El olor a café fue lo primero que sentí esa mañana, abrí los ojos lentamente, todavía con la mente cansada y el corazón pesado. Por unos segundos olvidé todo lo que había pasado, pero la realidad regresó como una ola fría.
Ya no estoy con él.
Me senté en la cama y respiré profundo. Afuera se escuchaban los sonidos normales del día: un carro pasando, un perro ladrando, el ruido de una puerta cerrandose. La vida seguía... aunque yo sintiera que la mia se había detenido.
Me levanté y caminé a la cocina.
Ahí estaba Camila mi mejor amiga,de espaldas, moviendo una cuchara dentro de una taza. Llevaba una camiseta grande y el cabello recogido en un moño improvisado.
-Buenos días- dijo sin mirarme- o lo mas parecido a buenos días.
No pude evitar sonreír un poco.
-Gracias por quedarte-.respondí en voz baja.
Ella se giró y me extendió una taza de café caliente.
-El café no arregla lavida, pero ayuda a pensar mejor-dijo.
Tomé la taza entre mis manos. El calor se sintió reconfortante, como si por un momento pudiera calmar el frío que llevaba por dentro. Me senté en la silla y miré el vapor que salía del café.
-Borre la conversación- le confesé, ella levantó las cejas sorprendida.
-¿De verdad?- Asentí lentamente.
-Sí... y dolió.- Se sentó frente a mi y me miró conn seriedad, pero también con orgullo.
-Eso fue valiente-. Sus palabras me hicierón pensar. Nunca había visto esa desición como algo valiente. Para mi solo había sido un acto desesperado, una forma de no seguir lastimándome.
Hubo un silencio breve. Uno de esos silencios que no incomodan, sino que ayudan a ordenar los pensamientos.
-¿Y ahora que vas hacer?- preguntó finalmente.
Esa pregunta me tomó por sorpresa.
No lo sabía.
Durante tanto tiempo había vivido pensando en nosotros, enb la relación, en el futuro juntos... que nunca me detuve a pensar en mí sola. En lo que yo quería, en lo que yo necesitaba.
Miré mi taza de café.
Respiré profundo.
-No sé- respondí con honestidad- pero sé que no quiero seguir sintiendome así.
Camila asintió lentamente.
-Entoces ese es el primer paso- la miré confundida.
-¿Cuál?- sonrió.
-Decidir que mereces algo mejor.
Sus palabras se quedaron resonando en mi mente. Por primera vez desde la ruptura, sentí algo diferente al dolor. Sentí claridad.
Tal vez no tenía todas las respuestas.
Tal vez todavía iba a llorar muchas veces.
Tal vez el proceso sería largo.
Pero en ese momento entendí que las desiciones pequeñas también cambian la vida. Y esa mañana con una taza de café en las manos y lágrimas todavía frescas en los ojos, tomé la primera desición real después de la ruptura. Comenzar a pensar en mí.