No penséque algo tan pequeño pudiera sentirse tan dificil.
Era solo un botón.
Un simple botón en la pantalla del celular... pero también era una desición que pesaba más de lo que imaginaba. Pasé toda la mañana intentando distraerme, limpié la casa, acomodé la ropa, revisé mensajes que no tenían que ver con Daniel. Pero mi mente seguia regresando al mismo lugar.
A su nombre.
A su número.
A la posibilidad de que en cualquier momento apareciera un menssqaje diciendo:
''Lo siento''.
''Me equivoqué''.
''Podemos intentarlo otra vez''.
Una parte de mí deseaba leer esas palabras, la otra parte sabía que probablemente nunca llegarian.
Me senté en el sofá con el celular en la mano. Lo desbloqueé, entré a la lista de contactos y busqué su nombre. Ahí estaba, como siempre, ocupando un espacio que todavía no estaba lista para soltar.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
-Esto es por tu paz- me dije en voz baja.
Respiré profundo.
Presioné su nombre.
La pantalla mostró varias opciones, llamar, enviar mensaje, editar contacto... y finalmente, esa que parecía tan definitiva.
Bloquear.
Mis dedos se quedarón suspendidos en el aire. En ese momento recordé todas las veces que había vuelto después de una discución, todas las oportunidades que dí, todas las promesas que creí. Recordé las noches esperando una llamada, los días justificando comportamientos que en el fondo sabía que no estaban bien.
Y también recordé algo más:
El dolor.
Ese dolor que me hizo llorar en silencio, que me quitó la tranquilidad y que me hizo dudar de mi misma.
Cerré los ojos por un segundo.
-No es castigo-susurré- es protección.
Entonces lo hice.
Presioné el botón.
La panatlla volvió a preguntar: ¿Estas segura que deseas bloquear este contacto?
Sentí un nudo en la garganta.
Sí, dolia.
Sí, daba miedo.
Sí, parecia definitivo.
Pero también se sentía necesario.
Abrí los ojos
Y presioné sí.
El silencio lleno la habitación
No pasó nada espectacular. No hubo música dramática ni un cambio inmediato en mi vida. Todo se quedó igual: la sala, el sofá, el celular en mis manos.
Pero por dentro... algo cambió, sentí una mezcla extraña de tristeza y alivio. Era como cerrar una puerta que había permanecido abierta demasiado tiempo.
A veces, para sanar, no basta con olvidar. También hay que poner límites.
Y bloquear no significa que deje de sentir. Significa que por primera vez estaba eligiendome a mi.