Entre sombras y deseo

CAPITULO N°14

★SARA VILLALOV★

Despierto sin aire, como si alguien hubiera apagado el mundo mientras dormía. El fuego se apodera de la habitación: no ilumina, devora. Las llamas no queman la piel, queman la memoria. Entre el humo aparece una silueta femenina. Grita mi nombre con una urgencia que duele, No lo dice: lo desgarra. Su voz suena rota, desesperada, cargada de un dolor que no entiendo pero que mi cuerpo reconoce. Corro hacia ella sin pensarlo, con el corazón desbocado, sintiendo que si no llego a tiempo algo irreversible ocurrirá.
No logro ver su rostro. Nunca puedo.
Un estruendo brutal sacude el lugar. El suelo tiembla. La silueta cae frente a mí, como si el mundo la hubiera soltado.

Despierto de golpe.
El pecho me duele, el cuerpo empapado en sudor, el corazón golpeando tan fuerte que creo que va a romperme por dentro. Tardo varios segundos en entender dónde estoy.
Mi habitación.
Mi cama.
La oscuridad tranquila de la
madrugada.
Otra vez ese sueño.
Siempre igual. Siempre incompleto. Se disuelve apenas despierto, como si alguien borrara las huellas antes de que pueda seguirlas. Pero la silueta... ella permanece. Clavada en algún rincón de mi mente al que no tengo acceso.

—Es solo un sueño, Sara —me digo en voz baja—No significa nada.

Me llevo la mano al rostro.
Mis dedos tiemblan. Están mojados.
Estoy llorando.
No sé desde cuándo, no sé por qué. Una presión extraña me oprime el pecho, como si hubiera olvidado algo importante... algo terrible.
No sé por qué.
No sé qué perdí.
No sé a quién.
Intento recordar, obligarme a hacerlo, pero mi mente se cierra. Solo queda la sensación de haber fallado. De haber abandonado a alguien que gritaba mi nombre.
Mi cuerpo tiembla como si todo eso hubiera sido real.
Pero no lo fue.
No puede haberlo sido.
Me recuesto de nuevo, abrazando la almohada como si me protegiera de mí misma. El sueño tarda en volver. Cuando lo hace, no es profundo.
A la mañana siguiente me levanto agotada. El agua caliente de la ducha resbala por mi piel, pero no logra llevarse la inquietud. No dormí bien, pero es domingo y eso lo hace soportable.
decido ir a la librería. Necesito más libros para mi nueva biblioteca... esa que descaradamente le robé a Adrián. Pensar en él suaviza algo dentro de mí.
El recuerdo de aquel beso vuelve sin permiso. La forma en que me sostuvo. La seguridad en sus manos. Mis mejillas arden.
—Adrián besa de puta madre—

Aquella noche no quise dormir con él, aunque lo deseaba. Tenía miedo de que algo cambiara. De que cruzáramos una línea que no pudiera deshacer. En lo más profundo, deseo que mi primera vez sea con él, pero otra parte de mí -más rota, más cautelosa- me susurra que todavía no estoy lista.
Adrián nunca me presiona. Me observa. Me cuida. Me da espacio sin alejarse. Sabe cómo estar cerca sin invadirme, cómo hacerme sentir segura incluso aunque él sea el peligro en persona.

Jamás me había sentido así con un hombre... y eso me aterra.
Porque empiezo a importarle.
Y él empieza a importarme demasiado.
Necesito conocerlo más. Saber quién es cuando no me besa, cuando no me mira como si yo fuera su punto débil. Necesito detalles simples: su cumpleaños, su color favorito, esas cosas absurdas que en realidad dicen mucho.

Irina quedo en ir conmigo a la librería. Nos veremos en The Lab Coffee, está un poco lejos, pero es un punto medio entre donde vive ella y dónde vivo yo.

Bajo rápido las escaleras y encuentro al chófer.

—Buenos días, Cristian. ¿Puedes llevarme a The Lab Coffee?—digo mientras busco mi celular en el bolso.

—Claro que sí, señora.

Me acomodo en el asiento trasero. El auto se pone en marcha. Saco el celular y le escribo a Adrián.

>SARA: Hola. No te vi esta mañana. ¿Dónde estabas? Iré a comprar algunas cosas.
10:11a.m

La respuesta aparece casi de inmediato.

< ADRIÁN: Está bien, reina. Cuídate. Nos vemos más tarde. Y no llegues tarde... o mataré al chófer por no traerte a tiempo.
Estás advertida.
10:12 a.m

Frunzo el ceño, pero sonrío.

>SARA: Estás loco, no me tardaré. ¿Pero por qué me llamas reina?
10:13 a.m

<ADRIÁN:Porque lo
eres, Te amo, mi reina ❤️
10:13 a.m

Mi corazón se encoge de una forma peligrosa.

¿Cómo alguien como Adrián puede ser amenaza y ternura al mismo tiempo?

Solo espero que este Adrián -el que me llama reina, el que me cuida y me desea, el que me llama reina y dice que me ama, sea solo mío.
Porque no estoy segura de sobrevivir si tengo que compartirlo.

---

Media hora después llego al lugar. El auto se detiene con suavidad y Cristian baja primero; me abre la puerta con la formalidad de siempre. Le doy las gracias con una leve sonrisa, esa que uso cuando quiero parecer tranquila aunque por dentro todo esté revuelto.

A lo lejos veo a Irina sentada en una mesa junto a la ventana. Sostiene su taza de café con ambas manos, observando distraída a la gente pasar, como si no tuviera prisa por nada ni por nadie.

—Perdón por la tardanza —digo al sentarme frente a ella.

Irina levanta la mirada y sonríe con calidez.

—Hola, Sara. No te preocupes, yo llegué antes de lo acordado.

Reímos. Pido un café americano y dejamos que la conversación fluya entre comentarios sin importancia, risas suaves y silencios cómodos. Hablamos de cosas sin sentido, como si ambas estuviéramos evitando tocar algo más profundo.

—Entonces... ¿sí vamos a la librería? —pregunta Irina con una sonrisa burlona.

Parpadeo, sorprendida.

—Sí, claro... lo olvidé por completo.
—Vamos antes de que se haga más tarde.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.