Entre Notas y Miradas

Capítulo 2

Mía Lennox

—Será un día divertido —dice emocionada Nora, mientras mete la maleta a la cajuela del coche—. Iremos a la playa, al bosque a hacer un picnic, de compras e iremos a bailar a algún antro de aquel lugar. ¿No es genial?

Me acomodo la boina azul que me coloqué esta mañana y la miro con escepticismo.

—No me dijiste que iríamos a una... ¿excursión?

—No es una excursión —cierra la cajuela con decisión—. Es un viaje en familia.

—Nora, pero mañana hay clases y...

—No te preocupes por eso. Diremos que nos enfermamos por alguna cosa rara que comimos.

—Vale. Pero si no nos creen, culpa tuya.

—Asumo la responsabilidad —dice levantando una mano como promesa.

Niego con la cabeza, divertida.

—Chicas, se van con Alan —nos dice la madre de Nora, saliendo de la entrada principal.

Trae un vestido floreado largo, suelto, y unos lentes oscuros que le dan ese aire elegante que siempre tiene.

—¿No nos iremos en un solo auto? —pregunta Nora, cruzándose de brazos.

—Alan quiere irse en su auto. Ustedes váyanse con él y yo me iré con tu padre.

Y entonces lo veo.

Sale por la puerta principal como si la escena estuviera cuidadosamente planeada.

Playera blanca. Jeans oscuros. Lentes negros. El cabello ligeramente despeinado por el viento. Tan simple... y aun así imposible de ignorar.

Mi corazón hace algo extraño. Un pequeño salto incómodo.

Alan camina hacia el coche sin prisa.

—¿Se vienen o qué? —pregunta con calma, abriendo el auto.

Nora corre en la parte de atrás, e intento subir con ella.

—¿Pero que...?

—Ah, yo quiero ir aquí sola.

—Pero yo... —empiezo.

—Quiero ir acostada —dice.

—¿Y yo? —pregunto con Toby en las manos.

—Ve adelante.

Genial.

Camino hacia el asiento del copiloto intentando parecer normal. Toby maúlla desde su transportadora.

—Tú también vienes conmigo —murmuro, colocándolo entre mis piernas.

Alan rodea el auto y toma el asiento del conductor. El olor a su perfume invade el espacio. Es suave. Pero firme.

Demasiado firme.

Arranca el motor y el coche comienza a avanzar. Durante los primeros minutos nadie dice nada.

Nora pone música.
Luego empieza a cantar.
Luego a hablar.
Luego a quejarse.

Y después... silencio.

Me giro apenas.

Está dormida.
Toby también.

Y ahora solo estamos él y yo.
En el mismo espacio.
Demasiado cerca.

El sonido del motor es constante. Afuera, el paisaje se mueve rápido.
Trago saliva.

—Oye... —mi voz suena más baja de lo que esperaba.

—¿Hm? —no aparta la vista del camino.

—Lo de esta mañana...

Una esquina de su boca se eleva apenas.

—¿Lo de entrar sin tocar?

Maldición.

—Sí. Yo... no sabía que estabas ahí.

—Lo noté.

Me cruzo de brazos.

—Fue un accidente.

—No dije que no lo fuera— se burla.

—De todas formas —continúo—, lo siento.

Él guarda silencio unos segundos. Luego habla:

—No te preocupes.

Me quedo en silencio. No sé que decir. Mi mente siempre se queda en blanco cuando sabe que va a cometer alguna estupidez.

Así que, solo respondo lo único que se me viene a la mente.

—Vale... gracias.

—Solo espero que no conviertas lo de esta mañana en uno de tus momentos favoritos.

Mi corazón se detiene.

¿Perdón?

Siento el calor subir por mis mejillas.

—Oh —respondo, intentando mantener la compostura—. Y yo espero no tener pesadillas.

Lo miro con desafío fingido.
Un segundo.
Dos.

Y entonces...
Se ríe.

No es una risa fuerte. Es baja. Suelta. Real.

Y, por alguna razón, eso me descoloca más que cualquier otra cosa. Y me termina contagiando, ya que igual me río.

—Tranquila —dice, volviendo la vista al frente—. No soy tan traumático.

—Eso está por verse.

El silencio regresa. Pero ya no es incómodo.
Es diferente.
Más ligero.

Me acomodo en el asiento, mirando por la ventana. Pero soy consciente de cada movimiento suyo. De sus manos firmes en el volante. De la calma con la que maneja.

No debería estar pensando en esto.

Tengo novio.

Y él es el hermano de Nora.

Eso debería ser suficiente.

Apoyo la cabeza contra el asiento y cierro los ojos un momento. El motor sigue avanzando por la carretera, constante. Pero mi pulso tarda demasiado en volver a la normalidad. Y no sé exactamente por qué.

Abro los ojos cuando el auto reduce la velocidad. Estamos detenidos en un semáforo.

—No sabía de ti —digo, y no sé por qué. Tal vez porque el silencio entre los dos empieza a incomodarme—. Bueno... sí sabía, pero no tanto.

Me callo.
Definitivamente estoy diciendo estupideces.

Alan ladea un poco la cabeza y una media sonrisa aparece en sus labios, de esas que no sabes si se burla o simplemente le parece curioso.

—Tranquila —dice—. Yo tampoco sabía mucho de ti.

Hace una pausa breve.

—En realidad, no sé nada.

Eso solo logra que me ponga más nerviosa.

—Ah —respondo, torpe—. Bueno... entonces estamos igual.

—Supongo —contesta, con ese tono tranquilo que parece no esforzarse en nada—. Aunque tú ya pareces haber investigado un poco más que yo.

—No, no —me apresuro a decir—. O sea... lo básico. Nada importante.

—Entonces confirmo mi teoría —dice, mirándome con diversión—, no nos conocemos.

Suelto una pequeña risa, más por nervios que por otra cosa.

—Sí —admito—. No nos conocemos.

—Eso tiene solución.

—¿Ah sí?

—Sí. Pregunta algo.

Lo miro de reojo.

—¿Algo?

—Lo que sea.

El semáforo cambia a verde y el paisaje sigue pasando rápido a nuestro alrededor. Nora sigue dormida, completamente ajena.

—¿Por qué te fuiste? —pregunto antes de poder detenerme.



#5410 en Novela romántica

En el texto hay: de todo, drama, amor

Editado: 08.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.