El cielo estaba despejado. Un azul limpio, sin nubes que interrumpieran la luz del sol que caía suavemente sobre los edificios de la academia. El viento apenas se sentía, lo suficiente para mover hojas, cabello… y conversaciones. Un día tranquilo. Uno que no prometía nada fuera de lo normal.
—¡¿Pero en qué estaban pensando?!
La voz rompió la calma sin ningún tipo de delicadeza. Algunas miradas se desviaron, pero no era sorpresa. Era costumbre.
—Leo, explícame por qué alguien pensó que era buena idea poner eso en el menú.
Leonhart caminaba con total tranquilidad, una mano en el bolsillo, la otra sosteniendo su bolso de cuero con descuido elegante. Su cabello rubio claro brillaba bajo el sol, y sus ojos azules parecían observar todo… incluso cuando no lo hacía directamente.
—No lo he probado aún.
—¡No necesito probarlo para saber que es horrible!
—Eso suena a prejuicio.
—Eso suena a instinto de supervivencia.
Miyu caminaba a su lado, claramente molesta. Sus coletas se movían con cada paso, los lazos rojos contrastando con su cabello oscuro. Sus ojos, intensos y expresivos, dejaban claro que no estaba exagerando… al menos, no para ella.
—¿Sabes qué es lo peor? —continuó, cruzándose de brazos.
—Que seguro a alguien le gustó.
—Eso es lo normal.
—Eso es preocupante.
Leonhart dejó escapar una leve risa. Miyu rodó los ojos, pero no se apartó. Nunca lo hacía.
—Igual deberías probarlo antes de juzgar.
—Igual deberías dejar de defender cosas cuestionables.
—No lo estoy defendiendo.
—Lo estás haciendo.
—Lo estoy considerando.
—Eso es peor.
El ritmo entre ambos era natural, sin esfuerzo. Como si esa conversación ya hubiera ocurrido cientos de veces… con distintos temas, pero el mismo resultado.
—Por cierto —dijo Leonhart, como si nada—. No te presentaste.
—¿A quién?
—A quien esté viendo esto.
Miyu frunció el ceño, mirando al frente… y luego ligeramente a la nada.
—…Qué.
—Nunca sabes.
Y entonces, sin previo aviso…
A la altura del hombro de Leonhart, apareció algo.
No era una pantalla común. No era un celular, ni un holograma claramente tecnológico. Era… un cuadro suspendido en el aire, como si alguien hubiera decidido escribir sobre la realidad misma.
Letras limpias. Ordenadas.
Como si alguien estuviera “presentándolo”.
[ PERFIL DE PERSONAJE ]
Nombre: Leonhart Veyron
Edad: 17
Curso: Segundo año
Personalidad:
Tranquilo
Observador
Amable sin esfuerzo
Peligrosamente perceptivo
Detalles:
Familia de élite
No le interesa el estatus
Tiende a notar lo que otros ignoran
Medidas:
Altura: 1,82 m
Complexión: Atlética ligera
[ FIN DEL PERFIL ]
Leonhart lo miró apenas de reojo.
—Ah… eso.
Miyu también lo vio.
Y no le gustó.
—No empieces.
—No estoy haciendo nada.
—Pero eso sí.
El cuadro se deslizó suavemente… como si buscara espacio.
Como si quisiera continuar.
Miyu entrecerró los ojos.
—Ni se te ocurra.
El aire volvió a distorsionarse.
Otro cuadro comenzó a formarse frente a ella.
[ PERFIL DE PERSONAJE ]
Nombre: Miyu Akamine
Edad: 17
Curso: Segundo año
Personalidad:
Directa
Expresiva
Protectora
Intuitiva
Detalles:
Amiga de la infancia de Leonhart
Reacciona antes de pensar
Confía en su instinto más que en la lógica
Medidas:
Altura: 1,62 m
Complexión:—
Miyu no esperó.
Su puño se tensó.
Y lo lanzó directo.
💥 ¡CRACK!
El impacto fue seco. Real.
El cuadro no desapareció.
Se rompió.
Fragmentos de luz se dispersaron como vidrio invisible, cayendo y desvaneciéndose antes de tocar el suelo.
—¡LAS MEDIDAS NO SON NECESARIAS!
Varias personas cercanas giraron la cabeza por el grito.
Pero nadie parecía ver lo que se había roto.
Solo escucharon la voz.
Solo vieron a Miyu… golpeando el aire.
Leonhart la observó en silencio unos segundos.
—…¿Te sientes mejor?
—Sí.
—Bien.
Los fragmentos terminaron de desaparecer.
Y con ellos…
cualquier rastro del cuadro.
—Deberías controlar ese impulso —comentó Leonhart mientras retomaban el paso.
—Deberían dejar de intentar mostrar cosas innecesarias.
—Punto válido.
—Siempre lo es.
Siguieron caminando como si nada hubiera pasado.
Como si romper algo que no debería existir… fuera completamente normal.
Un paso más. Otro.
Entonces—
Un tropiezo. Un sonido seco contra el suelo.
—¡Ah—!
Una chica había caído justo frente a ellos.
Y esta vez…
no era algo que pudiera ignorarse.
La chica cayó justo frente a ellos.
Por un segundo… nadie reaccionó.
Y al siguiente—
—¡Ah—! ¿E-estás bien?
Miyu fue la primera en moverse.
Se agachó de inmediato, inclinándose hacia la chica con una expresión completamente distinta a la de hace unos segundos. Su tono cambió, su mirada también… más suave, más cercana.
Editado: 30.08.2026