Kate.
Cuando pensé que mi relación con Christian no podía empeorar, lo hizo.
Como la fase "si no me hablas, no te hablo" le quedó corta, ahora probaba la de "si no me haces caso, te acoso". Lo irónico es que la primera solo le duró un día, y lo conocía lo suficiente como para saber que esta sería su solución más duradera y viable: presionarme hasta hacerme hablar.
Y vaya que le estaba funcionando. Cada vez me ahogaba más con mi propio silencio. Me hacía sentir culpable y él lo único que hacía era estar para mí en todo.
Los chicos y yo estábamos sentados en el comedor, ya en el horario de almuerzo. Un silencio incómodo nos rodeaba; el único que comía normal de la vida era Samuel, quien en estos días andaba de un humor mucho más pesado que antes. Michelle fulminaba con la mirada a Christian, quien entrecerraba los ojos en mi dirección, y yo fingía descifrar a Samuel, quien miraba a uno y a otro cada cierto tiempo, poniendo los ojos en blanco.
Tomó la hamburguesa de Michelle, quien ni rechistó; estaba ocupado en su tarea de ojos láser con Christian.
—Ugh, qué ambiente hay aquí —Medaly se sentó junto a mí, después de hacerme a un lado.
Ella nos miró a todos, con sus largas pestañas negras bajando a sus mejillas múltiples veces en un segundo.
—¡¿Jelou?! —alargó la e y luego la u—. ¿Pero qué les pasa? Parecen muñecos francotiradores.
Samuel habló con su tono ártico.
—Te explico —se metió a la boca una papa frita—. Resulta que Kate oculta algo, Christian está estresado porque quiere saber qué le pasa a su "mejor amiga de siempre", y Michelle está molesto porque su "esposo" no le presta atención y es chismoso, así que también quiere saber qué oculta Kate.
—Yo no oculto nada —mi voz falló; carraspeé—, en serio.
—En serio son los subtítulos que te salen de los poros —habló Christian—. Todos gritan: "me pasó algo pero no les quiero decir".
Controlé la mueca de sorpresa que me provocó su comentario. Estaba tan en lo correcto que tardé en negarlo. Definitivamente él me conoce demasiado bien; a pesar de haber pasado casi diez años sin mantener el contacto, luego de reencontrarnos fue como si esos años nunca hubiesen pasado, y podía asegurar que me leía incluso mejor que antes.
—Yo sé que pasó —habló Medaly a mi lado con tono pícaro.
Todos volteamos como exorcistas a verla: con sus piernas cruzadas y sus manos sobre su regazo. Una sonrisa traviesa se expandió por el brillo de sus labios.
Mi corazón latió como si estuviera corriendo una maratón; entonces recordé todo lo que le había contado a Medaly. De repente, una punzada de miedo se expandió en mi pecho al comprender la magnitud de sus palabras.
—Y no es algo... es alguien.
Entonces me surgió la gran duda: ¿Ella hablará? ¿Contará todo lo que sabe sobre mí? ¿Todo lo que le confié a la primera?
Michelle chasqueó la lengua.
—Dinos algo que no sepamos ya —el tono de irritación en su voz me hizo darle un vistazo cauteloso.
Medaly amplió su sonrisa, a lo cual yo fruncí el ceño. Ladeó su cabeza.
—Ese alguien viene para acá —dijo con lentitud, como si fuese locutora de la radio y nos estuviera narrando una historia de terror/suspenso/misterio.
¿Era Drake? Un gran abismo de incertidumbre y ansias se abrió en mi pecho, estrujando algo en mi interior. Solo podía ser él, y las miradas sin cautela de las chicas que tenía en mi rango de visión lo confirmaron.
Todos nos quedamos absortos en nuestros rostros, por eso gritamos en conjunto cuando detrás de Samuel, a mi lado, alguien dijo enérgico:
—¡Hola!
Todos en el comedor miraron nuestra mesa, y yo salté sobre mi asiento, volteando a ver la fuente de esa voz.
Sentí mi rostro cambiar de sorpresa a confusión.
Él no es Drake.
Mi expresión decayó un poco y no me di tiempo a procesar el motivo; no sabía qué hacía él aquí.
—¿Otra vez tú? —Vale, quizás soné más despectiva de lo que siquiera intenté.
Tyler sonrió un poco sorprendido por la forma en que le hablé.
Durante un segundo todo en mi mesa fue silencio, pero noté cómo algunas chicas se acercaban a nosotros solo para respirar el perfume de nuestro acompañante. ¿Con que fue por él...?
—¿Creen que los pueda acompañar? —preguntó con suavidad, señalando una silla junto a Christian, enfrente de mí.
Mi boca estaba preparada para darle el "no" más rotundo de mi vida, pero abrí la boca con sorpresa cuando Christian balbuceó cosas ininteligibles y arrastró la silla hacia atrás, invitándolo a sentarse con nosotros.
Tyler le agradeció, y luego de pasar sus ojos verdes por todos los presentes de la mesa, se detuvo en mí.
Fue una conexión instantánea que me dio un fuerte latigazo en el pecho.
Yo estaba de brazos cruzados, mirándolo con la desconfianza clara en mis ojos. Ya había cerrado la boca.
—Soy tu fan número uno, Tyler —miré exorbitada al moreno a su lado, quien parecía no saber qué hacer o decir.
—De hecho —habló Samuel. Creo que esperaba que dijera alguno de sus crudos y ácidos comentarios, pero lo que dijo fue simplemente el tornillo que desencajó mi mandíbula al suelo—, todos somos tus fans.
Medaly carcajeó a mi lado, divertida en exceso.
—¿Alguien me puede explicar qué mierda está pasando? —hablé, mirándolos a todos y a ninguno a la vez.
—Tus modales, Kate —los pelos de mis cejas tocaron los de mi cabeza—. No queremos darle una mala imagen al capitán del equipo de baloncesto.
Lo único que se escuchó fue la risa tranquila de Tyler. Palmeó con suavidad el hombro de Christian, y este se mordió la boca, mirando con una notoria emoción a Michelle, quien también tenía los ojos muy abiertos y se veía emocionado.
¿Pero qué está pasando aquí? Yo era la única que parecía no entender nada.
—Ya me he dado cuenta de que es así —habló Tyler en un suspiro cuando terminó de reír.
Editado: 07.04.2026