Entre páginas y balones

Capítulo 8 | Ethan

Nota: ¡Hola! Si estás disfrutando mi historia te agradezco que me sigas en mi perfil. Comentes y recomiendes mi historia. ¡Gracias! -Loreth Mor

| ETHAN |

Enero

Con solo unas horas se cumplieron las palabras de Garret. Hoy tuvimos un entrenamiento fuerte, con pruebas cansadas y un partido de entrenamiento que me hizo sudar toda la camiseta completa.

Tan pronto acabó la prueba, me metí a las duchas con agua caliente que el vapor llenó mi cubículo. Me quedé sintiendo el agua caliente por siete minutos para refrescarme la espalda y los músculos tensionados de mis piernas.

La pierna derecha me ardía cuando caía el agua caliente sobre ella. Luego, cerré la perilla para ponerme la toalla, salí de la ducha y me puse mi ropa nueva en el vestidor.

—Parece que te hubieras puesto a hacer cuentas de tu vida en la ducha—, dijo Garret riendo, pasando su mano por su cabello.

—No de mi vida —reí— pero si necesitaba una ducha para el cansancio del cuerpo.

Cerramos nuestros casilleros y fuimos al restaurante, donde ya estaban algunos con sus bandejas en las mesas concentrados. El olor de la carne llenaba el lugar.

—Hoy si tengo mucha hambre —confesé llevándome una porción adicional de frutas en mi plato.

—Yo también. Necesito comer para sentirme con ánimos —dijo Garret pidiendo una porción adicional de carne en su plato.

La cocinera se reía poniéndole un trozo grande.

Nos dirigimos a nuestra mesa habitual, algunos compañeros ya estaban por la mitad de su plato.

—Garret tenia razón. Este entrenamiento estuvo cansado, no pensé que fuera así— confesé llevándome una cuchara con arroz a la boca

—Yo creó que Dominic mando a que nos pongan más cansados, porque elegimos tomar clases —confesó Alex, un suplente que llevaba menos años que yo en el equipo.

—No lo había pensado así —asentí dándole la razón— Dominic prefiere que estemos en campañas de prensa para tener más patrocinadores en el equipo.

—Desde que Smith aparezca en las portadas como capitán —dijo Garret— la presión de cámaras está más en él, que en nosotros.

Miramos a Smith unos metros más lejos mientras se llevaba un trozo de verduras a la boca.

Cuando el almuerzo terminó, nos cepillamos y fuimos a nuestros casilleros cuatro de nosotros. Ya que los demás se quedaron hablando con los titulares para preguntar sobre sus ruedas de prensa que tenían que hacer hoy.

—La comida de hoy me dejó super lleno para las clases —dijo Garret sacando su bolso.

—Sí. Estuvo deliciosa para irnos a sentar al salón —añadí ajustándome los tenis de nuevo.

Caminamos los cuatro en grupo hasta el salón tecnológico que ya estaba abierto, las luces estaban encendidas y el entrenador estaba adentro ayudando organizar las sillas con cuidado.

—Ya esta listo, en unos minutos empezamos. ¿Listos? —dio una sonrisa amable.

Entramos con paso lento, porque teníamos unos minutos para sentarnos a ubicar nuestros computadores.

—¿Por qué no nos prestan las computadoras del club? —protestó Garret, acomodándose en su silla.

—Porque las salas de análisis táctico fueron costosas y solo hay tres computadoras corporativas. No quieren que se combinen sus actividades o que necesiten entrar en las noches a las instalaciones —comentó el entrenador apoyándose en el escritorio principal— ¿o quieren venir en las noches?

—¡No! —dije yo—. Así con las computadoras estamos bien, cada uno tiene lo suyo.

En ese momento, el grupo de los otro cinco compañeros entró corriendo al salón a toda prisa. Venían agitados de correr. Miraron sus sillas vacías y se detuvieron en seco, completamente espantados.

—¡Nos asustaron! —exclamó uno de ellos, llevándose la mano al pecho para recuperar el aire.

—¿Qué pasó? —pregunto Garret jugueteando con sus dedos.

—Escuchamos un susurro al fondo de los casilleros…Decía “Vayan a clases…” —expresó el chico rubio con la voz temblorosa—. Por eso corrimos como locos para llegar aquí.

Abrí los ojos con sorpresa. El silencio llenó el salón tecnológico, nos mirábamos unos a otros. El entrenador se levantó rápidamente para asegurarse que estuviéramos completos.

—Dos..cuatro..siete..nueve —susurró, y fue a cerrar la puerta del lugar con rapidez. Le puso seguridad.

—A ver, mantengan la calma —ordenó el entrenador, aunque su respiración era agitada—. Este edificio es un complejo cerrado, pero a veces entre ustedes se ponen a hacer bromas. Los veo en la cancha, se cómo se comportan.

—Entrenador, pero éramos nosotros solos en los casilleros…—insistió el rubio, limpiándose el sudor del miedo.

—El oído nos engaña cuando tenemos prisa —cortó el entrenador con firmeza. —Nadie sale de este salón hasta que termine la clase online y venga el autobús. Abran sus computadoras. Ahora.

Nos quedamos callados y acatamos la orden. Puse mi computadora con cuidado en el mismo lugar que ayer.




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