Kate.
¿Cómo se atreve a mirarme de esa forma? Aquí la decepcionada debía ser yo, no él.
Y aún tenía el cinismo de decirme a la cara que lo juzgo solo por su nombre.¡Pero si me dijo explícitamente que todo es reemplazable para él! ¿Qué esperaba que le dijera? Oh, claro, olvidé que él tenía la expectativa de que yo fuera "diferente".
¿Es sordo, estúpido o retrasado? Sea cual sea la razón, Drake no entendió nada realmente.
Y ojalá se mantenga alejado de mí. Por su propio bien.
"¿No viste esa mirada en sus ojos? Parecía decepcionado de verdad".
Él es un mentiroso, un cínico, un egoísta que solo le interesa su propio beneficio. Alguien tan retorcido y cruel que piensa que todos son objetos útiles, prescindibles y reemplazables. Sí, estaba decepcionado, pero por no lograr su objetivo conmigo.
Si creyó que caería en su jueguito perverso, entonces sí destruí sus expectativas. ¿Dónde está la horca?, porque asumo la responsabilidad.
No caminé mucho hasta llegar a casa. Abrí la puerta.
-¿Quién es él?
-¡Mierda!
Sostuve mi pecho y la puerta con una fuerza inhumana. La puerta para no caer y mi pecho para evitar que mi corazón saliera dando saltos.
Fulminé con la mirada a mis hermanos, aún parados junto a la gran ventana de cristal grueso.
Así que me estaban espiando...
"Bueno, no fue muy inteligente de tu parte estacionar una casa al lado de la tuya".
¿Sabes, conciencia? No te lo digo a menudo, pero me fascina como das opiniones irrelevantes que nadie te pidió.
"Fatalidad a tu servicio, estúpida"
-¿Se puede saber que hacen? -volví a la realidad. Cerré la puerta detrás de mí, con una normalidad tan casual que hasta yo sabía que pasaba algo y fui quién lo vivió.
«¿Qué te pasó en la cabeza?»
«¿Quién era aquel?»
«¿Qué hacía contigo?»
«¿Por qué te trajo?»
-¡Agh, cállense! -me giré de golpe.
Pasé primero por los ojos negros de Chris, echos dos finas líneas que buscaban subtítulos de verdad en mi rostro. Se había cruzado de brazos, haciendo que su figura resultará más fuerte e imponente de lo que ya era por sí sola. Desplacé mis ojos a los de Leo, quién tenía sus manos aprisionado sus caderas, con sus abundantes cejas oscuras unidas casi a la perfección.
A veces los veía y me quedaba pensando que lo único que teníamos en común, eran los apellidos y los padres.
-¿Por qué estabas discutiendo con él? ¿Te está molestando? -Leo fue el primero en hablar, dando un paso al frente.
Chris lo hizo retroceder, tomándolo por el hombro.
-¿Te hizo algo? -Chris se acercó lo suficiente como para tocarme la frente. Solté un quejido de dolor ante su tacto firme-. Perdón, perdón.
Solté un suspiro largo. Sonó afectado. Estaba cargando con mucho los últimos días.
Chris me acarició el brazo, con esa mirada fraternal que te transmitía apoyo, y te decía de forma leve: estoy aquí, no me iré de tu lado.
Me picaron los ojos. De repente quise llorar, sintiendo un dolor enorme en mi espalda; mis hombros.
Miré algún punto entre los hombros de mis hermanos, con la mirada alta. Sabía que si no les daba una explicación convincente no me dejarían en paz, y lo último que necesitaba era más preguntas para las que no conocía respuestas.
-Estoy bien -dije. No sé si es mentira, verdad a medias o el diablo en bicicleta, solo sé que hablé sin detenerme-. Cuando salía de la escuela estaba distraída, así que choqué con el poste de la cerca. Él chico que vieron afuera me llevó a un hospital, y me trajo hasta aquí. No estábamos discutiendo, solo hablábamos -me detuve, tomando una bocanada de aire. Leo tuvo la intención de decirme algo más, pero fui más rápida-. Estoy bien -repetí-, él no me ha molestado. Me voy, estoy cansada.
Subí atropelladamente las escaleras, cerrando la puerta de mi habitación con una fuerza que lamenté emplear.
Caí sobre mi cama. La puerta del clóset frente a mi estaba abierta -esta mañana salí tan apurada que ni la cerré bien-, por lo que me pude observar en el espejo.
Estaba echa un lío, ya lo sabía, pero verme fue algo muy diferente.
Entendía la preocupación de mis hermanos. Parecía como si me hubiesen lanzado en medio de un huracán. Mi cabello -que me llega casi a la cintura- estaba elevado hasta mis hombros, todo nudos y enredos. Mi camiseta blanca estaba desabotonada, arrugada, por fuera de mi falda y varios rayones negros. Tenía una media caída y otra resistía en mi pantorrilla.
Ni hablar de mi rostro. Estaba brillosa producto al sudor,varios mechones de pelo se mantenían pegados a mi piel. Daba lástima ajena.
Un parche blanco ocupaba la parte izquierda de mi frente.
Que vergüenza, me veo horrible.
No puedo creer que Drake me viera así, pensé a la vez que me ponía de pie.
Me detuve con brusquedad, deformando mis facciones en una mueca.
Lo pensé sin querer. Me justifiqué a mi misma.
"¿Yo he dicho algo?"
Me detuve cerca del espejo, mirándome directamente a los ojos.
-No sé si le tengo miedo a tu silencio o a tus palabras.
"Ambas. Sabes que soy el terror de tu vida"
Achiqué mis ojos, con desconfianza.
-Más te vale estar calladita, me veo más normalita.
"Estás hablando en voz alta y mirándote en el espejo, ¿eso es de normalita?"
Me alejé del espejo como si me hubiesen empujado lejos de este.
-Maldita, te odio.
"No puedes odiarme, no serías nada sin mí. Yo soy la voz que t-"
-¡Sorry! Oh, oh. Yeah.
Canté alto, difuminando esa voz en mi cabeza. Algún día me internarán en un psiquiátrico por la loquera esa de andar hablando con la otra yo, pero mientras llegue ese día, seguiré cantando Sorry de Justin Bieber como si mi estabilidad emocional dependiera de ello. Que sí depende. Mucho.
Me desvestí en el baño dentro de mi habitación.
Editado: 07.04.2026