Entre risas, Cicatrices y Amor

Llorar también es soltar

Esa noche no dormí, no porque no tuviera sueño, sino porque tenía demasiados pensamientos. Mi mente parecía una película que se repetía una y otra vez, mostrando los mismos recuerdos, las mismas palabras, las mismas promesas que ahora se sentían vacías. Miré el techo durante horas, el silencio de la casa era tan fuerte que ppodía escuchar mi propia respiración. Intenté cerrar los ojos, pero cada vez que lo hacia, aparecía su rostro en mi mente, su sonrisa, su voz, sus mensajes de ''te amo'' que ahora perecían una mentira mal contada.

Y entonces pasó.

Una lagrima cayó.

Luego otra.

Y otra.

En cuestión de segundos, ya no podía detenerme. Lloré por lo que fue, por lo que soñé y por lo que nunca sería. Lloré por todas las veces que me quedé callada para evitar una discusión, por todas las oportunidades que dí esperando que las cosas cambiaran. Lloré hasta que me dolió la cabeza.

-Esto no puede esatar pasandome- diije entre sollozos.

Me levanté de la cama y caminé lentamente hacia el baño. Mi reflejo en el espejo me sorprendió. Tenía los ojos rojos, el cabello desordenado y una expresión que apenas conocia. Parecía cansada... pero no físicamente. Cansada del alma.

En ese momento tomé una desición impulsiva, llamé a mi mejor amiga. Eran casi las 2:00 de la madrugada. El teléfono sonó una vez... dos veces... tres veces.

-¿Quien se esta muriendo?- Contesto con voz dormida, a pesar de todo, solté una pequeña risa.

-Soy yo.- Hubo un silencio breve.

-¿Qué hizo ese hombre ahora?- No tuve que explicarale nada, ella siempre entendía antes de que yo hablara.

-Terminamos- susurré, escuche como se incorporaba de la cama.

-Esperame voy para allá.-

-No, no hace falta...

-Sí hace falta- respondio con firmeza- Nadie debería llorar sola a las 2:00 de la mañana.

Colgué el teléfono y me senté en el borde de la cama. Por primera vz en horas, no me sentía completamente sola. Treinta minutos después, escuché el timbre de la puerta.

Abrí. Ahí estaba ella, con el cabello recogido, una sudadera grande y una bolsa en la mano.

-Traje chocolate- dijo levantando la bolsa- Y si hace falta, tambiénb traje paciencia.

La miré por unos segundos... y la abracé con todas mis fuerzas. En ese abrazo entendí algo importante. Llorar no era debilidad, llorar era una forma de soltar. Y aunque el dolor seguía ahí, ya no estaba cargandolo sola.



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En el texto hay: comedia, romance, drama

Editado: 27.03.2026

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