Entre sombras y deseo

CAPITULO N°15

DESCONOSIDO

—Pronto, señor. Solo es cuestión de paciencia.

La palabra me quema por dentro.

—¿Paciencia? —repito despacio, antes de estallar—¡Eso es exactamente lo que no tengo!

Golpeo el escritorio con furia y todo lo que está encima sale volando. El vidrio estalla contra la pared. El silencio que queda es espeso, incómodo.

—¿No entienden que esto ya se salió de control? —gruño— Cada minuto que pasa, alguien más sabe demasiado.

—No es motivo para perder la calma -dice Iván, midiendo cada palabra—Esto se arreglará cuando Sara vuelva a usted.

Me acerco a él lentamente.

—¿De verdad eres tan ingenuo? —mi voz baja. — Adrián ya sabe que yo maté a los padres de Sara, eso no es un rumor, es una puta sentencia para esta maldita organización rusa.
¿Sabes lo que eso significa?
Que todos están moviendo piezas... menos nosotros.

—Señor...

—¡No entiendes ni mierda, Iván
Iván guarda silencio.

—Los chinos ya están rastreando otra vez —continúo —No por dinero, o tal vez si, no estoy seguro y eso es otra cosa que me jode la puta existencia.

—Y Adrián... —sonrío sin humor— Adrián ya empezó a mover fichas antes de que yo pudiera terminar de acomodar las mías.

No le tengo miedo a Adrián. Al contrario, muero por tenerlo frente a frente. Pero no así. No cuando él va un paso adelante.
Mi plan era simple: Enfrentarlo en su cumpleaños, un mensaje claro. Un final definitivo.
Pero alguien habló, Y todo se fue a la mierda.

El traidor ya está muerto, enterrado lo suficientemente hondo como para volver a cometer errores. Aun así, el daño está hecho. Siempre hay otro dispuesto a vender información.

17 de noviembre.
Trece días.
Trece malditos días para acelerar todo antes de que Adrián cierre el círculo.
Sara es el punto débil de todos.
Los chinos la quieren, Adrián la protege.
Y yo...
Yo no puedo permitir que nadie la toque, a menos que sea yo.
Esos imbéciles quieren tomarla otra vez, pero eso no va a pasar.
Ya lo hicieron una vez
No volverá a pasar.

Planeé sacarla este fin de semana, pero el muy hijo de puta rodeó su mansión con casi doscientos hombres.
Adrián convirtió su mansión en una fortaleza.
rutas cerradas, vigilancia constante.
Él sabe que voy por ella.
Y eso me enfurece más que cualquier otra cosa.
Adrián cree que puede esconderla de mí, cree que puede protegerla de mí... cuando Sara me pertenece, cuando no entiende que ella siempre ha sido parte de esto.
Desde antes de que pudiera decidir.
Así lo decidieron sus padres cuando nació.
Así fue siempre.
Así será.
Aunque esos bastardos me hayan traicionado, Sara sigue siendo mía.
Y ahora, más que nunca, no pienso soltarla.

Voy directo al aeropuerto, cambio de país, cambio de escenario.
Estados Unidos otra vez. Esta vez para ejecutar el plan antes de que todo termine de salirse de mis manos... aunque ya lo esté.

Subo a mi jet privado y me detengo en seco, hay una mujer sentada en mi asiento.

Cabello café, ojos del mismo color, postura tranquila, demasiado tranquila.

—¿Quién eres? —pregunto— ¿Y cómo entraste aquí?

Ella se levanta despacio, no da explicaciones innecesarias.

—Mi nombre no importa —dice —Importa que tenemos el mismo problema.

La observo con atención, no parpadea. No baja la mirada.

—Habla.

—Tú quieres derribar un imperio —continúa—Yo quiero ver el mundo sangrar un poco.

Arqueo una ceja.

—Eso no es una razón considerable.

—Lo es cuando sé cosas que tú no —responde— Rutas, nombres, errores que otros creen enterrados.

Guardo silencio, la dejo hablar.

—No me interesa el poder —añade.

—No quiero dinero, solo quiero sangre.

No dice de quién.
No hace falta.

—¿Y qué esperas de mí? —pregunto al fin.

—Protección mientras todo arde —dice—Y cuando termine... cada uno toma lo que vino a buscar.

La miro unos segundos más.
Evalúo riesgos, beneficios y traiciones posibles.

—Si juegas sucio conmigo... —empiezo.

—Moriré —interrumpe—Lo sé, por eso no lo haré.

Sonrío despacio.

—Bien —digo— Entonces tenemos un acuerdo.

Ella devuelve la sonrisa, no es amable, es peligrosa.
El jet despega.
Y esta vez, no hay marcha atrás.

★ADRIÁN NAVARRO★

Por fin encontraron a Kang.
Me avisaron hace menos de una hora. No opuso resistencia. Estaba armado, sí, pero solo. Pensó que eso lo haría fuerte. Fue un error. Para los míos, fue pan comido.

Me dirijo al lugar donde lo retuvieron:
La cripta, no es más que una casa de dos pisos, pequeña pero ligeramente elegante, con jardines manicurizados y árboles que ocultan sus bordes.
Quien la vea no imaginaría las atrocidades que se tejen ahí dentro: rutas de tráfico, interrogatorios sin fin, sangre que se filtra por los tabiques. Está ubicada fuera de la ciudad, como todos los lugares de mi organización-invisibles en los mapas. No es cobardía; es estrategia, sobrevivir en este mundo requiere estar más allá del ojo público.
Desde fuera parece el refugio perfecto para una familia tranquila, alguien que ama la paz...
Nadie imaginaría lo que sucede tras esas paredes.

Subo a mi moto.
La Yamaha R6 me espera, negra como una promesa rota, el cuerpo afilado y agresivo, diseñada para devorar el asfalto con la misma facilidad con la que yo destruyo voluntades. El motor ruge bajo mis manos, grave, amenazante, como una bestia contenida. No es solo una máquina; es extensión de mí, de mi violencia controlada. En la noche, su silueta es un presagio, En la mafia, es mi arma tan peligrosa como cualquier cuchillo.

Me coloco el casco. Arranco.
La carretera se abre frente a mí mientras la velocidad borra cualquier pensamiento inútil. Solo hay una cosa en mi cabeza: Sara Villalov. Y cualquiera que la vea como mercancía, deja de ser humano para mí.




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