Entre páginas y balones

Capítulo 7 | Susan

| SUSAN !

Enero

El olor del arroz que estaba preparando mi mamá llegó hasta mi habitación. Ella estaba haciendo el almuerzo temprano, para que yo comiera algo luego de las clases.

La clase empezó igual que ayer. Jade sonrió desde el centro de la pantalla, el chat estaba lleno de saludos en inglés, y yo con mi taza de café al lado y mi cuaderno abierto con los apuntes.

Tan pronto ingrese a la clase virtual, apague mi micrófono.

El grupo de chicos de camisetas grises volvían a aparecer en diferentes pantallas. El misterio de los uniformes. El chico que había estado mirando su pantalla con el ceño fruncido.

Ethan.

Es un nombre corto, fácil de memorizar, por eso lo recuerdo.

Quizás porque es de Inglaterra, pensé. El mismo país del mensaje de voz que me asustó.

Pero no era solo eso. Era la forma en que había estado mirando su pantalla, como si estuviera buscando algo. Y la forma en que, cuando yo levanté la vista, sus ojos se encontraban en otro lugar, como si no quisiera que lo notara.

—Susan —dijo Caroline en la llamada desde mi celular—. ¿Ya empezó la clase?

—Sí —respondí, en voz baja mientras Jade se había ido de la cámara por unos instantes.

—¿Y? ¿Hay alguien interesante?

—Caroline, es una clase —aclaré— y hablan inglés. No entiendo todo para saberlo.

—Entiendo…—dijo con entusiasmo—. Pero si ves a alguien interesante, me avisas. Tengo clientes que atender.

Sonreí y guardé el celular. Caroline es mesera del restaurante como yo, solo que ella llegó en octubre del anterior año.

Cuando Jade regresó a la pantalla, habló sobre cómo el deporte puede ser una herramienta educativa para los niños, sobre cómo las historias deportivas pueden inspirar a las nuevas generaciones.

Yo tomaba notas, pero mi mente estaba a medio camino entre las palabras de Jade y el chay privado que indicaba me había llegado un mensaje en inglés.

Y entonces, lo vi.

Ethan: Hola, Susan. Soy Ethan. ¿Vives en Inglaterra?

Parpadee. Leí el mensaje otra vez.

Ethan: Hola, Susan. Soy Ethan. ¿Vives en Inglaterra?

Me quedé mirando la pantalla, buscando la traducción en mí mente. ¿Por qué un inglés me escribiría a mí? ¿Y por qué justo después de la pregunta de Garret sobre el perfume con olor a café?

¿Esto es una rueda de preguntas entre estudiantes sin que lo sepa Jade?

No lo sabía. Pero su mensaje me pareció normal. No era una pregunta curiosa como la de Garret. Era algo más…cotidiano.

Mis dedos dudaron sobre el teclado. Quería responder, pero no sabía cómo. Podía ser cortante, podía ser amable, divertida. No quería parecer muy fría ni muy entusiasta.

Al final, escribí lo que me pareció más natural:

Susan: Hola, Ethan. No vivo en Inglaterra, pero las clases son en horario de ese país. ¿Y tú?

Envié el mensaje, y sin querer, sonreí. Una chispa de emoción me hizo sentir que tenia vida social fuera de Caroline, mi mamá y los clientes del restaurante. No conocía mucho del chico. Solo su nombre y su país.

Su respuesta llegó unos segundos después:

Ethan: Claro. Las clases son en horario Inglaterra, pensé que vivías aquí.

Leí el mensaje y sentí tranquilidad. Quizás el creía que todos los extranjeros vivimos allí. Como ocurrió con una conocida que pudo vivir en Chile por un año, para pensar que carrera estudiar.

Susan: No. Yo vivo en Colombia. ¿Y tú?

Esperé. Los segundos se alargaron como horas. Y entonces, su respuesta:

Ethan: En Leeds, Inglaterra.

¿Leeds? No conocía esa ciudad ni por películas. Por lo general, las comedias románticas que he mirado son de estados unidos. Así que anoté eso en mi cuaderno.

Leeds, Inglaterra.

La clase continuó. Jade mostraba ejemplos, hacía preguntas. Yo tomaba notas, pero mi mente estaba en el chat. En sus respuestas. En la forma en que había escrito su mensaje, como si estuviera esperando que yo le respondiera.

La clase terminó. Jade se despidió y la pantalla se quedó vacía.

Cerré mi computadora y me recosté en la silla. Mi mamá estaba en la cocina, sirviendo el almuerzo humeante. Sopa caliente.

Me acerqué a ella y alcancé mi plato.

—Gracias por la comida. Ayer me fui rápido y me dio hambre durante el turno —añadí— Afortunadamente, Caroline llegó con unos pasteles de queso a la hora del café.

—Claro hija, no debes irte sin almorzar. —dijo yendo a la pequeña mesa para nosotras—Luego, ¿cómo aguantas tantos clientes que atender?

—No sé. Dicen que al estar en un restaurante te llenas de ver los platos. —me llevé una cucharada de sopa a la boca— Por eso me fui, y ya era tarde en ese entonces ¿Y tú que harás hoy?

—Me llamaron a un turno en la tarde. Así que me iré a la una de la tarde— dijo feliz.

—¿Y que tienes que hacer?

—Limpiar el apartamento de una familia de tres personas —mencionó—. Pero ya tienen allá la escoba para que solo vaya a hacer mi trabajo.

A veces, ella tiene que llevar las escobas en un morral para hacer su limpieza. Porque no todos los sitios tienen disponible.

—Te irá bien, ya es dinero para ti—, dije con alegría.

Almorcé con mi mamá de su trabajo, del clima, de las empanadas que me prepararía para llevar mañana a Caroline. No le conté sobre Ethan. No supe cómo hacerlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.