Entre sombras y deseo

CAPÍTULO N°17

★SARA VILLALOV★

Después de decir eso, me abraza. No es un abrazo dulce ni tímido; es firme, envolvente, como si tuviera que recordarle al mundo que estoy con él. Sus brazos me cierran contra su pecho y yo me dejo ir, apoyando la frente en su clavícula. Siempre hace eso: no pregunta, solo me toma… y yo nunca me quejo.

Subimos al auto y el camino hasta la mansión pasa rápido. Hay silencio pero no incomodo.

—¿Vemos una película? —propongo apenas entramos.

Él me mira de reojo y sonríe de lado. Esa sonrisa que significa "algo se me ocurre."

—Buena idea, pero…

—Vas a trabajar —lo interrumpo, ya resignada—. Tranquilo, entiendo.

—No —dice—. Pensaba en leer contigo. O tú lees y yo escucho.

Parpadeo, sorprendida.

—¿Tú? ¿Leer? —pregunto—. ¿No estás muy ocupado siendo intimidante?

—Solo a tiempo parcial —responde
—Para ti tengo todo el tiempo del mundo.

Me río, incrédula. Él no se ríe conmigo, solo me observa, como si mi risa fuera algo que quisiera memorizar.

—¿Eres así con todas? —digo en broma, cruzándome de brazos.

—No —responde sin dudar—. Ninguna otra merece mi atención.
Siento un calor extraño en el pecho.

—Ajá… Está bien. Pero tú lees conmigo, nada de fingir.

Adrián suelta una risa baja.

—No prometo nada —dice—. Pero acepto.

ADRIÁN NAVARRO★

Estamos en la biblioteca. Nuestra biblioteca. La que decoramos juntos.
Sara lee, yo finjo hacerlo.
La observo. Mucho. Demasiado.
Sus ojos verdes recorren las páginas con una concentración casi hipnótica. Frunce el ceño cuando algo no le cuadra, sonríe cuando le gusta una frase, y a veces murmura palabras en voz baja, como si el libro fuera el único que está en la habitación.

Ella eligió un libro cuya portada muestra una corona negra suspendida entre llamas intensas, rodeada por tonos rojos profundos y sombras oscuras. El fuego se mezcla con rosas negras que aparecen a los lados, creando un contraste entre elegancia y peligro. El fondo está cubierto de brasas y humo, dando una sensación ardiente y oscura. El título resalta en el centro con letras grandes y estilizadas, destacándose sobre el caos de fuego y sombras. Häel — Lizbeth R. C.

Yo tomé uno cualquiera. No lo leo, pero paso páginas de vez en cuando para mantener la mentira con vida.

—¿Vas a leer de verdad? —pregunta sin mirarme—. ¿O solo estás usando el libro como excusa para observarme?—Esta vez sí me mira.

—No te estoy mirando —miento con descaro, pasando una página al azar.

—Ajá… mentiroso.

Me río para mis adentros.

—. ¿De qué trata? —pregunta

—¿Qué cosa?

—Lo que estás leyendo

—No te daré spoilers.

—Es un resumen.

—Un spoiler.

—Un resumen.

—Un spoiler.

—Adrián… —frunce el ceño y se cruza de brazos.

—Sara… —respondo, disfrutando demasiado verla molesta. Es peligrosamente fácil provocarla.—Estoy leyendo —digo, serio.

—Claro. ¿Qué dice entonces?

—Cosas —digo—. Palabras, letras organizadas.

—Eres un pésimo mentiroso.

—No miento —defiendo—. Solo… edito la verdad.

—Adrián… —se levanta y se planta frente a mí—Si no quieres leer, dilo. No me gusta que hagas cosas que te aburren solo por mí. Podríamos haber visto una película... O cualquier otra cosa.—Suspira, pero sonríe. Eso me salva.

Tiene razón. Y eso es molesto.
Ahí está. El problema.
Nunca nadie me ha pedido explicaciones. Nunca me ha importado darlas. Pero ella… ella es distinta.

No es fácil de engañar. No le gustan las mentiras. A mí tampoco. Esta es piadosa, pero sigue siendo una mentira.

¿Cómo le explico que me entretiene más leerla a ella que leer un libro sobre un amor perfecto y falso? Un amor sin errores, sin sombras, sin cicatrices. Nada real.

Nunca fui el hombre tierno. Ante el mundo soy el frío, el peligroso, el que no siente. Y prefiero que así siga siendo… excepto con ella.
Con Sara estoy dejando salir algo que creí inexistente.

Nunca me han importado las explicaciones, pero con Sara no puedo simplemente callar. Ella no acepta silencios cómodos ni mentiras bonitas.

—No me aburre —digo— El problema es que el libro compite contigo… y pierde.

Ella arquea una ceja.

—¿Eso fue un halago o una amenaza?

—Ambas.

Cierro el libro y lo dejo a un lado.

—No es que no me guste leer contigo —continuo—Es que me gusta más leerte a ti. —Mi voz sale grave, firme.
—Eres un libro difícil de entender, difícil de amar… pero imposible de soltar. Y vale la pena cada página. Eres mi adicción literaria.

Ella sonríe. Esa sonrisa cálida, sincera, la que me desarma sin esfuerzo. La que jamás me cansaré de provocar.

—¿Me acabas de llamar problemática?

—Con cariño.

Se ríe, negando con la cabeza.
La tomo de la cintura y la atraigo hacia mí sin pedir permiso. Ella se deja llevar, se sienta en mi regazo y apoya la cabeza en mi cuello, como si supiera que ahí está a salvo…
Paso una mano por su cabello, lento, posesivo. La otra descansa en su cintura, marcando territorio.

—Eres consciente de que me estás usando como almohada, ¿verdad? —murmuro.

—Cállate —susurra—. No arruines el momento.

Obedezco. Solo esta vez.
Su respiración se vuelve lenta. Se queda dormida ahí, confiada, tranquila… como si no estuviera sentada sobre el pecho de un hombre que sería capaz de incendiar el mundo por ella.
Confía en mí de una forma que me quema por dentro.

Me levanto con cuidado, cargándola como si fuera algo frágil y sagrado a la vez. la cargo y la llevo a su habitación. La dejo en la cama, la cubro y me quedo mirándola un segundo más.

—Descansa —murmuro— Mañana sigo leyendo… pero a ti.

Luego salgo en silencio y voy a mi habitación, sabiendo una sola cosa con absoluta certeza:
Sara no es solo mía… pero nadie más volverá a tenerla como yo..




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