lo molesta que estaba conmigo.

—Pero que malagradecida eres —me senté sobre la moto, ella bufó—. Cargué con una inconsciente en brazos, te llevé a un hospital, y así es como me pagas.

—¡No hables más mierda! —se exasperó—. ¡Fue por tu culpa que llegué al hospital, me lo debías!

Me reí abiertamente.

—¿En tu palacio no te enseñaron que las princesas no dicen malas palabras? —la provoqué. Era demasiado entretenido sacarla de quicio.

Verla sostener el caso con tanta fuerza y apretar la mandíbula fue como el cielo.

Tan pequeña y bonita, quien no la conozca dice que es un terrón de azúcar. Los que la conocemos nos reímos de la ingenuidad y el desconocimiento.

—¿Acaso me haz visto en un palacio, imbécil? ¿Un príncipe azul? ¿Una tiara? —apuntó el casco en mi dirección cada vez que hablaba.

"Hora de irnos que la fiera salió".

Volví a caminar hacia ella, y la desconfianza era tan clara en su rostro que tuve que hacerme el serio.

—Mira, justo aquí tienes una—. Le coloqué mi casco a ella, abrochándole la correa.

Ella se mantuvo estática, muy quieta ante mi cercanía. Durante el proceso, noté un pequeño lunar en su cuello, llegando a su clavícula.

Hay tantas cosas que quiero ver de ti, Kate...

Quise estrujarla de mil formas: en mis labios, mis brazos, mis piernas..., pero me tuve que contentar con escuchar su respiración agitada.

Cuando mis ojos encontraron los suyos, un deseo primitivo se acrecentó. Fue demasiado... intenso. Sí.

Mi atracción. Mi deseo por ella solo aumentan.

Si me evitaba, si me gritaba, si no me hablaba o no me quería escuchar. Eso solo hacía que quisiera ir por ella con más ímpetu.

—Malandro engreído —pronunció. La sorpresa me plantó una sonrisa.

Sus ojos brillaban bajo la luz de los reflectores. Verdes. Verdes como la esmeralda. Como la piedra preciosa...

—Rubia preciosa —el rojo se acentuó en la parte que el casco me permitía verle.

"Así que los halagos la avergüenzan".

Tiene una vergüenza muy extraña. Cualquier otra chica me voltearía el rostro, Kate me mantiene la mirada. Me permitía ver qué le causaba.

Cuando se sentó sobre mi moto, detrás de mí, tomé la iniciativa/ atrevimiento de colocar sus manos en mi cintura.

¿Qué porqué no hice que me abrazara? Primero hay que hacerlas creer que tienen espacio y control; cuando se den cuenta de que nunca tuvieron nada de eso, será tarde, porque ya estarán demasiado ocupadas acatando mis palabras.

Sonreí bajo mi casco, haciendo rugir el motor de mi Kawasaki Ninja.

Siempre sería un placer conducirla.

Aunque en esta ocasión tuviera acompañante, no era un impedimento para mi adrenalina.

***

No llegaron a ser diez minutos de viaje. En ese tiempo Kate no hizo lo que esperé que hiciera: cuando rocé el límite máximo permitido, ella extendió un brazo a su lado, sujetándose de mi pecho.

Lo primero que pensé fue que estaba más loca que una cabra. Luego la miré más tiempo por el retrovisor, y me di cuenta de que se veía simplemente hermosa. Así que dejé de gritarle, disminuí un poco la velocidad, y casi salgo volando cuando me gritó: ¡DETENTE!

Ella se bajó con rapidez, peleando con la correa que no cedía ante sus apretones y sus jalones.

Yo estaba cruzado de brazos, mirándola con diversión.

—¡Deja de verme y ayúdame! —chilló a la vez que pisaba el piso con fuerza.

Me reí ante sus quejas, lo que hizo que se molestara y se quejara aún más.




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