Nota de la autora: ¡Hola! A medida que suba los capitulos pueden comentar ¿De qué personaje quieren un capitulo extra?, ¡lo escribire al finalizar el libro como agradecimiento por leerme! Eso para que puedan ir pensando desde ahora en algún personaje, y se animen a comentar la historia. Él personaje secundario más nombrado ganará . Muchas gracias de nuevo.
-Loreth Mor
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| ETHAN |
Enero
El lunes empezó antes de que mis ojos quisieran abrirse. Había dormido mal. O mejor dicho, apenas había dormido el fin de semana. Las 4:00am. La había pasado mirando el techo, con el celular en la mano, pensando en una conversación que no había tenido.
Cuando el bus del equipo pasó por mí a mi casa, el sol apenas asomaba entre las nubes grises de Leeds. Al llegar a cancha, el césped estaba húmedo por la llovizna de la madrugada. Mis piernas pesaban como si llevaba rocas en los tobillos.
—¡Ethan! —gritó el entrenador desde el centro de la cancha—. ¿Dónde tienes la cabeza?
—Aquí —respondí, aunque no estaba seguro de que fuera cierto.
—Pues tráela al entrenamiento. Vamos a hacer sprints.
Sprints. Justo lo que necesitaba después de no dormir.
Corrí. Mis piernas respondían, pero mi mente no. Cada paso era un esfuerzo. El aire frío entraba en mis pulmones como alfileres.
Garret corrió a mi lado, con su energía habitual que yo no entendía cómo mantenía.
—¿Estas bien? —preguntó, sin perder el ritmo.
—Sí —mentí.
—No, no estás bien. Tienes cara de zombie, pero con ojeras hasta la barbilla.
—Es la luz.
—Es porque no dormiste bien.
No le respondí. Seguí corriendo.
El entrenamiento duró dos horas demasiado largas. Para cuando terminó, mis piernas temblaban. El sudor me empapaba la camiseta. Tenía los brazos caídos y los ojos pesados como si hubiera estado despierto una semana entera.
Cuando salí de tomar mi ducha con agua hirviendo, Garret estaba concentrado en mirarse las manos.
Dejé la ropa sudada en el cesto de la ropa sucia que tenía mi nombre. Cuando alguien acababa de usar las duchas, siempre unas señoras se llevaban la ropa al cuarto de limpieza para lavar cada día.
—En la clase vas a dormirte, ¿verdad? —Garret saludo a la cámara que estaba ubicada en un lugar para ver cuando alguien dejaba ropa y traerla. Así que nadie grababa las duchas.
—No voy a dormirme —respondí, secándome el cabello con la toalla.
—Claro que no. Por eso ya estás bostezando —se pasaba sus dedos húmedos por el cabello.
—¿Cómo tienes tanta energía siempre? —pregunté parpadeando mis ojos pesados.
—Practico natación, miro partidos, soy feliz cuando mi novia me visita, o yo a ella. Y eso me da energía—respondió con sinceridad dejando su ropa en su cesto.
Me quedé mirando unos segundos nuestro reflejo en el espejo frente a nosotros. Algunos chicos cantaban en la ducha y el vapor del agua se añadía a la escena.
—Gracias por la información —me metí en el vestier con mi ropa limpia.
—Solo digo. Si te duermes en la clase. Yo te cubro, no pasará nada.
Me puse la camiseta gris, nuestro uniforme para las clases como de costumbre. Una sudadera negra con líneas a los lados y me puse los zapatos en una silla de metal. Garret salió de su cubículo en pocos instantes.
Cuando todo el grupo de nueve estuvo listo con los bolsos, caminamos al salón tecnológico con solo un minuto de margen. El entrenador ya estaba allí, con las sillas organizadas y mirando el reloj.
Nos sentamos con rapidez y encendimos el computador.
—Tienes cara de no haber dormido en tres días —dijo Garret, a mi lado.
—El domingo me quedé viendo un documental sobre un castillo que no recordaba por qué había elegido, y estuve haciendo limpieza en casa. Pero no dormí muy bien.
Entré a la plataforma del diplomado. La cuadrícula de rostros apareció en mi pantalla. Entre los rostros de las chicas, busqué el suyo. Lo encontré en la segunda fila de recuadros.
Y entonces, me detuve a detallarla.
Susan estaba allí. Pero no tenía su cuaderno abierto.
En lugar de eso, tenía un plato pequeño en la mano. Estaba comiendo algo.
¿Comiendo en clase?
Casi me reí. A pesar del cansancio, casi me reí. Durante toda la semana pasada la había visto escribir en su cuaderno, concentrada. Y ahora estaba allí, comiendo como si nada, con su cuaderno.
¿Dónde está el cuaderno?, me pregunté
—Erhan —susurró Garret—. ¿Estás mirando la clase o a alguien?
—La clase —mentí.
—Claro. Y yo soy el presidente del club.
No le respondí. Volví a mirar a Susan. Estaba comiendo con una expresión de concentración, como si estuviera disfrutando cada bocado al máximo.