Entre raices y recuerdos

Capítulo 3: Las semillas entre la mala hierba

El silencio que siguió a aquella confirmación fue absoluto. Nadie parecía saber qué decir. La tableta descansaba sobre la mesa, mostrando los datos en letras claras frente a todos:

[ IDENTIDAD VERIFICADA ]

Nombre: Yuji Kuzonoha

No había margen de error. El sistema había reconocido cada una de sus huellas con exactitud. No existía ninguna duda técnica. Y, sin embargo, frente a ellos seguía sentada una chica de cabello largo y blanco, adornado con unas extrañas plumas del mismo color que caían suavemente sobre sus hombros. Su apariencia era delicada, serena, casi etérea.

Parecía completamente normal. Demasiado normal. No había en ella el más mínimo rastro de nerviosismo. Ninguna expresión de inquietud. Ningún movimiento desesperado por huir. Simplemente permanecía sentada, con los ojos cerrados y una pequeña sonrisa tranquila dibujada en el rostro, como si estuviera esperando a que todos terminaran de asimilar lo evidente.

Finalmente fue ella quien rompió el silencio.

—¿Todavía tienen dudas sobre mi identidad?

Nadie respondió de inmediato.

La chica inclinó levemente la cabeza.

—¿O acaso necesitan más pruebas para convencerse?

El profesor Kuroki la observó con profunda desconfianza, frunciendo el ceño.

—El sistema ya ha confirmado tus huellas. Eso debería ser suficiente.

—Entonces parece que no hay motivo para seguir dudando —respondió ella con calma.

—No necesariamente —replicó él con sequedad.

La chica soltó una risa suave, como si aquella desconfianza le resultara familiar.

—Sigues siendo igual de precavido, Kuroki. Igual que siempre.

Leonhart sintió cómo el aire se le escapaba por un instante. Otra vez. Aquella manera de hablar. Aquella familiaridad absoluta. Aquella seguridad al pronunciar su nombre, como si lo conociera desde hacía años. Como si realmente conociera a cada persona que tenía delante.

La chica llevó una mano al bolsillo de su uniforme escolar.

—Aunque… quizá esto también ayude a despejar cualquier duda.

Sacó algo entre sus dedos. Una pequeña tarjeta de plástico, desgastada por el tiempo. La sostuvo con cuidado, como si fuera algo precioso.

Miyu abrió los ojos de par en par.

—Esa es…

La tarjeta mostraba claros signos de haber estado mucho tiempo sin protección: manchas de barro seco, pequeños arañazos recorriendo su superficie. Pero el diseño, los colores, el emblema en la esquina superior… eran inconfundibles. Era la identificación oficial de la Academia Aozora.

Leonhart dio un paso hacia adelante, incapaz de contenerse.

—¿Dónde la encontraste?

La chica sonrió con dulzura.

—No la encontré.

Guardó un breve silencio antes de añadir:

—Era mía.

Miyu sintió un escalofrío que le recorrió toda la espalda.

—Esa tarjeta… —susurró ella—. Es la que llevabas el día que desapareciste.

La habitación volvió a sumergirse en un silencio tenso y pesado.

Kuroki tomó la tarjeta con extrema precaución. La examinó detenidamente bajo la luz. Luego la acercó al lector integrado de la tableta.

Un pitido breve y claro rompió el silencio.

La pantalla se iluminó con nuevos datos:

[ TARJETA AUTÉNTICA ]

[ EMITIDA POR: ACADEMIA AOZORA ]

[ MICROCHIP: IDENTIFICACIÓN ÚNICA — VERIFICADO ]

El profesor frunció aún más el ceño.

—Todos nuestros pases contienen un microchip imposible de falsificar. Cada uno tiene un código único registrado en nuestra base de datos.

La directora asintió lentamente.

—Es fabricado exclusivamente por la institución. Nadie más tiene acceso a esa tecnología.

Kuroki volvió a mirar la pantalla, luego la tarjeta, y finalmente a la chica.

—Y este código coincide exactamente con el registro original de Yuji Kuzonoha.

Los murmullos estallaron entre los alumnos, bajos pero cargados de incredulidad.

—Entonces realmente es él…

—Pero no puede ser…

—En la foto aparece como un chico…

—Es imposible.

La chica permanecía inmóvil, sin alterarse lo más mínimo. Cada nueva prueba parecía dejarles con menos argumentos para negar la verdad que tenían ante los ojos. Primero las huellas. Ahora aquella identificación, la misma que se suponía perdida desde el día de su desaparición. No era una tarjeta encontrada al azar. Era la suya. Exactamente la suya.

Elena había permanecido en silencio, observándolo todo con expresión impasible. Sin embargo, incluso ella parecía tener dificultades para procesar lo que estaba ocurriendo. Finalmente dio un paso al frente, firme y decidida.

—Hay algo que todos estamos evitando preguntar. Pero yo no voy a callármelo.

La chica levantó levemente la cabeza.

—¿Y qué es?

Elena la miró directamente a los ojos.

—Tu apariencia.

Un silencio incómodo se apoderó del salón.

—En el registro —continuó Elena con voz firme—, en la fotografía de tu identificación, apareces como un chico. Cabello oscuro. Lentes. Rasgos masculinos. Y el sistema también te reconoce como hombre. Sin embargo… —la recorrió con la mirada de arriba abajo— ahora eres completamente distinta.

Elena endureció aún más el semblante.

—Quiero saber cómo es posible que hayas vuelto así.

La chica guardó silencio unos instantes.

—Desapareciste hace más de un año —siguió diciendo Elena, con una mezcla de firmeza y emoción contenida—. Nadie supo dónde estabas. Tu familia te buscó sin descanso. Meses enteros sin una sola pista.

Su voz se volvió más pesada, más dolida.

—Tus padres no dejaron de buscarte un solo día. Tu hermana…

Miyu bajó la mirada, apretando los labios.

—Tu hermana te esperaba cada tarde —continuó Elena—. Y ahora apareces aquí de la nada, sin avisar, afirmando ser Yuji… y con un aspecto que no se parece en nada al que tenías.

La chica sonrió levemente.

—¿Quién sabe qué cosas pueden ocurrir en un año?

—No juegues con nosotros —replicó Elena, frunciendo el ceño.



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Editado: 14.09.2026

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