Abriste la puerta
como si marcharme fuera sencillo,
como si el amor pudiera olvidarse
con un solo paso hacia adelante.
Me ofreciste el cielo,
pero aprendí
que ningún horizonte
se parece a tus ojos.
¿Para qué me das libertad,
si yo prefiero estar preso de ti?
Hay cadenas que no pesan,
porque están hechas de abrazos,
de recuerdos
y de todo aquello
que nunca quise perder.
Dicen que amar
es dejar ir,
pero nadie habla del vacío
que deja una mano
cuando suelta la otra.
Podría escapar,
podría borrar tu nombre del viento,
pero mi corazón
siempre encuentra
el camino de regreso.
Porque la peor cárcel
no tiene barrotes;
tiene tu ausencia.
Y, aun con la puerta abierta,
sigo eligiendo quedarme
donde alguna vez fui feliz