Entre páginas y balones

Capítulo 5 | Susan

| SUSAN |

Enero

Las credenciales de acceso a la plataforma llegaron el sábado a mi correo electrónico y ese día, Caroline ajusto el horario del restaurante en el tablero de empleados. Cuando llegué del trabajo me ocupé en la computadora para verificar que los enlaces de la clase fueran reales.

Ese lunes, la pantalla de mi computadora mostraba el logo de la fundación mientras me deban ingreso a la clase online. Ese día mi corazón latía más rápido de lo normal. Había preparado mi escritorio, con mi taza de café a un lado y un cuaderno nuevo esperando a ser usado.

Pero, aun así, me sentía nerviosa.

—Es solo una clase virtual —murmuré para calmarme—. No es una entrevista de trabajo. No es una estafa. Solo…la primera clase.

El reloj marcaba las 9:59 am. Un minuto para que todo comenzara. Diez minutos antes, puse una extensión de traducción en tiempo real en mi computadora, para que me apoyara al entender cuando hablarán.

Me dieron ingreso y la pantalla se iluminó con una cuadricula de rostros. Personas de diferentes lugares, con diferentes fondos, luces y ubicaciones. Todos estábamos ahí, conectados con el mismo propósito.

Entonces, una mujer de cabello rubio y sonrisa cálida apareció en el centro de la pantalla. Vestía con ropa elegante, un atuendo color avellana.

—Buenas tardes a todos. Soy Jade, soy trabajadora social y su profesora para este grupo del diplomado. Bienvenidos a Comunicación Deportiva para la Infancia.

Su voz era clara y su acento inglés suave. Me relaje un poco.

—Antes de empezar, quiero que todos escriban en el chat su nombre y país. Así podemos saber quiénes están aquí.

El chat comenzó a llenarse de mensajes: Alemania, Francia, México, Brasil, España, Nigeria, Kenia, Estados Unidos…Era impresionante ver a tantas personas de diferentes lugares a través de mi pantalla.

Mis dedos se movieron sobre el teclado, lo suficiente para que mi mensaje se escondiera entre tantos.

Susan Figueroa, Colombia.

Presioné Enter. Y miré mensajes de otro país: Inglaterra. El mismo país del mensaje que voz que me había asustado esa noche, que se refería al mismo diplomado cuando lo confirme tras ponerlo en un traductor de voz.

—Ahora, me encantaría que algunos se presentaran en voz alta —dijo Jade—. ¿Quién quiere empezar?

Los segundos pasaron y el micrófono se abrió.

—Soy Harper. Periodista deportiva con dos años de experiencia en el campo laboral. Me encanta la idea del diplomado —expresó con una sonrisa de oreja a oreja donde sus ojos verdes brillaban.

—¡Hola! Soy Ángel, soy profesional en Ciencias del Deporte.

Luego, una chica de México. Luego, un chico de Brasil y Alemania. Yo no dije nada. Prefería observar y escucharlos primero para saber que decir o evitar mencionar sobre mí.

—Por cierto. Antes de que se me olvide, esto debí decirlo de primero —dijo Jade cambiando el tema—. El diplomado no tendrá grupo en redes sociales, todo se manejará en la plataforma de estudio para mensajes. Así evitamos la filtración de números, ya que la privacidad es importante para todos.

Sonreí con esa información. Así no tendría que mirar mensajes de grupos incomodos que suenen mientras estoy en el restaurante.

Anoté esa información en mi cuaderno:

“No hay grupos en redes sociales, todo por la plataforma”

—¡Hola! Soy Garret —dijo un chico de piel trigueña y cabello afro corto—. Me gusta jugar fútbol y hacer preguntas. Por ejemplo…—miró a un hombre atrás de él y cerró el micrófono.

—Gracias Garret por tu presentación. Esperamos escuchar tus preguntas algún día.

Jade presentó en la pantalla el cronograma de clases, que, aunque no era mi campo, sentía que podría aprender algo para añadir a mi currículo. Tal vez incluso aplicarlo para ser editora algún día.

¿Cómo se cuenta una historia deportiva para que un niño la entienda y la ame? Escribí en mi cuaderno.

Levanté la vista hacia la pantalla y, sin querer, mi mirada se posó en uno de los recuadros. Un chico de cabello castaño, con una camiseta gris, No estaba mirando a la cámara; estaba mirando su pantalla, con el ceño ligeramente fruncido, como si estuviera procesando algo.

Revisé su nombre en el chat. Buscando su comentario del país.

Ethan – Inglaterra.

El chico era del mismo país del que me habían enviado el correo de voz. No era el mismo hombre, pero sí del mismo país. No le di más importancia y volví a escribir las actividades por entregar.

Afortunadamente, la primera clase era de presentación y con el poco tiempo que teníamos disponible.

No tuve que decir nada, así que pasé desapercibida.

Tan pronto acabó la clase, apagué el computador para ir por mi delantal de trabajo y ponerlo en la mochila pequeña que llevó siempre al restaurante.

—¿Qué tal estuvo la primera clase? —dijo mamá, mientras ponía la masa en el mesón de la pequeña cocina.




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