Nunca imaginé que un mensaje pudiera doler tanto. Era un martes cualquiera, de esos días normales donde el sol sale, el café sabe igual y la vida parece tranquila... hasta que deja de serlo. Estaba sentada en la sala, con el celular en la mano, esperando un mensaje que nunca llegaba, o mejor dicho, esperando el mensaje correcto.
Lo que recibí fue algo distinto.
-"Tenemos que hablar".
Tres palabras.
Tres palabras que tienen el poder de romperte el alma, me quedé mirando la pantalla por varios segundos, como si al no responder, la realidad fuera a cambiar, como si todo fuera una broma, un malentendido o simplemente un día raro.
Pero no.
Era real.
Mi corazón empezó a latir rápido, y una sensación extraña me recorrió el cuerpo.
No era miedo... era presentimiento.
-¿Qué pasó ahora?- me dije a mi misma en voz baja. Respiré profundo, tratando de mantener la calma, aunque por dentro ya sentía que algo se estaba rompiendo.
Le respondí con un simple:
-''¿Todo bien?''.- tardó en contestar, mi mente empezó a correr más rápido que yo.
Recordé las últimas discusiones, los silencios incomodos, las promesas que poco a poco se fuerón quedando vacías. Recordé como las risas se hicieron menos frecuentes y cómo los abrazos se volvierón más fríos. Y entonces llegó el mensaje.
-''No quiero seguir con esto''.
Así.
Directo.
Sin explicación.
Sentí como si el aire desapareciera de la habitación. Como si el mundo se hubiera detenido por un segundo, y luego siguiera girando... pero sin mí.
No lloré de inmediato.
Primero vino el silencio.
Ese silencio pesado que se siente en el pecho, que te aprieta la garganta y te deja sin palabras. Miré alrededor, buscando algo que me despertara de ese momento, pero todo estaba igual, la mesa, la televisión, la taza de café... todo seguia en su lugar. Menos yo.
Porque en ese instante entendí algo que nunca pensé aceptar, había perdido a alguien... pero también había perdido una parte de mi.
-¿Y ahora que hago?- susurré, nadie respondio.
Solo el sonido de mi propio corazón, injtentando entender cómo algo que parecía tan fuerte podía terminar con un simple mensaje.
Ese fue el día en que mi historia cambió. Y aunque en ese momento no lo sabía, también fue el día en que comenzó mi proceso de volver a encontrarme.