Ya se fue el amor,
solo me quedan el odio y el rencor,
como cenizas de un fuego
que un día brilló con fervor.
Quedaron palabras perdidas
vagando por mi habitación,
ecos de promesas rotas
que hirieron al corazón.
El tiempo avanza en silencio,
llevándose el dolor.
Aunque hoy pesen las sombras,
no siempre reinará el rencor.
Porque incluso tras la tormenta,
cuando parece no haber color,
puede nacer una nueva esperanza
donde antes habitó el amor.