Entre Sombras

PROLOGO

Las sombras cada vez se acercan más. Al principio se alejaban, como si me tuvieran miedo. Yo solo veía sus largas garras y sus bocas podridas antes de despertarme gritando. Ahora no necesito estar dormida para verlas. Me siguen por el patio de juegos, el comedor, la habitación, donde quiera que esté. Siempre susurrando cosas que no comprendo, pero de algo estoy segura. Hablan de la muerte. 

***

No, no, no. No te acerques. Aléjate de mi. 

Una gran sombra con tentáculos se acerca a mi. Sé que me quiere matar, lo miro en sus ojos. 

Por favor, no. Empiezo a llorar. Nunca había visto tanto odio dirigido a mi. Normalmente no era así. 

No me mates. 

La sombra comienza a hablar. Me dice algo, pero no lo comprendo. Se acerca más y más. Huele muy feo. Sus ojos son rojos. 

Su boca se ensancha. Se prepara para morder. 

Me encojo y lloro. Mi cuerpo tiembla muy fuerte. 

La sombra me agarra del cuello y habla. Esta vez si le entiendo. 

Muere, hija de... 

Y entonces, grito. 

— Despierta — Me sacuden — Es solo una pesadilla ¡Despierta!

Abro los ojos y encuentro frente a mi a Sor Martina. Tiene los ojos muy abiertos y su cara contraída por el miedo. Suelta un suspiro y me acompaña hasta mi cama. Estaba sentada en un rincón de la gran habitación que comparto con las otras niñas. Las busco con mis ojos empañados en lágrimas y las encuentro aterrorizadas en la puerta. Se agarran las unas a las otras como si fueran salvavidas. Mis gritos debieron asustarlas otra vez. 

— ¡Vamos niñas! — Exclama una monjita desde la puerta— ¡A las camas!

Las niñas se dirigen hasta sus camas, pero no sin antes mirarme con temor. 

—Tiene al diablo —Murmura una pequeña con un oso de peluche entre sus manos cuando pasa junto a mi cama. 

— Acá solo está Dios — La regaña Sor Martina. La niña baja la cabeza avergonzada y sigue su camino.

Cuando todas están en sus camas Sor Martina se acerca y me susurra en el oído: —Es hora de que te vayas, mi niña. Te quiero —Me besa en la frente y se va. No entiendo lo que me quiere decir e intento respirar con normalidad aún con miedo de que vuelva a reaparecer la sombra. 

No puedo quedarme dormida. No después de lo que vi. Juego como siempre cuando estoy asustada. Imagino una vida en la que tengo una familia que me quiere y me cree cuando les digo que las sombras me persiguen. Mi mamá hace torta de banano, porque sabe que me encanta. Mi papá me cuenta historias sobre las aventuras que vivió cuando tenía mi edad. Tenemos una perrita llamada Sarina y a ella le encanta jugar a la pelota conmigo. Vemos la televisión todos juntos acurrucados en el sofá mientras comemos palomitas. Cuando tengo pesadillas, puedo dormir con ellos en su cama. Mi mami me abraza y mi papi susurra que solo fue un sueño mientras me aparta el cabello de la cara. Todo estará bien mi Vania.

¿Quién es Vania?

— Bye, nena —Susurran en mi oído.

Lo último que veo antes de caer dormida es una mano enguantada apartando mi cobija. 

— ¿Estás bien? —Me pregunta una enfermera sosteniendo un algodón bajo mi nariz        

— ¿Estás bien? —Me pregunta una enfermera sosteniendo un algodón bajo mi nariz.

—Quiero vomitar —Me quejo tocando mi estomago. El mundo da vueltas y veo como la enfermera se mueve como una gran ola. Estoy en una pequeña habitación con estanderías llenas de medicamentos, una camilla y algunas maquinas que no entiendo para que funcionan.—¿Donde estoy?

—Tranquila, ya pasará. —Ilumina mis ojos con una linternita y asiente con aprobación. —Todo estará bien. 

En ese momento se abre la puerta y entra una señora muy alta con la cara fruncida empuñando un cuchillo. 

Retrocedo asustada en la camilla y choco con la pared. La enfermera se da la vuelta ignorando mi cara de terror y sale de la habitación. La mujer con el cuchillo avanza y acerca una silla para sentarse frente a mi. 

—Te haré la primera prueba. Dependiendo del resultado, te quedas o te vas. 

—¿Por qué me deben hacer una prueba? —Pregunto temblorosa. No estoy enferma y no puedo dejar de mirar el gran cuchillo que sostiene la señora. 

—Me han dicho que te persiguen las sombras. ¿Es cierto?

Abro los ojos sorprendida. Nunca nadie me había creído. Tal vez tengo salvación. Quizás esta señora me podría ayudar. 

Asiento mirando esperanzada a la mujer frente a mi. —Si señora. 

—Bueno, pues lo comprobaremos. —Y a una velocidad imposible de seguir, me hace un corte en el brazo con el cuchillo. 

Suelto un chillido y retrocedo con los brazos en alto. —¡Me has cortado! 

Estoy en shock y no puedo pensar, solo actúo. Salto sobre la señora, pero antes de llegar a ella, ya me ha derribado. Me falta el aire mientras me aplasta contra el suelo. Examina el brazo que acaba de herir y observa como este empieza a sanar. De inmediato deja de salir sangre y cicatriza frente a nuestros ojos. Suelto una exclamación sorprendida.

La señora asiente de manera aprobadora. —Mi nombre es Artemisa, soy tu Alta fall. —Me deja levantar del suelo.—Bienvenida a la academia. 



 

 




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