Entre páginas y balones

Capítulo 13 | Ethan

| ETHAN |

Enero

A las cinco de la mañana el mundo es gris y hostil, sobre todo si eres suplente y afuera de la ventana la lluvia insistía en tocar la ventana. Me metí a la ducha buscando sobrevivir al madrugón; ser el suplente no me motivaba en gran cantidad.

Con el agua casi hirviendo para quitarme el sueño y la cabeza llena de una espuma densa que olía a menta, pasé mis dedos por las raíces y froté mi cabello ondulado hasta armar una montaña de espuma blanca. Usando las manos peiné las ondas mojadas desde la nuca y las empujé hacía arriba. Limpie el vapor del cristal para admirar mi obra de arte en el espejo de enfrente. Parecía un trol de la suerte.

Definitivamente, el glamur de futbolista estaba sobrevalorado cuando pasaba jugando con jabón en el baño de mi casa. Luego, salí a mi habitación donde me vestí con mi uniforme del día, mi mochila con el computador y bajé a la cocina.

El reloj ya marcaba las seis de la mañana.

—¡Hijo! Buenos días —dijo mi mamá al verme llegar a la cocina—. ¿A qué horas pasa tu bus hoy?

Ella ya estaba tomando una taza de té humeante y mi padre revisaba las llaves del auto cuando me miró con la ropa deportiva de marca que me daba el club.

—Mamá —le di un beso en la frente a ella—. A las seis y media. Hoy el bus pasa rápido por mí, así que daremos un viaje largo.

—Qué buena vida —resopló mi papá con una sonrisa cansada, me dio una palmada a mi hombro—. Aprovecha, campeón. Corre por nosotros hoy. A nosotros nos toca aguantar el ruido de las máquinas hasta las tres de la tarde.

Mi mamá llegaba con una taza humeante de té para mí y calentaba unos huevos en la estufa con rapidez para mí.

—¿Vas a jugar el domingo? —preguntó mi mamá, dándole un trago largo a su taza—. Un vecino me preguntó ayer si te habían bajado a la reserva y casi le tiro el bote de basura encima.

—El entrenador me dijo que estoy cerca ayer. Solo necesito que un titular tenga un resfriado con este clima —me reí, masticando una tostada.

Mi mamá me acercó el plato con huevos humeantes a la mesa. Luego, volvió con dos termos de café humeante que puso en una mochila. Ambos tenían el abrigo pesado de tela para cubrirse en el camino a la fábrica.

—Titular o suplente, te comes todo el desayuno —mi mamá me dio un beso ruidoso en la mejilla tocando un mechón rebelde—. Nosotros nos vamos ya, que la carretera a Bradford se pone imposible con esta lluvia.

—Así será —dije sonriendo mientras se iban a cepillar con rapidez al baño. Yo cargué sus mochilas hasta la puerta.

—Nos vemos en la cena —mencionó mamá—. Ivy se encarga de eso. ¡Te quiero!

Salimos por la puerta hacia el frío y la lluvia. Les puse sus maletas en el viejo auto rumbo a Bradford, siempre me daba melancolía. Mientras yo jugaba al fútbol, ellos trabajaban horas extensas.

Tan pronto se fueron, me acerqué al anaquel donde Ivy deja algunas galletas y me llevé dos a la boca con pocos bocados. Me pasé la mano por el uniforme para quitar las migajas de evidencia.

En breves minutos luego de cepillarme. El bus llegó por mí para ir a las instalaciones. Cuando llegué a la cancha, vi a Dominic Cross sentado en mi sitio de suplente, donde la lluvia no le mojará su traje impecable. Tenia una tableta en la mano y nos miraba.

—¿Por qué está Dominic aquí? —pregunté a Garret, en voz baja.

—No sé —respondió—. Pero no es buena señal. No bajo la lluvia.

El entrenamiento comenzó con rapidez, no podíamos perder ningún minuto en la cancha. Cada vez que miraba hacia Dominic, seguía tomando notas. Observando. Sin sonreír.

Llevábamos solo diez minutos de calentamiento bajo la lluvia implacable y mis zapatos ya pesaban el doble por el agua. El entrenador nos ordenó hacer pases. Cuando llegó mi turno de pasarle el balón a Garret, corrí unos cuantos pasos percatarme de un charco de lodo profundo.

El pie derecho se deslizó hacia delante de forma exagerada, haciendo que mis piernas se deslizaran por el lodo de golpe. Sentí que algo se estiró dentro de mi al instante, el suelo debajo de mí, seguía blando, recibiendo las gotas de lluvia.

Me levanté lo más rápido que pude, intentando actuar como si nada hubiera pasado, pero el lodo negro con césped cubría mi uniforme desde los hombros hasta los talones. Las carcajadas de mis compañeros se añadieron al instante.

El fisioterapeuta vino corriendo a mí, creo que deseaba evitar estar cerca de Dominic.

—A ver, Ethan, veamos rápido esto que Dominic informó ayer que hará unas tomas de las instalaciones —dijo el fisioterapeuta— ¿Qué te pasó?

—Me resbalé en el lodo, me abrí de piernas un poco…me dio un tirón muy fuerte en algún sitio —respondí con incomodidad.

El fisioterapeuta me miró dos segundos el cuerpo sucio de lodo.

—No nos arriesguemos —mencionó finalmente—. Por favor, Ethan. Solo fue el susto del resbalón. Vete a bañar con agua caliente para que se te quite el frío de lodo y ponte ropa seca para evitar algún resfrió.

Miré mi uniforme del equipo, ahora parecía un camuflaje con barro negro. El dolor de la ingle era leve en ese momento. Pero asentí y salí de la cancha por los pasillos del complejo con la mirada de Dominic sobre mí. A mi paso, deje un rastro de huellas negras con agua.




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